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José Mourinho regresa al Real Madrid: un nuevo desafío en La Liga

Hace casi 15 años, José Mourinho se presentó en el banquillo del Real Madrid con un encargo claro: derribar a un Barcelona campeón del mundo, dominador de la Liga y con la bandera del tiki-taka ondeando por todo el planeta. Hoy, el decorado ha cambiado… pero el reto, en el fondo, es el mismo.

Entonces, España acababa de proclamarse campeona del mundo con un gol en la prórroga marcado por un jugador del Barça ante un rival reducido a diez que había intentado cazar a patadas a los artistas. Hoy, de nuevo, Mourinho aterriza para intentar tumbar a un Barcelona que llega encadenando dos Ligas seguidas. Y, otra vez, con un vestuario repleto de talento de primer nivel.

Florentino, Mourinho y una promesa electoral

Hay otra constante en este regreso: Florentino Pérez. El presidente, a sus 79 años, ha hecho de este retorno una cuestión personal. Tras el intento fallido del verano pasado, cuando José Ángel Sánchez empujó por Xabi Alonso y el experimento se desplomó en enero, Florentino tomó el mando.

Prometió que Mourinho volvería si era reelegido en las elecciones anticipadas de junio. Cumplió. El anuncio, fiel al estilo de la casa, llegó en el primer día del Mundial, un golpe de efecto global. El hombre que firmó una Liga de 100 puntos en su primera etapa regresaba como la apuesta de “ley y orden” para un club que había perdido el control del relato y del vestuario.

Jorge Valdano, que convivió con él en aquel primer ciclo, lo resumió con una frase que retrata bien el contexto: “Han pasado casi 15 años: el fútbol ya no es el mismo, la sociedad no es la misma, Florentino ya no es el mismo, y Mourinho desde luego tampoco”.

Pero cuando el caos se instala, el club vuelve a mirar al mismo sitio.

De la bronca en el vestuario al vacío en la vitrina

La temporada pasada fue una caída a plomo. Ni el despido de Alonso ni la llegada de Álvaro Arbeloa lograron frenar la deriva. En mayo, la imagen del curso: Federico Valverde acabó en el hospital, con puntos de sutura, tras una pelea con Aurélien Tchouaméni. Días después, el Madrid entregó la Liga en el clásico y cerró el año sin un solo título.

Fuera del campo, el ruido era ensordecedor. Una petición en internet para que Kylian Mbappé se marchara del club alcanzó los 30 millones de firmas. El futuro de Vinícius Júnior, con solo un año de contrato por delante, se convirtió en un culebrón permanente. El proyecto se tambaleaba.

De ahí que Mourinho apareciera como el candidato del orden. El técnico que no tiembla ante las decisiones impopulares, el que se siente cómodo en el conflicto, el que convierte el “o yo o ellos” en combustible competitivo.

Un verano sin focos… y con Netflix

No todo ha salido perfecto en el mercado. Un intento de 129 millones de libras por Julián Álvarez fue rechazado por Atlético de Madrid. Barcelona, mientras tanto, se ha colocado en mejor posición para fichar a Rodri desde Manchester City. Pero, por primera vez en meses, el Madrid se ha movido con calma.

Mourinho empezó a trabajar un mes antes de que su contrato entrara en vigor. No hubo presentación multitudinaria, ni rueda de prensa maratoniana. Solo una entrevista seca para los medios del club, con una frase que marca su discurso: “No se trata de trabajar en el Real Madrid, se trata de trabajar para el Real Madrid”.

Las grandes frases, esta vez, se reservan para su nuevo documental de Netflix. El verano blanco no ha tenido gira planetaria, sino amistosos discretos por Europa. Menos marketing, más vestuario.

El movimiento clave, sin embargo, llegó desde dentro: Vinícius firmó una renovación por seis temporadas. El club lo definió como “uno de los jugadores más importantes en uno de los periodos más exitosos de nuestra historia”. El mensaje es nítido: el proyecto pasa por él.

Ahora Mourinho debe encajar a Vinícius, Mbappé y Jude Bellingham en un mismo sistema, sin olvidar al nuevo galáctico: Yan Diomandé, extremo de 115 millones de libras que hace nada jugaba en Leganés B, en la quinta categoría del fútbol español.

Yan Diomandé, del sueño al golpe en el Bernabéu

Diomandé conoce bien el Bernabéu. Debutó con el primer equipo del Leganés allí, en marzo de 2025, con 18 años. “¿Quién debuta con 18 años contra el Real Madrid? Era un sueño. Y luego fue una pesadilla”, escribió este verano en The Players’ Tribune, mientras brillaba con Costa de Marfil en el Mundial.

En ese texto, crudo y desgarrador, hablaba de su hermana Roxane, fallecida a los 15 años tras ser envenenada en una fiesta pocas semanas después de su estreno en La Liga. Ahora aterriza en el Madrid con una historia a cuestas y un precio que le coloca directamente en la primera línea mediática.

