Pirlo se convierte en el nuevo seleccionador de Italia
Italia se prepara para entregar su selección al hombre que durante años la dirigió desde el césped. Según coinciden Football Italia, La Gazzetta dello Sport, Sky Sport Italia y Calciomercato, Andrea Pirlo ha alcanzado un acuerdo para convertirse en el nuevo seleccionador de la Azzurra con un contrato de cuatro años y un salario de 1,5 millones de euros por temporada. La oficialidad, salvo giro inesperado, llegaría entre el lunes y el martes.
No era el primer nombre en la lista. La federación apuntó alto y llamó antes a Carlo Ancelotti y a Pep Guardiola. Ambos dijeron no. Ahí apareció Pirlo, una solución distinta, más joven, más arriesgada… y mucho más asumible para las arcas de la FIGC. El contraste es brutal: frente a los 20 millones anuales que se rumorea que cobra Guardiola, el exmediocentro acepta un sueldo casi simbólico para el nivel de los grandes banquillos de selecciones.
Maldini toma el mando… y llama a un viejo socio
El movimiento ha sido tan rápido como significativo. En cuanto Paolo Maldini fue nombrado nuevo director técnico de la federación y Leonardo asumió el rol de asesor especial, el teléfono de Pirlo sonó. No hizo falta insistir. El campeón del mundo en 2006 dijo sí de inmediato.
La operación se ha acelerado precisamente por esas viejas complicidades de vestuario. Maldini y Pirlo compartieron años de gloria en el AC Milan, y ahora trasladan aquella jerarquía al corazón de Coverciano. La nueva estructura técnica gira ya en torno a Maldini, y el fichaje de Pirlo es su primera gran decisión, una declaración de intenciones: Italia quiere volver a tener una identidad reconocible, con un proyecto de largo recorrido y un estilo marcado por el balón.
El componente económico también pesa. En un mercado donde los grandes técnicos se pagan a precio de oro, la “modestia” salarial de Pirlo encaja a la perfección con la estrategia de la federación. Un seleccionador de prestigio mundial, pero sin hipotecar el futuro financiero. Un equilibrio que la FIGC llevaba tiempo buscando.
Un contrato por romper y un reloj que corre
Antes de posar con la bufanda de la Azzurra, Pirlo debe resolver un asunto clave: su salida de Dubai United FC, el club de Emiratos Árabes Unidos al que dirige desde el verano pasado. La rescisión, según las informaciones, será por mutuo acuerdo. Sin ese documento firmado, no hay foto oficial ni rueda de prensa.
La FIGC ya ha marcado en rojo el martes. Ese día está prevista una reunión interna que podría convertirse en el escenario de la presentación del nuevo seleccionador. El calendario no concede tregua: en ocho semanas arranca la UEFA Nations League y la federación quiere llegar a ese estreno con el nuevo ciclo plenamente activado.
Ocho semanas para aterrizar, elegir cuerpo técnico, fijar una idea, revisar a fondo la base de jugadores y empezar a enviar mensajes claros al vestuario. Un margen estrecho para cualquiera. Incluso para un genio del tiempo y el espacio como Pirlo.
Identidad, Euro 2028 y Mundial 2030: el verdadero examen
Lo que espera a Pirlo va mucho más allá de una simple transición. Su misión es dotar a Italia de una identidad táctica nítida, algo que el país reclama con insistencia tras años de altibajos y cambios de rumbo. La mirada está puesta en dos grandes horizontes: la clasificación para la Euro 2028 y el Mundial 2030.
Cuatro años de contrato dan margen para construir, pero también exigen resultados. Pirlo deberá encontrar el equilibrio entre la tradición defensiva italiana y una propuesta más proactiva, acorde con el fútbol moderno que domina en clubes como el Manchester City de Guardiola o el Real Madrid de Ancelotti, precisamente los técnicos que la federación no logró convencer.
Ahora el testigo recae en uno de los mayores talentos que ha dado el fútbol italiano. Ya no se trata de filtrar pases imposibles entre líneas, sino de trazar el camino de toda una selección. La pregunta ya no es si Pirlo está preparado para entrenar a Italia, sino cuánto está dispuesta Italia a cambiar bajo su mando.




