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Una jornada decisiva en el fútbol

El fútbol se levantó temprano. Desde primera hora, el día olía a decisión, a títulos, a despedidas anticipadas y a oportunidades que quizá no vuelvan.

En St Helens, Liverpool y Brighton se juegan algo más que un pase a la final de la Women’s FA Cup: se disputan el derecho a pisar Wembley por primera vez desde que se levantó el nuevo templo. Para Brighton, sería histórico; su equipo femenino jamás lo ha logrado. El escenario es modesto, el premio gigantesco.

El sol acompaña, aunque el frío muerde en la sombra. En la grada, media docena de enormes banderas rojas, amarillas y blancas de Liverpool se agitan mientras el equipo calienta. Brighton llega lanzado, después de tumbar a Manchester City y empatar con Arsenal. Liverpool, renacido tras Navidad. Es el típico duelo que se niega a un pronóstico claro: dos equipos sin mucho en juego en la liga, volcados en un torneo que puede salvar la temporada.

En la otra semifinal, el cartel es de lujo: Chelsea contra el flamante campeón de la WSL, Manchester City. Wembley espera, pero solo dos lo verán de cerca.

Slot, en el ojo del huracán

A cientos de kilómetros, el debate no se centra en un título, sino en un banquillo. El nombre de Arne Slot no deja de aparecer en las conversaciones de los aficionados de Liverpool. Muchos, al menos los que se dejan oír, ya han dictado sentencia: para ellos, debe irse.

El argumento es duro y directo: pérdida de confianza en tiempo récord, una caída de rendimiento generalizada y una desventaja de 20 puntos en la liga que no admite excusas. Hay quien pide que la decisión se tome pronto, para que un posible nuevo técnico llegue con margen para imponer sus ideas.

Slot, sin embargo, no se esconde. Tras el 1-1 contra Chelsea, con Anfield mostrando su enfado, el técnico aseguró entender los pitos y las críticas, pero se declaró “100% convencido” de que puede recuperar a la grada la próxima temporada, siempre que el club complete el verano que él imagina. Tiene claro lo que falta. Otra cosa es que el entorno le conceda el tiempo para arreglarlo.

En el césped, el partido ante Chelsea dejó un detalle que incendió aún más el ambiente: la sustitución de Rio Ngumoha por Alexander Isak. El joven de 17 años, brillante y asistente en el gol de Ryan Gravenberch —el primero del neerlandés en liga en 2026—, dejó el campo entre abucheos dirigidos al banquillo. Slot explicó que Ngumoha sufría calambres y no podía seguir al máximo. Sabía que el cambio no iba a gustar. Aun así, lo hizo.

Gravenberch también salió en defensa del equipo. Admitió la frustración por no ganar, pero consideró injusta la dureza de la reacción. “Los necesitamos”, vino a decir sobre los aficionados. El problema es que la paciencia en Anfield ya no se mide en partidos, sino en segundos.

El empate dejó a Liverpool cuarto y a Chelsea noveno. Dos gigantes atrapados en temporadas grises.

Tensión en Escocia, locura en Praga

Mientras en Inglaterra se discute el futuro, en Escocia el presente arde. Celtic y Rangers se preparan para otro Old Firm con la tabla de la Scottish Premiership al rojo vivo. Hearts, líderes, llegan a las dos últimas jornadas con al menos un punto de ventaja tras un vibrante empate ante Motherwell en un Fir Park lleno hasta la bandera.

La alineación de Celtic se construye alrededor de nombres como McGregor, Maeda o Tierney. Rangers responde con Butland, Tavernier y compañía. El margen es mínimo, el error, carísimo. El país entero se tensa antes del saque inicial.

En la grada, las emociones se mezclan. Hay neutrales que sueñan con que Hearts culminen una historia improbable, pero que hoy necesitan una victoria de Rangers para mantener vivo el desenlace. El tribalismo del fútbol escocés, más expuesto que nunca.

El descontrol absoluto llegó en otro lugar del mapa. En Praga, el derbi entre Slavia y Sparta terminó en caos. Slavia ganaba 3-2 en el tiempo añadido, con el título de liga checa prácticamente en la mano, cuando cientos de aficionados locales invadieron el campo en el Fortuna Stadium. Barreras superadas, bengalas encendidas, carreras hacia la zona visitante. Algunos artefactos volaron hacia la grada rival. El portero de Sparta, Jakub Surovcik, fue alcanzado por una bengala.