Por su banda, en el costado izquierdo, tendrá la ayuda de Marc Cucurella. El lateral, junto a Bernardo Silva, Ibrahima Konaté, Denzel Dumfries y el delantero de 1,93 Carlos Espí, forma parte del grupo de fichajes que, sobre el papel, encajan como un guante con la idea de trabajo de Mourinho.

Aun así, por encima de todas esas estrellas, el foco volverá a perseguir al técnico portugués.

El regreso del protagonista incómodo

El fichaje por el Real Madrid supone una resurrección deportiva que pocos veían venir tras sus últimos pasos por la Premier League y un periplo europeo de resultados irregulares. Su obra más reciente de alto impacto se produjo precisamente contra el Madrid: la clasificación milagrosa del Benfica en la Champions, con aquel gol agónico del portero Anatoliy Trubin.

Esa noche lo devolvió al centro del escenario. No todo lo que vino después fue positivo. Sus declaraciones tras la denuncia de Vinícius contra Gianluca Prestianni, acusado de insultos racistas en aquel Benfica–Madrid, levantaron una tormenta. Kick It Out las calificó como “una forma de gaslighting”. La UEFA terminó sancionando a Prestianni por “conducta homófoba”. Arbeloa, desde la distancia, zanjó con un “Mourinho es Mourinho”.

Con ese trasfondo, el reencuentro con Vinícius era una incógnita. Pero el brasileño bajó la tensión al regresar a la pretemporada: “Ha ido muy bien, conociendo al nuevo entrenador… Mourinho quiere que sea como siempre: feliz, alegre y jugando mi fútbol”.

No hay señales, por ahora, de heridas abiertas.

Viejos conocidos, nuevas historias en La Liga

El regreso de Mourinho no es el único viaje al pasado que ofrece esta Liga. Racing Santander vuelve a Primera por primera vez desde 2012 y lo hace abrazando a uno de sus hijos pródigos: Sergio Canales, hoy con 35 años, que se marchó precisamente al Real Madrid de Mourinho en aquel verano de 2010. “Todavía me cuesta creer que esto sea real”, confesó hace unas semanas.

Deportivo y Málaga también reaparecen en la élite tras haber caído incluso a la tercera categoría. En A Coruña, el gran golpe mediático lleva nombre ilustre: Pierre-Emerick Aubameyang, a sus 37 años, como fichaje estrella.

En la capital, el otro lado del Manzanares presenta continuidad y ruptura al mismo tiempo. Diego Simeone afronta su 15ª temporada completa al mando del Atlético. Sin Antoine Griezmann, el club ha rearmado la plantilla con inversiones importantes, entre ellas la llegada de Lee Kang-in desde Paris Saint-Germain y la entrega de un símbolo: el dorsal 7 que lucía el francés.

Manuel Pellegrini, el hombre al que Mourinho sucedió en su primera etapa en el Bernabéu, sigue al frente del Real Betis. Villarreal, quinto representante español en la Champions, ha apostado por Iñigo Pérez tras su notable trabajo en Rayo Vallecano.

En el norte, Pellegrino Matarazzo, técnico estadounidense de la Real Sociedad, intentará dar continuidad al impulso que supuso la conquista de la Copa del Rey en abril. En Bilbao, el banquillo del Athletic Club vuelve a hablar alemán por primera vez desde Jupp Heynckes en 2003. El propio Heynckes le dejó una frase al nuevo entrenador, Edin Terzic, que define el club: “Athletic es el único club donde un apretón de manos es más importante que una firma”.

Barcelona, el campeón al que hay que destronar

Y, mientras tanto, Barcelona observa todo este movimiento desde la cima. Es el campeón y, para muchos, el gran favorito a repetir.

La plantilla, sin embargo, ha cambiado piezas clave. Como Antoine Griezmann, Robert Lewandowski ha hecho las maletas rumbo a la Major League Soccer en Estados Unidos. La salida del polaco deja un hueco evidente en el centro del ataque, mientras Atlético se mantiene firme y no suelta a Julián Álvarez.

En la banda izquierda, Anthony Gordon llega para ocupar el lugar de Marcus Rashford y pelear con un Raphinha tan desequilibrante como frágil físicamente. En la derecha, con todos los respetos para Karim Adeyemi, la jerarquía es indiscutible: Lamine Yamal manda.

El joven no arrasó en el Mundial como muchos esperaban, pero regresó de Estados Unidos con una medalla de campeón del mundo… y con solo 19 años. Si Hansi Flick quiere igualar el registro de Pep Guardiola y encadenar tres Ligas consecutivas, todo apunta a que Yamal volverá a ser el maestro de ceremonias del ataque azulgrana.

El primer clásico de la temporada, en el Camp Nou a finales de octubre, ya aparece subrayado en rojo en todos los calendarios.

Mourinho contra Barcelona. Otra vez. Otra era, otros nombres, las mismas pulsaciones. La pregunta ya no es si está de vuelta. Es cuánto va a cambiar la Liga con él sentado, de nuevo, en el banquillo del Bernabéu.