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Italia y la propuesta diplomática para el Mundial 2026

A menos de dos meses del inicio previsto del Mundial 2026, el fútbol se cruza de lleno con la geopolítica. El torneo de 48 selecciones, que deben coorganizar Estados Unidos, México y Canadá a partir del 12 de junio, se ve envuelto en una tensión que va mucho más allá del césped: la situación entre Irán y Estados Unidos ha abierto una puerta inesperada para Italia.

Un enviado especial, una petición directa

Según publicó el Financial Times el miércoles 22 de abril, el enviado especial a la Casa Blanca Paolo Zampolli ha solicitado formalmente al presidente Donald Trump y al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, que Irán sea reemplazada por Italia en el Mundial 2026.

Zampolli no lo esconde. Al contrario, lo reivindica: confirma que ha planteado que la selección azzurra ocupe la plaza iraní y apela tanto a su origen como a la historia de la tetracampeona del mundo para justificar la propuesta. Para él, ver a Italia en un Mundial organizado en suelo estadounidense sería el escenario soñado.

La iniciativa no nace en el vacío. Llega en un momento delicado en las relaciones entre Washington y Roma, después del desencuentro entre Trump y la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, a raíz de los comentarios del presidente estadounidense sobre el papa Leo XIV en el contexto de la guerra en Irán. El movimiento de Zampolli se presenta como un gesto para recomponer puentes políticos con un envoltorio futbolístico de alto impacto.

Irán duda, la FIFA insiste

Mientras tanto, el foco deportivo sigue sobre Irán. La selección asiática, clasificada para el torneo, ha dejado claro que no está dispuesta a viajar a Estados Unidos para disputar sus partidos del Grupo G. La negativa llega después de que Trump advirtiera públicamente de que Irán “no debería viajar a Estados Unidos por su propia seguridad”, una frase que ha terminado por enrarecer aún más el ambiente.

Desde Zúrich, el mensaje es distinto. Gianni Infantino ha mostrado confianza en que Irán acabará participando en el Mundial, pese a las declaraciones y al clima de tensión. Para la FIFA, el calendario sigue en pie.

Sobre el papel, Irán debe debutar el 15 de junio en Los Ángeles ante Nueva Zelanda. Seis días más tarde, el 21 de junio, volvería a jugar en la misma ciudad frente a Bélgica. Su tercer duelo de la fase de grupos está fijado para el 27 de junio en Seattle, contra Egipto.

Tres sedes, un mismo problema: todas en territorio estadounidense. El viaje que hoy Teherán rechaza es precisamente la condición indispensable para que su selección mantenga su sitio en el torneo.

¿Un Mundial decidido en los despachos?

La pregunta ya resuena en los pasillos del fútbol internacional: ¿puede Italia entrar por la puerta que Irán está dejando entreabierta? De momento, solo existe una propuesta, no una decisión. No hay anuncio oficial de la FIFA, ni cambio confirmado en el cuadro del Mundial.

Pero el simple hecho de que un enviado especial a la presidencia de Estados Unidos haya pedido abiertamente la inclusión de Italia en lugar de Irán coloca el asunto en un terreno delicado: el de un Mundial que podría definirse no solo por goles y puntos, sino también por cables diplomáticos y mensajes cruzados entre jefes de Estado.

Mientras Irán mantiene su pulso sobre el viaje y la FIFA se aferra al plan original, Italia espera en la sombra, agarrada a una posibilidad tan improbable como tentadora: regresar al mayor escaparate del fútbol mundial no por la vía del campo, sino por la de la política. Y si esa puerta llega a abrirse, ¿qué significará para el futuro de las eliminatorias y del propio Mundial?