Jim McGuinness activa su cuarto año con Donegal
Al final, sí. Jim McGuinness ha activado la opción de un cuarto año al frente de Donegal en su segunda etapa como seleccionador senior del condado. Y nadie en Tír Chonaill se engaña: vuelve porque 2026 le dolió. Mucho.
El día más largo… y el final más extraño
El desenlace del campeonato rozó lo surrealista para Donegal en el día más largo del año. El sol caía a plomo sobre Croke Park, pero sus rayos no parecían llegar al equipo de McGuinness. Lucharon, llevaron a Dublin a la prórroga, se agarraron al partido con uñas y dientes. Michael Murphy, con un dos puntos tardío, les regaló tiempo extra. Pero solo fue eso: un retraso de lo inevitable. Los Dubs se marcharon en el marcador con cierta holgura.
La cámara se clavó en Murphy. La pregunta flotó en el aire: ¿volverá a pisar el césped de Jones’s Road? A sus 37 años, el futuro del icono de Tír Chonaill sigue envuelto en silencio.
Lo más llamativo es que, visto lo hecho por Donegal durante seis meses, su eliminación resultó casi inverosímil. No hace falta ponerse grandilocuente para decir que el final del verano fue un mazazo difícil de encajar.
La derrota en Ulster ante Down se podía aislar, explicarla como “uno de esos días” en los que el condado de Mourne salió al campo convencido de que su tradición pesaba más. El tropiezo en Letterkenny, incluso, tuvo su lectura positiva: evitó un camino provincial lleno de minas. Lo que de verdad importaba estaba por venir. Donegal era, como mínimo, segundo favorito para levantar la Sam Maguire.
Pocos discutían esa etiqueta. El título de liga, conquistado a finales de marzo, había llegado con autoridad. Kerry, mermado por la ausencia de varios habituales, fue zarandeado en Croke Park. David Clifford se quedó en solo dos anotaciones; su gol llegó en los minutos finales, cuando Donegal ya había recogido la escalera.
El mensaje era claro: el grupo de McGuinness quería marcar una nueva pauta y dejar atrás la final de All-Ireland del año anterior, cuando Donegal contempló algo aturdido cómo Paudie Clifford dirigía la orquesta y Kerry ejecutaba la partitura perfecta.
Jimmy responde y aprieta el puño
Después de aquella final, muchos pusieron bajo la lupa la pizarra de McGuinness. ¿Cómo podía haber sido superado tácticamente de esa manera? Él no se escondió. Al inicio del año, replicó con dureza, señalando que solo “un entrenador ganador de All-Ireland o un técnico de primera línea” tenía autoridad para cuestionar su capacidad.
Jimmy salió a pelear.
En mayo, en Killarney, Donegal ganó la batalla y la guerra ante el equipo de Jack O’Connor. Partido tenso, con veneno. McGuinness pareció empujar a Diarmuid O’Connor, Micheál Burns vio la roja y un hombrazo de David Clifford encendió la mecha.
La victoria, contundente, casi quedó en segundo plano. Todo giró alrededor de la entrevista cargada de aristas de McGuinness con Tommy Rooney en Newstalk y del posible castigo por su comportamiento en la banda. Al final, el CCCC entendió que el árbitro había gestionado la situación en el momento. No hubo sanción. McGuinness no siguió el camino de Ger Brennan hacia el cuarto de los “no implicados”.
Antes del fin de semana de Pentecostés, Donegal ya era el gran favorito al título de All-Ireland. Nadie veía fisuras evidentes en sus credenciales.
De favoritos a quedarse sin aire
Y entonces, en dos fines de semana de junio, todo se desmoronó. Sin aviso. Sin red. ¿Fracaso del año? Suena duro, pero la caída fue brutal.
En Ballybofey, Cork llegó al tramo final con más gasolina. Donegal no mostró ni rastro del brío que había destrozado a Kerry. Los Rebels aterrizaron convencidos de que podían “hacer el trabajo”. Tardaron en arrancar, pero cuando lo hicieron dejaron al conjunto local sin respuesta.
Parafraseando a Lady Bracknell: perder contra Down podía considerarse una desgracia; caer de nuevo en casa empezaba a parecer descuido. Si se rasca más hondo, seguro que hay explicaciones tácticas, físicas y mentales. Pero la realidad es que Donegal llegó a Croke Park sin el empuje necesario para dar el siguiente salto.
“Nuestros jugadores se estaban quedando sin gasolina y, viéndolo desde fuera, es un misterio”, admitió Brian McEniff al tratar de descifrar la campaña desde aquella final de liga. Mr Donegal football, tan desconcertado como el resto.
¿Se obsesionó el equipo con contener a Kerry? ¿Les vació demasiado la batalla en Killarney, drenando una adrenalina que habría hecho falta más adelante? El sorteo los cruzó pronto; ahora se pueden maldecir esas manos que revolvieron la urna.
Desde la All-Ireland de 2025, el balance empieza a mostrar más cargos que abonos. Eso escuece a McGuinness, incluso con un título de Division 1 en el bolsillo. Donegal fue magnífico aquel día, como en Killarney. Pero el desplome en otros escenarios resultó alarmante. En un campeonato aplaudido por la calidad del fútbol, Donegal se quedó mirando, sin dejar una huella decisiva.
Un último asalto con cuentas pendientes
Y, sin embargo, Jimmy vuelve. Vuelve con algo que demostrar.
En 2027, su mirada estará, sobre todo, en lo que ocurra después de mayo. La liga ya está en la vitrina. Los títulos de Ulster también. Lo que venga antes servirá para pulir a Shea Malone, Max Campbell, Turlough Carr y Conor MacCahill. El caso Michael Murphy se resolverá con el tiempo, para bien o para mal.
Las casas de apuestas lo tienen claro: Donegal figura como segundo favorito para levantar la Sam Maguire en julio. Mayo ya enseñó este año la gran lección: todo va de elegir bien el momento para apretar el acelerador. Ganar a un gigante en primavera sabe bien, pero no sirve de mucho si en verano te quedas sin aire. Lección aprendida a golpes.
Si este acaba siendo el último año de McGuinness como seleccionador intercondal, querrá ver la columna del debe reducida al mínimo. Frenar los bajones. Poner en el campo un equipo que no se vacíe antes de tiempo en los partidos que definen una era.
La presión será enorme. Pero Jimmy lleva demasiado tiempo en esto como para asustarse ahora.




