Gattuso inicia su camino en Lazio tras el dolor del Mundial
Gennaro Gattuso no se esconde. Ni siquiera en la noche en la que debuta con victoria en Serie A al frente de Lazio. Tras el 0-1 en Bolonia, el técnico calabrés volvió a mirar a la herida que le marcó la carrera: no haber llevado a Italia al Mundial de 2026.
“Tuve diez meses maravillosos. Los chicos me lo dieron todo. Y es una herida que se quedará conmigo toda la vida, porque fue muy profunda”, confesó el campeón del mundo de 2006, sin rodeos, mezclando alivio por el triunfo con un peso que no desaparece.
Una eliminación que marca
Gattuso dejó el banquillo de la selección en abril, apenas unos días después de la dolorosa derrota en el playoff ante Bosnia-Herzegovina. Aquel tropiezo condenó a la Azzurra a perderse su tercer Mundial masculino consecutivo. Un golpe histórico, casi insoportable para un país que creció acostumbrado a estar siempre en la élite.
El excentrocampista asumió la responsabilidad, presentó su dimisión y se apartó. Pero el paso del tiempo no ha cerrado la cicatriz. La noche de Bolonia lo dejó claro: el recuerdo sigue vivo, incrustado en su relato profesional.
El regreso de Mancini
Tras su salida, la Federación Italiana decidió mirar al pasado reciente. En julio, Roberto Mancini fue reinstalado como seleccionador. El técnico, que ya había dirigido a Italia entre 2018 y 2023, vuelve con una mochila pesada: en su primera etapa levantó la Euro 2020, pero también quedó fuera del Mundial 2022.
El contexto es turbulento, la presión enorme. Aun así, Gattuso se alineó sin reservas con su sucesor: “Diría que es un gran entrenador, con una enorme experiencia. Es un gran gestor; es alguien que ya ha ganado con la selección y, obviamente, le deseo lo mejor de todo corazón”.
No son palabras de compromiso. Son el mensaje de un hombre que sabe lo que supone sentarse en ese banquillo y que entiende la magnitud del reto que espera a Mancini.
Un baile de nombres y vetos
El regreso de Mancini no fue la primera idea. El casting para reemplazar a Gattuso se movió en la cumbre del fútbol europeo. La Federación tanteó a Carlo Ancelotti y a Pep Guardiola, pero ambos rechazaron la opción.
En ese escenario emergió con fuerza Andrea Pirlo como principal candidato. El exmediocentro se situó al frente de la lista, pero la operación se vino abajo por problemas ligados a un acuerdo de patrocinio con una casa de apuestas que complicaba su desembarco en el banquillo nacional.
Mientras tanto, desde la Lega Serie A llegaba otro empuje: su presidente, Ezio Maria Simonelli, desveló que la liga apostaba con claridad por un segundo ciclo de Antonio Conte. Querían su carácter, su intensidad, su sello competitivo. La Federación, sin embargo, optó por Mancini, el hombre que ya conocía el vestuario, los códigos y el peso de la camiseta.
Gattuso, de nuevo de club; Italia, a rehacerse
Gattuso ha girado rápido la página en lo profesional. En junio firmó con Lazio y ya ha empezado a moldear a un equipo que quiere competitivo, agresivo, incómodo para cualquiera. El triunfo por 0-1 en Bolonia es un primer paso, un alivio inmediato, pero no borra el pasado reciente con la selección.
Mientras él se vuelca en el día a día del fútbol de club, el fútbol italiano mira hacia adelante con urgencia. Simonelli ha hecho un llamamiento a cerrar filas en torno a Mancini, a dejar a un lado divisiones y nombres propios para proteger a la Azzurra en un momento delicado.
El siguiente examen ya tiene fecha y rival: el 25 de septiembre, ante Bélgica, en la UEFA Nations League. Un torneo que, de repente, se convierte en algo más que una competición secundaria. Es el primer escenario para medir si Italia puede empezar a reconstruir su orgullo, si Mancini es capaz de devolverla al lugar que siente como propio.
El banquillo vuelve a ser el mismo, el escudo también. La pregunta es si esta vez bastará para que la herida que atormenta a Gattuso no se repita en toda una generación de aficionados italianos.




