Goleada del Barcelona y el susto de García en Mestalla
El 5-0 del Barcelona en Mestalla dejó un sabor a fiesta, pero también un susto helado en la grada y en el banquillo. La goleada volaba, el equipo mandaba, y de pronto el silencio: García en el suelo, la cara ensangrentada, las manos en la nariz, el gesto torcido de dolor.
Todo nació en un barullo defensivo tras un córner del Valencia. En la pugna dentro del área, un brazo de Rodri impactó de lleno en el rostro del ex del Manchester City. El golpe fue seco, evidente. García cayó de inmediato, se llevó las manos a la cara y el rastro de sangre encendió todas las alarmas. Entraron las asistencias a toda prisa mientras sus compañeros miraban con preocupación.
El defensa, visiblemente afectado, abandonó el campo antes de la media hora, camino del banquillo y luego del vestuario, acompañado por el cuerpo médico. En el entorno del Barça se instaló un temor conocido: otro problema serio en la cara, otra posible fractura, otro parón largo para un jugador que ya arrastra antecedentes en esa zona. El objetivo inmediato del club fue claro: descartar daños estructurales en el tabique nasal o en el pómulo.
La respuesta llegó al día siguiente desde la Ciutat Esportiva Joan Gamper y cambió el gesto de todos, empezando por Hansi Flick. Lejos de la imagen dramática de Mestalla, García apareció sobre el césped en la sesión de recuperación y preparación del lunes, integrado en el grupo y sin aparentes dificultades para completar los ejercicios previstos. Un giro radical respecto al miedo inicial.
Su presencia en el entrenamiento indica que los médicos le han dado luz verde para realizar trabajo ligero, una noticia enorme para una plantilla que ya ha sufrido demasiadas ausencias atrás en este inicio de curso. El central no mostró grandes signos de molestia durante los rondos y tareas físicas, un detalle que el cuerpo técnico interpretó como un mensaje tranquilizador.
Eso sí, su regreso a la competición tendrá que esperar. No viajará al próximo compromiso europeo: está sancionado en la Champions League y se perderá el duelo ante el Feyenoord. Paradójicamente, la sanción se convierte en un aliado. Ese paréntesis forzoso le regala días extra para terminar de asimilar el golpe sin la urgencia de reaparecer en un partido de máxima exigencia a los pocos días del traumatismo.
Para minimizar riesgos, el plan pasa por proteger la zona castigada. García utilizará una máscara facial en las próximas semanas, un elemento que ya forma parte de su historia reciente. El defensa de Martorell ya jugó con una protección similar la temporada pasada, después de sufrir una fractura en un encuentro ante el Club Brugge. La idea ahora es la misma: blindar el área afectada en entrenamientos y partidos para que pueda mantener su agresividad defensiva sin miedo a reabrir la herida.
En el vestuario, la reacción fue inmediata. El técnico alemán respiró aliviado al verlo de nuevo sobre el césped. Perder a un futbolista con su lectura táctica y su capacidad para adaptarse a diferentes roles habría complicado seriamente los planes de rotación en un mes de septiembre cargado de citas.
Con el capítulo europeo cerrado para él por la sanción, el siguiente objetivo ya está marcado en rojo: la vuelta a La Liga. Si no surge ningún contratiempo en los próximos días, García apunta a estar disponible para el duelo frente al Levante del domingo 13 de septiembre. El cuerpo médico seguirá vigilando cada paso de su evolución, pero el mensaje que sale del club es claro: del miedo a una fractura a un regreso casi inmediato. Y en un Barça que necesita estabilidad atrás, cada minuto que recupere su central vale oro.




