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Inter mantiene a Stankovic y busca refuerzos clave

El Inter ha dado un golpe de autoridad en pleno mercado: puerta cerrada a una venta mayúscula y mensaje claro al resto de Europa. El protagonista tiene nombre y apellido: Stankovic.

El joven serbio, que regresó este verano tras una temporada brillante en el Club Brugge, se ha convertido en pieza central del proyecto… y en objeto de una guerra de ofertas. En Bélgica no solo levantó la Jupiler Pro League; también fue elegido Mejor Jugador Joven del campeonato, un sello de calidad que no pasa desapercibido para nadie.

Brentford lo vio rápido y fue con todo: 40 millones de euros sobre la mesa. Una propuesta que habría hecho dudar a muchos clubes, especialmente en un contexto económico delicado. No al Inter. Según informa La Gazzetta dello Sport, la respuesta fue unánime y casi inmediata: el club, el propio jugador y la familia Stankovic coincidieron en un rotundo “no, gracias”.

El plan de Chivu: el heredero de Calhanoglu

Detrás de esa negativa hay algo más que romanticismo por la cantera o resistencia al mercado inglés. Hay un plan táctico. Chivu lleva toda la pretemporada moldeando a Stankovic para un rol muy concreto en su centro del campo de cinco hombres. Lo quiere como relevo directo de Hakan Calhanoglu, el corazón creativo y organizador del equipo.

Encontrar un sustituto fiable para el internacional turco se había convertido en una obsesión del cuerpo técnico. Se probaron alternativas: Piotr Zielinski, Henrikh Mkhitaryan, incluso Nicolo Barella en la base. Ninguna encajó del todo. Demasiado sacrificio de unos, demasiadas concesiones de otros. Faltaba un mediocentro que uniera técnica, pausa y rigor táctico.

Ahí entra Stankovic. Perfil natural para la posición, seguro con balón, disciplinado sin él, con la lectura de juego que exige Chivu para el primer pase y la salida limpia desde atrás. En el club hablan de una confianza “incondicional” en el serbio. No es un simple recambio: es la póliza de seguro para una temporada larga, con varias competiciones y poco margen para improvisar.

Un centro del campo lleno… y el deseo llamado Curtis Jones

Esa apuesta interna, sin embargo, tiene efectos colaterales en el mercado. El Inter no renuncia a reforzarse por fuera. Curtis Jones sigue en la mira. Chivu lo admira por su energía, su capacidad para abarcar metros y su versatilidad para ocupar distintas alturas en el mediocampo. El inglés encaja en la idea de un equipo más intenso, más agresivo con y sin balón.

El problema es evidente: la zona central está saturada. Mantener a Stankovic como pieza importante, conservar jerarquías ya consolidadas y, al mismo tiempo, hacer hueco a un perfil como el de Jones obliga a maniobrar con precisión. Sobran nombres, faltan espacios. Cualquier movimiento entrante exige una salida que, por ahora, no ha llegado.

Mientras el rompecabezas del mediocampo se arma con paciencia, la mirada de la dirección deportiva se desplaza hacia atrás. Ahí la prioridad tiene nombre propio: Cristian Romero.

Romero, la pieza final de la zaga

En defensa, el Inter busca algo muy concreto: experiencia de élite y carácter. Romero encaja a la perfección. El argentino aportaría agresividad, liderazgo y esa cuota de malicia competitiva que separa a los buenos equipos de los que pelean por todo en Europa. En los despachos lo ven como la pieza final del puzzle defensivo.

Giuseppe Marotta y Piero Ausilio ya han hecho el trabajo más complejo: negociar con Tottenham Hotspur. Las informaciones apuntan a que hay acuerdo entre clubes por el traspaso. El gran obstáculo, el precio, está resuelto. Pero el fichaje no está cerrado.

El freno llega en el punto más delicado de cualquier operación de alto nivel: el salario. Romero pide en torno a 7 millones de euros netos por temporada. Una cifra que choca con la escala salarial actual del vestuario. Benjamin Pavard, por ejemplo, está en 5 millones. Subir tanto el listón por un nuevo fichaje podría desestabilizar el equilibrio interno que el club ha cuidado en los últimos años.

El Inter no quiere romper su estructura. Y Romero no quiere rebajarse demasiado. De momento, bloqueo.

Paciencia estratégica y un final de mercado agitado

Entre la negativa a vender a Stankovic y el pulso salarial con Romero se dibuja un Inter con una línea clara: no malvender talento joven, pero sin renunciar a fichar estrellas consolidadas. Ambición con freno de mano. Agresividad deportiva, prudencia económica.

La sensación es que el club se mueve con paciencia calculada. No tiene urgencia por desprenderse de sus promesas, como ha demostrado con la oferta de Brentford. Pero si quiere cerrar operaciones del calibre de Romero o añadir a Curtis Jones a una medular ya poblada, necesitará creatividad contable… y quizá una salida de peso.

El mercado se encamina a sus semanas decisivas. El Inter ya ha lanzado su primer mensaje: sus joyas no se tocan tan fácilmente. Falta por ver si tendrá la fuerza económica para rematar el proyecto con los nombres que persigue o si, para dar el salto definitivo, deberá sacrificar a alguna de sus figuras.