La policía irrumpió para recuperar el control y abrió diligencias por presunto delito de desórdenes. Los jugadores de Sparta abandonaron el estadio escoltados en el autobús del equipo. El árbitro suspendió el encuentro. El título, que parecía decidido, quedó atrapado en el humo de las bengalas.

Un Clásico con título en juego y sin Mbappé

En España, el día también tiene aroma de desenlace. Barcelona recibe a Real Madrid en otro Clásico con la Liga en juego. Un empate les basta a los de Hansi Flick para proclamarse campeones. Un triunfo, directamente, sería la coronación perfecta.

El contexto en el vestuario blanco, sin embargo, ha sido todo menos tranquilo. Fede Valverde y Aurélien Tchouaméni protagonizaron un choque en el entrenamiento del jueves que terminó con el uruguayo en el hospital para recibir puntos en la cabeza. Ambos fueron sancionados con una multa récord de 500.000 euros. Álvaro Arbeloa, el entrenador, salió después en defensa de los dos.

Por si faltara ruido, Kylian Mbappé no figura en la convocatoria para el Clásico. El francés, que arrastra una lesión en los isquiotibiales, se entrenó el viernes con el grupo, pero el cuerpo técnico ha optado por no incluirlo. La delantera queda en manos de Vinícius Júnior, Gonzalo García, Brahim Díaz y Franco Mastantuono.

El día en La Liga se completa con otros duelos: Mallorca contra Villarreal, Athletic Club frente a Valencia y Real Oviedo ante Getafe. Pero todos miran al mismo punto del mapa: el estadio donde Barcelona puede sellar el título ante su eterno rival.

Arsenal, Guardiola y un “Come on you Irons” muy calculado

En la Premier League masculina, la trama principal se escribe en el London Stadium. West Ham, amenazado por el descenso, recibe a un Arsenal que sabe que si gana los tres partidos que le quedan, nadie podrá arrebatarle el título.

Mikel Arteta llega con el impulso de haber metido al equipo en la semifinal de la Champions League ante Atlético de Madrid. Habla de energía, de confianza, de un grupo convencido y con ganas de jugar. El reto ahora es canalizar esa electricidad hacia la liga, empezando por un estadio donde los puntos pesan el doble.

En la otra esquina del ring, Pep Guardiola lanza mensajes. Tras la cómoda victoria de Manchester City ante Brentford, que mantiene a su equipo a dos puntos de Arsenal, el técnico cerró su rueda de prensa con cuatro palabras, cruzando los brazos como el escudo de West Ham: “Come on you Irons”. No fue un chiste inocente, sino un recordatorio sutil: la presión está en el norte de Londres.

West Ham, mientras tanto, se aferra a cualquier estímulo. Tottenham, un punto por encima en la lucha por evitar el descenso antes de su duelo ante Leeds, marca la línea de vida. Un tropiezo hoy podría ser casi definitivo para los de Londres este.

El menú del día se completa con Nottingham Forest contra Newcastle, Crystal Palace ante Everton y Burnley frente a Aston Villa. Cada partido arrastra su propia angustia.

Europa se mueve, el ambiente hierve

En la parte baja de la tabla, Bournemouth se impuso 1-0 a Fulham en Craven Cottage en un duelo con dos expulsiones. Brighton, por su parte, alimentó sus aspiraciones europeas con un contundente 3-0 sobre Wolves en el Amex Stadium. Sunderland frenó a Manchester United con un 0-0 en el Stadium of Light que deja a los de Old Trafford atrapados en la mediocridad.

Mientras tanto, en Londres, el comentario de West Ham al final de una rueda de prensa arranca sonrisas, pero no tapa la realidad: la lucha por la permanencia es tan feroz como la batalla por el título.

Y en medio de todo, una pregunta flota sobre Anfield, sobre el London Stadium, sobre los despachos de los grandes clubes: ¿quién se atreverá a esperar, y quién decidirá que ya no queda tiempo para esperar nada?