Francia: Candidata al Título con Estrellas y Desafíos
Francia aterriza en Norteamérica con una etiqueta inevitable: candidata total al título. Campeona del mundo en 2018, subcampeona en 2022. Un ciclo que no se ha agotado, sino que se ha recargado con talento nuevo y desbordante.
La explicación está en el césped. Pocas selecciones pueden presumir de reunir, al mismo tiempo, a cuatro de los futbolistas más determinantes y en forma del planeta. Kylian Mbappé, goleador implacable con club y selección; Michael Olise, consagrado esta temporada en el escaparate de Bayern Munich; y el dúo de Paris Saint-Germain, Désiré Doué y Ousmane Dembélé, piezas esenciales en el engranaje ofensivo de Luis Enrique.
En ataque, Francia juega en otra liga. Línea por línea, posición por posición, la profundidad de recursos de Les Bleus intimida incluso a las grandes potencias. Deschamps puede cambiar sistemas, perfiles y ritmos sin perder filo. La pregunta, entonces, se desplaza inevitablemente hacia atrás.
Una defensa en el alambre y un vestuario de alto voltaje
La zaga francesa ofrece menos certezas. Demasiadas veces ha quedado expuesta, con desajustes que no encajan con el nivel del resto del equipo. A eso se suma la preocupación por el estado físico de William Saliba, referencia del bloque defensivo. Cada gesto, cada parte médico, se mira con lupa.
Hay otro desafío, más silencioso pero igual de decisivo: el vestuario. La convivencia de estrellas, egos y generaciones no siempre ha sido sencilla en Francia. Mantener la armonía en un grupo tan poderoso como inflamable será una prueba tan dura como cualquier eliminatoria. Si el grupo se mantiene unido, si el ruido queda fuera, frenarlos camino a la final de New Jersey será un reto mayúsculo para cualquiera.
El último baile de Deschamps
Didier Deschamps llega al torneo con una mochila pesada de críticas. Se le cuestiona el estilo, se le discute el liderazgo, se le reprochan decisiones tácticas desde dentro y fuera del país. Pero los resultados cuentan otra historia, imposible de ignorar.
Desde que tomó el mando en 2012, ha reconstruido una selección que parecía al final de su ciclo tras la etapa de Laurent Blanc. Bajo su dirección, Francia conquistó el Mundial de 2018 ante Croacia en Rusia y levantó la UEFA Nations League en 2021 derrotando a España en Milán.
No se quedó ahí. También llevó al equipo a la final de la Euro 2016, perdida en casa ante Portugal por el gol en la prórroga de Éder, y a la inolvidable final del Mundial 2022 frente a Argentina, resuelta en los penaltis tras uno de los partidos más impactantes en la historia de los torneos de selecciones.
El contrato de Deschamps expira en julio y no habrá renovación. Se cierra así una era de casi 15 años al frente de Les Bleus. Pase lo que pase en Norteamérica, este será su último baile con la selección. Y el grupo lo sabe.
Mbappé, símbolo… y la amenaza Olise
Todas las miradas se posan, inevitablemente, sobre Kylian Mbappé. Capitán, dorsal 10, emblema absoluto de esta Francia. Su sola presencia condiciona defensas, planes de partido y titulares.
Pero el guion puede tener un giro. Por lo que ha mostrado este curso con Bayern Munich y por la evolución constante de su juego, Michael Olise está en disposición de irrumpir como auténtico MVP de Francia y, quizá, como una de las grandes figuras del torneo.
En la Bundesliga, por segunda temporada consecutiva, firmó dobles dígitos en goles y asistencias. En la Champions League, sus números estuvieron a la altura de la élite. Uno de sus recitales más llamativos llegó en el 6-1 de Bayern en Bérgamo ante Atalanta: dos goles, una asistencia y una actuación de dominio absoluto.
Olise es un tormento ofensivo. Crea, finaliza, repite. Une imaginación con eficacia y regularidad, como dejó claro con su hat-trick frente a Irlanda del Norte en el último amistoso previo al torneo. Con 24 años, la cita en Norteamérica puede marcar un antes y un después en su carrera, tanto con su club como, sobre todo, con la selección.
Akliouche, el arma escondida
Entre tanto foco sobre las grandes estrellas, conviene no perder de vista un nombre: Maghnes Akliouche. Deschamps le dio su primera convocatoria absoluta durante la fase de clasificación, y el centrocampista respondió de inmediato: gol ante Azerbaiyán, asistencia frente a Islandia. Presentación sin titubeos.
Formado en la prestigiosa academia de Monaco, una de las grandes fábricas de talento de Europa, Akliouche explotó definitivamente la pasada temporada, con siete goles y doce asistencias entre Ligue 1 y Champions League.
A sus 24 años, es un mediapunta diestro ideal para un 4-2-3-1, capaz también de actuar por dentro como organizador adelantado. No es el extremo bajito y liviano del estereotipo: combina físico, zancada y una técnica muy pulida. Un perfil cada vez más cotizado en el fútbol actual.
No parte como titular. Pero ahí reside parte de su valor. Puede convertirse en uno de los recursos más peligrosos de Deschamps desde el banquillo, ese jugador capaz de cambiar el tono de un partido cerrado, de encontrar un pase distinto cuando el reloj aprieta y las ideas se agotan.
Francia llega con estrellas, dudas atrás y un seleccionador en su última función. Tiene pólvora, talento emergente y la memoria fresca de finales recientes. La cuestión ya no es si puede competir por el título, sino quién se atreverá a apartarla del camino cuando el torneo entre en calor.



