Isak brilla en la primera victoria de Iraola con Liverpool
Andoni Iraola ya tiene su primera victoria como técnico de Liverpool. Y lleva la firma, con trazo grueso, de Alexander Isak. Dos zarpazos en nueve minutos del sueco bastaron para tumbar a Ipswich (0-2) en un Portman Road lleno y ruidoso, pero silenciado muy pronto.
El recuerdo de su arranque en Bournemouth, cuando necesitó 10 jornadas para ganar, flotaba sobre el banquillo de Iraola tras dos empates iniciales. Esta vez, el guion se rompió a base de pegada, presión alta y un plan mucho más compacto con balón y sin él.
Nueve minutos que lo cambiaron todo
El partido apenas había arrancado cuando Liverpool ya mandaba. Minuto 6: Cody Gakpo filtra un pase perfecto al espacio, Isak ataca el hueco y su derechazo se cuela entre las palmas blandas de Kjell Scherpen. Portman Road se quedó helado. No era un disparo imparable; era un error de portero al máximo nivel.
Ipswich aún intentaba recomponerse cuando llegó el segundo mazazo. Minuto 9: balón largo, desajuste defensivo, Scherpen sale tarde y mal, y Isak, escorado a la izquierda, define raso y cruzado. Otra vez el guardameta holandés se queda a medio camino, otra vez el sueco castiga.
Ambos goles llevaron la firma de Gakpo en la asistencia. El neerlandés, desatado en este inicio con Iraola, se está convirtiendo en el gran acelerador del nuevo Liverpool: ataca espacios, recibe entre líneas, da pausa cuando hace falta y rompe cuando huele sangre.
Isak incluso llegó a celebrar un hat-trick antes del descanso, tras un magnífico centro de Florian Wirtz, pero el banderín del asistente apagó la fiesta: había arrancado en fuera de juego.
El “maleficio” del portero de Ipswich
En Ipswich empiezan a hablar de maldición bajo palos. La temporada pasada, Arijanet Muric acumuló errores en momentos clave tras llegar como portero elegido para el ascenso. Ahora, con Scherpen recién fichado desde la Belgian Pro League para estabilizar la posición, el guion se repite.
Ante Liverpool, el guardameta fue protagonista negativo en los dos tantos del primer tiempo. En la élite, un fallo se paga caro; dos en menos de diez minutos, directamente destrozan un plan de partido. Y eso fue lo que ocurrió con el equipo de Gary O’Neil: 45 minutos de esfuerzo, de intentar competir de tú a tú, arruinados por dos acciones de indecisión.
Ipswich necesita que Scherpen se asiente rápido. No puede permitirse luchar contra el rival y contra su propio portero al mismo tiempo. Después de Muric y ahora este inicio del holandés, muchos aficionados se preguntan si el dorsal de portero no viene con un peso extra en Portman Road.
Ipswich reacciona, Liverpool baja una marcha
El partido no fue un paseo. Una vez superado el shock inicial, Ipswich apretó. Leif Davis dispuso de una buena ocasión pasada la media hora, llegando desde segunda línea para rematar un centro desde la derecha, pero su cabezazo se marchó desviado con Liverpool descolocado atrás.
En la segunda parte, el encuentro cambió de tono. Liverpool dejó de golpear con tanta frecuencia y se centró en controlar. Iraola lo reconoció: el primer tiempo fue agresivo, de presión alta y recuperación muy arriba; el segundo, más pragmático, menos brillante, pero con el partido bajo control y sin conceder ocasiones claras.
La presión adelantada funcionó. Liverpool robó cerca del área rival muchas más veces que en sus dos primeros partidos de la temporada, lo que permitió conectar con Isak en zonas favorables. El propio Iraola explicó que su “pelea” con el sueco no va tanto de goles —confía en que llegarán solos si está sano— como de todo lo demás: cómo presiona, cómo ayuda al equipo, cómo interpreta los momentos sin balón.
Isak, por su parte, dejó claro que ve enterrada la temporada anterior, marcada por una larga lesión: habló de una buena pretemporada, de recuperar sensaciones, de querer brillar en el Mundial y arrancar el curso con fuerza. De momento, va por buen camino.
Barcola se estrena y la polémica se enciende
El otro foco de atención en Liverpool llevaba nombre de fichaje galáctico: Bradley Barcola. El extremo, llegado desde PSG por 123 millones de libras, debutó en el minuto 66. Entró con el partido encarrilado, en un contexto menos eléctrico, pero dejó los primeros destellos de lo que puede aportar: desborde, uno contra uno, amenaza constante por fuera.
El tramo final, sin embargo, se llenó de polémica arbitral. Primero, la grada de Ipswich estalló contra Darren England. Jérémy Jacquet, ya amonestado por una falta previa sobre Emersonn, entró por detrás al mismo jugador en el minuto 53. No hubo ni falta ni segunda amarilla. El estadio rugió pidiendo la expulsión, pero el árbitro mantuvo su criterio y dejó al defensor en el campo.
Más tarde, el VAR intervino para señalar un posible penalti a favor de Liverpool por un derribo de Davis sobre Dominik Szoboszlai. England fue llamado a la pantalla, pero desde Stockley Park le avisaron de que el húngaro estaba en fuera de juego en la jugada previa. Decisión final: nada de penalti.
Gary O’Neil, pese a reconocer que el VAR acertó en esa acción, no escondió su enfado por lo que consideró “facilidades” para que Liverpool enfriara el duelo con pérdidas de tiempo en el tramo final. El técnico recordó cómo a su portero le apretaron en Old Trafford para sacar rápido, mientras que en Portman Road sintió que el rival pudo “matar” el ritmo sin la misma presión arbitral.
Primer golpe de autoridad de Iraola
Más allá de la polémica, el mensaje deportivo de Liverpool fue claro: primer triunfo, primera portería a cero y una idea de juego que empieza a coger forma. Presión alta más coordinada, un Isak con el colmillo afilado, un Gakpo dominante entre líneas y un equipo que supo cambiar de registro cuando el partido lo pedía.
Ipswich encadena dos derrotas, pero no se hunde. El público despidió a los suyos con aplausos, consciente de que, una vez superada la pesadilla inicial, el equipo compitió y tuvo momentos de buen nivel ante un rival superior.
Para Iraola, la noche en Portman Road puede marcar un antes y un después: se acabaron los fantasmas del inicio en Bournemouth, el vestuario ya sabe ganar con él y la maquinaria empieza a engrasarse. La pregunta ahora es sencilla y enorme a la vez: ¿es este solo el primer paso o el inicio de algo mucho más grande en Anfield?




