Inglaterra 4-2 Croacia: análisis de la victoria y dudas defensivas
La noche terminó con goleada y sonrisas, pero el marcador no tapa todo. Inglaterra se impuso 4-2 a Croacia en su estreno mundialista, un resultado contundente que convive con una sensación incómoda: este equipo puede recibir menos, puede defender mejor. Y algunas de las voces más autorizadas del fútbol inglés no tardaron en señalarlo.
El primer gol que no convenció a Rooney
Wayne Rooney no miró el 4-2 y pasó página. Se detuvo en el primer tanto de Croacia, en la secuencia que abrió la puerta al sufrimiento.
“Podríamos haberlo hecho mucho mejor en el primer gol”, analizó el máximo goleador histórico de la selección inglesa. El foco, para él, está en los detalles: Jude Bellingham, algo plano de pies cuando llega el robo; el defensor croata que se anticipa; John Stones que se lanza al suelo sin necesidad, en una zona donde “no hay un peligro real” porque Jordan Pickford está bien colocado.
Stones se tira, pierde el duelo, y eso obliga a Nico O’Reilly a cruzarse para tapar. Llega el apoyo, llega la pared, llega el pase atrás. Buena pared, buen pase, buen remate croata. Y, de nuevo, la pregunta: ¿podía hacer algo más Pickford?
Rooney no lo absuelve del todo. El portero mete una mano fuerte, llega al disparo, pero el balón entra. “Si Jordan llega con la mano como lo hace, estará decepcionado”, apuntó el exdelantero. Es un gol “bueno desde el punto de vista de Croacia”, pero para Rooney hay demasiadas concesiones en la acción como para quedarse tranquilo.
Richards: “Inglaterra jugó a lo que quería Croacia”
El diagnóstico de Micah Richards fue igual de exigente. Para el exdefensa, los dos goles encajados tienen un denominador común: Inglaterra permitió que Croacia jugara en su zona de confort.
Si algo tenía el equipo de Thomas Tuchel era energía, piernas, intensidad. Y, sin embargo, Richards vio a la selección retroceder demasiado, dejar que los croatas encontraran a sus futbolistas más técnicos entre líneas y se instalaran en campo inglés.
Su lectura es clara: con la misma energía, pero “10 o 15 metros más arriba”, muchas de esas situaciones ni siquiera habrían existido. La presión que ahoga o la que invita a jugar. Inglaterra eligió, por momentos, la segunda.
Para Richards, una de las grandes armas de esta selección está precisamente en el banquillo: la capacidad de refrescar el equipo sin perder agresividad. Ese fondo de armario, esa “energía desde el banquillo”, puede ser decisiva si se usa para mantener la línea defensiva lejos de Pickford y no para refugiarse cerca de él.
Stones–Konsa: sociedad por definir
En el centro de la diana aparece la pareja de centrales. Tuchel apostó por John Stones y Ezri Konsa en el corazón de la defensa, pero el estreno mundialista dejó más interrogantes que certezas.
Stones, que viene de una temporada con pocos minutos en Manchester City, tocó mucho balón y asumió gran parte de la responsabilidad en la salida desde atrás. Eso le dio fluidez al inicio de jugada, pero también riesgo: algún pase forzado, alguna conducción al límite, la sensación de que el margen de error era mínimo.
Konsa, en cambio, llega como uno de los hombres de confianza de Tuchel desde su llegada al banquillo. Se le vio, por momentos, con la calma habitual, corrigiendo, temporizando, leyendo bien los espacios. Pero al lado de un Stones aún falto de ritmo, también él pareció desajustado en ciertos tramos, como si la sociedad todavía estuviera en fase de pruebas.
La pregunta se impone sola: ¿debe Tuchel mantener a Stones y Konsa para el próximo partido ante Ghana o es el momento de introducir a Marc Guéhi para estabilizar la línea? El técnico tiene un marcador a favor, pero también 90 minutos de vídeo llenos de advertencias defensivas.
Gordon, debut y mensaje de vestuario
En ataque, la historia fue muy distinta. Cuatro goles, pegada, variantes, impacto desde el banquillo. Anthony Gordon, que vivió su debut mundialista, lo resumió con una mezcla de emoción y madurez.
“Ha sido una locura de semanas y esto lo ha rematado. Primer partido de Copa del Mundo, algo con lo que soñaba de niño”, confesó. Pero no quiso convertir la noche en un monólogo personal. “No se trata de mí. El egocentrismo es una enfermedad y no quiero formar parte de eso”.
El extremo puso el foco en el colectivo. Señaló la entrada de Marcus Rashford, el desequilibrio de Bukayo Saka, la aportación de Morgan Rogers. Una selección que no depende de una sola figura, sino de una rotación que cambia partidos.
Sobre el desarrollo del encuentro, Gordon no maquilló el bache inicial: “Una primera parte difícil: su gol llegó de la nada y nos dejó un poco aturdidos”. La respuesta llegó tras el descanso, con una Inglaterra más agresiva, más vertical, que “salió muy fuerte en la segunda parte y consiguió lo que quería”. Y dejó un apunte que no conviene olvidar: “Ellos estuvieron muy bien y eso no se puede subestimar cuando miras el partido”.
Rashford se reivindica… y complica el verano del United
Entre los nombres propios, uno brilló con fuerza desde el banquillo: Marcus Rashford. Gol, buenas sensaciones y un impacto inmediato en el tramo final. Cada minuto cuenta para él, no solo en clave selección, también en clave club.
El 1 de julio, Rashford volverá oficialmente a ser jugador de Manchester United, después de que Barcelona decidiera no activar la opción de compra de 26 millones de libras. El club inglés, por su parte, ha fijado el precio en 40 millones y ha dejado claro que no contempla otro préstamo al conjunto azulgrana, que prefería repetir cesión.
El problema es evidente: el salario del delantero, 325.000 libras semanales y dos años más de contrato, reduce de forma drástica la lista de pretendientes reales. United no puede obligarle a salir a un destino que él no quiera, y el mercado, con esas cifras, se estrecha.
A día de hoy, en Old Trafford dan por hecho que Rashford regresará tras las tres semanas de descanso posteriores al Mundial, justo a tiempo para un stage de pretemporada en la República de Irlanda. Hay margen para que el panorama cambie, pero actuaciones como la de anoche juegan a su favor.
Un jugador que marca y decide en un escenario mundialista no pierde valor. Lo multiplica. Y cada gol con Inglaterra añade una pregunta más al verano del United: ¿vender ahora, insistir en otra operación o volver a construir alrededor de un delantero que, cuando entra enchufado, sigue siendo diferencial?



