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Guardiola defiende la celebración tras victoria sobre Arsenal

Pep Guardiola defiende la fiesta: “¿Esperar al final de temporada? Vamos, hombre”

El 2-1 de Manchester City sobre Arsenal no solo agitó la pelea por la Premier League. También encendió un debate viejo como el propio juego: ¿cuánto se puede celebrar una victoria en marzo sin que te acusen de exagerar?

Wayne Rooney lo calificó de “un poco exagerado”. Danny Murphy habló de que “se sentía demasiado” después de ver a Gianluigi Donnarumma lanzarse a la grada para festejar con los aficionados locales. Las imágenes de Erling Haaland cantando a una cámara de televisión en la vuelta de honor hicieron el resto. Para algunos, fue demasiado ruido para un partido de liga. Para Guardiola, fue exactamente lo contrario.

Guardiola contra la corrección emocional

El técnico del City no se anduvo con rodeos en su última rueda de prensa. Lejos de rebajar el tono, defendió sin matices la explosión de euforia de jugadores y grada.

“Cuando celebraron, la gente puede decir lo que quiera, estupideces si quieren”, lanzó, dejando claro que las críticas de Rooney y Murphy le resbalan. “Celebraron porque saben el valor del rival”.

Ese rival es un Arsenal que ha convertido cada tropiezo en una herida profunda en la carrera por el título. Ganarle significaba algo más que tres puntos. Significaba seguir respirando.

Guardiola explicó que la intensidad del festejo fue el espejo exacto de la presión con la que su plantilla llegó al encuentro. En su cabeza, una derrota habría dejado prácticamente enterradas las opciones de título. No era un partido más. Era un punto de inflexión.

“Sabían que si no ganábamos sería ‘adiós, adiós’. Ganaron y todavía estamos ahí. ¿Cómo no lo van a celebrar?”, subrayó. Y remató con un mensaje que sonó a manifiesto: respeto máximo al rival, sí, pero sin pedir perdón por disfrutar.

En la grada, el ambiente acompañó. Un tifo con un mensaje directo, casi burlón, colgó sobre el Etihad: “Panic on the streets of London”. El estadio entendió la noche como lo que era para ellos: una final encubierta en pleno invierno futbolístico.

Vivir el momento o no vivirlo

Guardiola fue más allá de la polémica puntual y atacó la idea de que las emociones deben guardarse en una caja fuerte hasta que se levanta el trofeo en mayo.

“¿Esperar hasta final de temporada para celebrar? Vamos”, dijo, con gesto de incredulidad. Y desveló el discurso interno que mantiene con su vestuario: “Les dije: ‘en cada partido, id con nuestros aficionados y disfrutad del momento’”.

Para él, no hay término medio. “¿Qué sentido tiene no vivirlo? ¿Solo puedes celebrarlo una vez si ganas? ¿Y si no ganas, lloras todo el tiempo? Vamos”, insistió.

El técnico volvió a marcar la diferencia entre cómo se percibía el partido en cada lado. “Todo el mundo sabía que ese partido era una final. Especialmente para nosotros. Quizá no para ellos, pero para nosotros era una final y, por supuesto, tienes que celebrarlo”.

Ahí está el núcleo de la cuestión. Para el City, ese 2-1 no fue una victoria más. Fue evitar el abismo.

Sin Rodri a Turf Moor

La fiesta ya es pasado. El calendario no deja tiempo para recrearse. City visita a Burnley el miércoles con una oportunidad clara: otro triunfo les pondría en lo más alto de la tabla. La presión no baja, solo cambia de escenario.

El problema para Guardiola es que tendrá que hacerlo sin una de sus piezas más imprescindibles. Rodri se perderá el duelo por una lesión en la ingle sufrida ante Arsenal. Una baja que altera el plan y obliga a ajustar el centro del campo en un tramo de temporada en el que cada detalle pesa.

La carrera por la Premier sigue al límite, sin red de seguridad. Guardiola lo sabe, Arsenal también. Ninguno de los dos puede permitirse un paso en falso. Y si cada victoria va a seguir sabiendo a final, la pregunta ya no es si se celebra demasiado, sino quién será el último que tenga algo que celebrar en mayo.