Japón desafía a Brasil en el Mundial: una final anticipada
La fase de grupos fue apenas el preludio. Japón ya no habla de sobrevivir, habla de desafiar a un gigante. El lunes, en Houston, la selección de Hajime Moriyasu se jugará el pase a los octavos de final del Mundial ante una Brasil de cinco estrellas, liderada por Vinicius Junior y dirigida por Carlo Ancelotti. Y los japoneses no esconden el plan: vaciarse.
“Tenemos que dar el 120 por ciento contra Brasil”, lanzó el lateral Yukinari Sugawara tras el tenso 1-1 ante Suecia en el estadio de los Dallas Cowboys. “Para lograrlo, tenemos que estar unidos como equipo y como país, y prepararnos con todo lo que tenemos”. No hay margen para la tibieza cuando al otro lado espera la camiseta amarilla más temida del planeta.
De la angustia ante Suecia al reto de Houston
Japón selló el billete a las eliminatorias con sufrimiento. Empate a uno frente a Suecia, segundo puesto del Grupo F por detrás de Países Bajos, y una sensación clara: este equipo sabe caminar por el alambre.
Daizen Maeda abrió el marcador en la segunda parte, un golpe que parecía encarrilar la tarde. Pero la alegría duró poco. Anthony Elanga respondió casi de inmediato con un disparo que Zion Suzuki pudo haber manejado mejor. Desde ahí, el partido se inclinó peligrosamente. Japón terminó defendiendo con uñas y dientes su punto.
Aun así, el vestuario no salió abatido. Al contrario. El recuerdo de las grandes noches recientes sostiene la confianza. “Sabemos que son un equipo fuerte, pero si hacemos las cosas bien, podemos ganar”, aseguró Suzuki, que recordó también la victoria ante Inglaterra en Wembley en la preparación del torneo. Y dejó una frase que resume el sentir de todo el grupo: “Quiero afrontar este partido como si fuera la final”.
Brasil, la favorita… y con cuentas pendientes
Brasil llegará como favorita indiscutible para seguir viva en Norteamérica. Cinco títulos mundiales, una plantilla repleta de talento y un seleccionador acostumbrado a noches grandes como Ancelotti. El decorado parece escrito.
Pero Japón no se ve como simple invitado. Ya ha demostrado que puede morder. En octubre, en un amistoso en casa, se impuso 3-2 a la propia Brasil. Aquella victoria no daba puntos de Mundial, pero dejó una cicatriz competitiva.
Moriyasu sabe que ese antecedente pesa. Y no solo en sus jugadores. “Quizá por ese partido ellos estén aún más motivados”, advirtió el seleccionador. Japón ganó autoestima, Brasil ganó sed de revancha. El choque en Houston no se juega solo sobre el césped; también en la memoria reciente.
“Si perdemos, se acabó”
En el discurso interno ya no hay espacio para cálculos. “De aquí en adelante, si perdemos se acaba todo. Tenemos que subir una marcha más para el próximo partido”, sentenció el veterano defensor Shogo Taniguchi. Es el tono de una selección que ha dejado de conformarse con ser simpática sorpresa.
Japón se ha ganado la etiqueta de tapado del torneo. Un equipo que combina disciplina, ritmo alto y una fe inquebrantable en el colectivo. No presume de estrellas del tamaño de Vinicius Junior, pero sí de una convicción que se ha ido forjando a base de golpes y respuestas.
“No hay escenario más grande”, recordó Sugawara. Y es cierto. Mundial, Brasil enfrente, eliminación directa, un estadio de Estados Unidos como telón de fondo. Todo lo que un futbolista imagina cuando sueña de niño.
La pregunta ya no es si Japón está preparado para este tipo de partidos. La verdadera cuestión es cuánto está dispuesto a arriesgar cuando el árbitro pite el inicio en Houston. Porque para ellos, tal y como repiten en el vestuario, el Mundial empieza ahora. Y lo hará contra el rival más grande posible.



