Jaissle inicia su era en Newcastle: un cambio de expectativas
Como arenga para inaugurar una nueva era dorada, “soy bastante optimista” no va a pasar a la historia. No es un “no preguntes qué puede hacer tu país por ti” ni un “creo que soy un special one”. Y desde luego no encaja con la promesa previa del directivo jefe de Newcastle, que había vendido la presentación de Matthias Jaissle como “fuego” y la llegada de una “rock star”.
Al final, nada de eso. Y quizá, visto el verano de turbulencias en Tyneside, fue lo más sensato.
Las expectativas del Toon Army han bajado varios peldaños desde aquella noche en que los aficionados celebraron la marcha de Mike Ashley con disfraces improvisados y sueños de grandeza alimentados por el dinero del Public Investment Fund de Arabia Saudí. En aquellos días se fantaseaba con Lionel Messi cortando el césped o vendiendo pasteles en St James’ Park. La realidad ha sido bastante más prosaica.
De la euforia a la resaca
Dependiendo del prisma, el hecho de que Newcastle no haya levantado ya la Premier League ni la “Bigger Cup” se explica por unas autoridades “serviles” ante el odiado “cartel rojo” o por aquel día de celebración desatada que, simplemente, fue un espejismo. La verdad se mueve en una zona gris.
La última temporada de Eddie Howe dejó cicatrices. Hubo fichajes de “here we go” que nunca estuvieron al nivel esperado. Sin embargo, conviene no perder la perspectiva: con Howe, Newcastle firmó un ciclo notable, con un trofeo real en las vitrinas y dos participaciones en la “Bigger Cup” que devolvieron al club a la élite europea.
El vínculo saudí tampoco ha convertido St James’ Park en una mina de oro negro. Uno de los riesgos de ser el juguete de un actor geopolítico de primer nivel es que la geopolítica se interpone. Los estados del Golfo tienen ahora mismo varios frentes abiertos y los intereses del fondo de inversión van mucho más allá de un club de fútbol a casi 5.000 kilómetros de Riad.
Llega, así, una nueva fase. Anthony Gordon, Sandro Tonali y Bruno Guimarães ya son pasado. Para algunos, señal de que los saudíes han perdido interés. Sin embargo, la llegada de Jaissle procedente de Al-Ahli, otro club del mismo PIF, apunta a que las manos siguen firmes en el timón, aunque el rumbo ya no sea tan ostentoso.
Un técnico sobrio para tiempos inciertos
En su primera aparición, el veredicto fue claro: Jaissle habló muy bien. El alemán describió con cierta emoción el momento en que él y su cuerpo técnico pisaron por primera vez el estadio. “Nos mirábamos con sonrisas y la piel de gallina”, relató. La frase no incendia titulares, pero sí dibuja a un entrenador que entiende dónde ha caído.
También se permitió una dosis de realismo. Reconoció un “vacío” tras la venta de esas piezas clave. Nada de promesas grandilocuentes, nada de adelantar las supuestas explosiones en la banda que algunos perfiles le atribuyen. De momento, calma.
Jaissle respetó, además, una costumbre que se ha ido asentando en el club: estrechar la mano de cada periodista antes de su primera rueda de prensa. ¿Detalle elegante? ¿Movimiento de poder? Cada uno que elija su lectura. Lo cierto es que proyecta control, cercanía medida, una autoridad sin gritos.
El contraste con el final de la era Howe es evidente. La salida del técnico y la marcha de los grandes nombres han devuelto a Newcastle a un estado de transición que durante años fue su hábitat natural. Vuelve la sensación de club en el aire, sin certezas sólidas, aferrado a la esperanza de que el siguiente proyecto sí sea el definitivo.
La cuestión, ahora, se formula en futuro inmediato: ¿cuánto durará la serenidad de Jaissle ante el ruido que siempre acaba envolviendo a St James’ Park? ¿Hasta dónde puede sostenerse un proyecto construido sobre un optimismo tan medido cuando la grada exija algo más que palabras y apretones de manos?




