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Jake O’Brien y el final del vínculo irlandés en el Everton

El ciclo de Jake O’Brien en Everton se acerca al final. El internacional irlandés, fichado como central, se ha pasado dos temporadas encajado en el lateral derecho y ya no quiere seguir sacrificando su posición natural. Con el cierre del mercado a la vuelta de la esquina, su futuro apunta lejos de Goodison Park.

Un central disfrazado de lateral

Everton pagó 17 millones de libras al Lyon en el verano de 2024 por un central dominante. Venía de una campaña brillante en Francia: 32 partidos, cinco goles y un premio a jugador del mes en diciembre, por delante de nombres como Vitinha, Pierre-Emerick Aubameyang, Alexandre Lacazette y Kylian Mbappé. El perfil era claro: zaguero para mandar en el eje.

Sin embargo, su aterrizaje en Liverpool tomó otro rumbo. En su primera temporada fue entrando poco a poco en el equipo y encontró un hueco inesperado: el lateral derecho. Tuvo que cubrir el vacío de un Seamus Coleman veterano y castigado por las lesiones. De emergencia, acabó siendo costumbre.

La historia se repitió el curso pasado. David Moyes volvió a confiar en él como lateral, seducido por su altura, su potencia en el juego aéreo y su rigor defensivo. O’Brien respondió: 40 apariciones, firmeza atrás, duelos ganados, presencia imponente en el área. Un defensa de seis pies y seis pulgadas que intimida en cada balón parado y que, pese a su tamaño, ofrece un arranque de velocidad inesperado.

Pero todo en su manera de jugar grita “central”. Cuerpo, lectura, mentalidad. Y él lo sabe. Rindió en la banda, sí, pero lejos del perfil de lateral moderno, agresivo en ataque y profundo por fuera. Para el Corkman, el papel de bombero en la derecha ha dejado de tener gracia.

Señales desde el banquillo

La primera jornada de la Premier fue un aviso. Everton ganó al Crystal Palace y dejó la portería a cero con James Tarkowski y Jarrad Branthwaite en el eje de la zaga. O’Brien, en el banquillo. A su lado, como únicos defensas suplentes, Michael Keane y Nathan Patterson.

El mensaje se hizo más nítido cuando Moyes eligió a Merlin Röhl, recién llegado y comparado en Alemania con Leon Goretzka por su versatilidad y físico, para ocupar el lateral derecho de inicio. Un recién fichado en “su” puesto improvisado. O’Brien, fuera.

Los clubes de la Premier no han tardado en reaccionar. Con el cierre del mercado el martes a las 23:00, varios equipos ya han llamado a la puerta. Sunderland, Leeds y su antiguo club, Crystal Palace, figuran entre los interesados, junto a opciones en Italia y Francia. El escaparate está abierto.

Un traspaso a estas alturas, sin embargo, dejaría a Everton desnudo en el lateral derecho. Coleman, que se ha dejado ver entrenando con su antiguo club de GAA, Killybegs, sigue sin resolver su futuro profesional tras despedirse de Merseyside el año pasado. Y sustituir su influencia va mucho más allá de encontrar un simple lateral.

El vacío de Coleman y el fin de una era irlandesa

La sombra de Coleman es alargada. Fichado desde Sligo Rovers por menos de 100.000 libras, muchos en Inglaterra lo señalan como uno de los mejores negocios en la historia de la Premier League. 434 partidos con la camiseta del Everton lo avalan. Una ganga convertida en leyenda.

El club le ofreció un puesto en el cuerpo técnico. Lo rechazó. A sus 37 años, con una internacionalidad tan reciente como junio, Coleman quiere exprimir lo que le queda como jugador. Su próximo paso sigue siendo un interrogante, pero su ausencia ya pesa en el vestuario.

Algunos imaginaron un relevo natural: Coleman como mentor, O’Brien como heredero irlandés en la banda derecha. La realidad apunta en otra dirección. Todo indica que la decisión del defensor de Cork es personal: volver al centro de la defensa, aunque eso implique cambiar de club.

Si se consuma su salida, Everton se quedará con un solo internacional irlandés en plantilla: el portero Mark Travers. El guardameta, segundo de Jordan Pickford, mantiene viva una tradición que incluye nombres como Kevin Kilbane, Lee Carsley, Kevin Sheedy, James McCarthy y el propio Coleman, todos con más de 100 partidos en el club.

Travers, en cambio, no disputó ni un solo minuto en Premier League ni en FA Cup la temporada pasada. Solo jugó dos encuentros de Carabao Cup y se encamina a otro año a la sombra de Pickford. La conexión irlandesa, tan profunda en la historia reciente del Everton, se apaga.

Un mercado apretado y una decisión clave

El margen de maniobra es mínimo. El cierre del mercado aprieta y las plantillas empiezan a cerrarse. Angus Kinnear, CEO del Everton, reconoció en BBC Radio Merseyside que el club arrastra desde la temporada pasada la necesidad de incorporar un lateral derecho.

“Estoy seguro de que traeremos un lateral derecho”, afirmó. “Es una posición que necesitábamos. Creo que Jake ha hecho un trabajo excelente ahí. Era algo que intentamos hacer el verano pasado y no encontramos la calidad adecuada. Un lateral derecho era la máxima prioridad en esta ventana; nos habría gustado cerrarlo antes. Entiendo la frustración de los aficionados; entiendo que lo vean como algo crítico. Estamos trabajando duro para traer uno y estoy seguro de que lo haremos. Estoy seguro de que será una mejora y completará bien la plantilla”.

Ese plan abría, en teoría, un nuevo escenario para O’Brien: competir como central puro, sin desvíos al lateral. Pero el tiempo corre y el jugador entra en la fase clave de su carrera. A sus 25 años, sabe que no puede seguir encajando donde haga falta. Quiere ser lo que siempre fue: un central dominante.

Everton, mientras tanto, se asoma a unos últimos días de mercado cargados de tensión. Debe encontrar un lateral, gestionar la posible salida de O’Brien y asumir que, si se marcha, no solo pierde un defensa polivalente. Pierde también otro pedazo de su identidad irlandesa. Y eso, en Goodison, pesa casi tanto como un gol en el descuento.