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Fiorentina y Sassuolo empatan 0-0 en un duelo táctico

En el mediodía gris de Florencia, el 0-0 entre Fiorentina y Sassuolo en el Stadio Artemio Franchi dejó la sensación de una batalla táctica contenida más que de un espectáculo desatado. Partido de Regular Season - 34 en Serie A, con un contexto claro: los locales, 15.º con 37 puntos y un diferencial de goles total de -7 (38 a favor, 45 en contra), necesitaban seguir sumando para alejarse definitivamente del vértigo del fondo. Sassuolo, 10.º con 46 puntos y un goal difference total de -3 (41 a favor, 44 en contra), llegaba como bloque más hecho, pero también irregular.

Ambos entrenadores apostaron por el espejo: 4-3-3 contra 4-3-3. Paolo Vanoli organizó a Fiorentina con D. de Gea bajo palos y una línea de cuatro con Dodo y L. Balbo en los costados, más D. Rugani y L. Ranieri por dentro. En la medular, R. Mandragora como eje, flanqueado por N. Fagioli y C. Ndour para dar continuidad y piernas. Arriba, un tridente móvil con J. Harrison, A. Gudmundsson y M. Solomon, obligado a reinventarse sin su referencia habitual.

Porque el primer gran vacío del duelo estaba precisamente en las ausencias. Fiorentina afrontó el choque sin M. Kean, su máximo goleador liguero con 8 tantos, fuera por lesión en el gemelo. A su baja se sumaban las de R. Gosens, T. Lamptey, F. Parisi y el sancionado M. Pongračić, líder defensivo y jugador con más amarillas del equipo (10). Vanoli se vio obligado a reconfigurar la zaga: sin el croata, que en la temporada había bloqueado 22 disparos y dominado 223 duelos, el peso recaía en Ranieri y Rugani, con Balbo ganando protagonismo en el lateral.

En Sassuolo, Fabio Grosso también llegaba lastrado. La ausencia de D. Berardi, expulsado y sancionado, le arrebataba a su mejor perfil mixto: 7 goles, 4 asistencias, un foco constante de creatividad y agresividad ofensiva, además de ejecutor de penaltis (2 anotados, 1 fallado en la temporada). Sin él, la responsabilidad del desequilibrio recaía casi por completo en A. Laurienté, segundo mejor asistente del campeonato con 8 pases de gol, y en la capacidad de A. Pinamonti para fijar centrales y atacar el área.

La estructura de Sassuolo fue clara: S. Turati en portería, una defensa de cuatro con S. Walukiewicz y U. Garcia en los laterales, J. Idzes y T. Muharemovic como pareja central. Por delante, un triángulo de control con N. Matic como ancla —un mediocentro que combina 1 gol, 1 asistencia y 42 entradas en la temporada— acompañado por I. Kone y K. Thorstvedt, con Volpato y Laurienté abiertos para alimentar a Pinamonti.

El partido, sin goles, se jugó más en los matices que en el marcador. Fiorentina, que en total esta campaña promedia 1.1 goles a favor y 1.3 en contra, mostró por qué su temporada se ha movido en el alambre: solidez relativa, pero poca pegada. En casa, su media es de 1.2 goles marcados y 1.2 encajados, números de equipo equilibrado pero no dominante. El 4-3-3 de Vanoli, sin el remate de Kean, dependió mucho de las conducciones de Gudmundsson —autor de 5 goles y 4 asistencias en la temporada— y de las llegadas desde segunda línea de Fagioli y Ndour, más insinuación que daño real.

Sassuolo, por su parte, confirmó su perfil de bloque incómodo. En total, promedia 1.2 goles a favor y 1.3 en contra, con un rendimiento ligeramente mejor de lo esperado lejos de casa: 20 goles marcados y 21 encajados en 17 salidas. Su 4-3-3, utilizado en 32 partidos de liga, se apoyó en la lectura táctica de Matic, capaz de sumar 23 intercepciones y 9 bloqueos defensivos, y en la doble amenaza ofensiva Laurienté-Pinamonti: el francés, con 47 pases clave en la temporada, y el italiano, con 8 goles y 3 asistencias, aunque lastrado por un penalti fallado y una tarjeta roja que hablan de su irregularidad en los momentos límite.

En el plano disciplinario, el guion del encuentro parecía escrito de antemano. Fiorentina es un equipo que se calienta con el paso de los minutos: el 25.64% de sus amarillas llega entre el 76’ y el 90’, y sus dos rojas en liga también se concentran en ese tramo. Sassuolo no es muy distinto: el 28.38% de sus amarillas también aparece en el último cuarto de hora. En un 0-0 tan táctico, ese patrón sugiere un final de partido jugado al filo, con duelos más duros, interrupciones y riesgo de descontrol justo cuando las fuerzas flaquean.

Los emparejamientos clave del día quedaron marcados por estas ausencias. El “cazador” de Fiorentina, Kean, no estuvo; el “cazador” de Sassuolo, Pinamonti, se topó con una zaga que, pese a las bajas, sostuvo el tipo. El goal difference total de Fiorentina (-7) frente al de Sassuolo (-3) explicaba la ligera superioridad visitante en la tabla, pero sobre el césped el partido se equilibró a través del trabajo de Ranieri —defensor intenso, con 34 entradas y 8 disparos bloqueados en la temporada— y la serenidad de De Gea, respaldado por 8 porterías a cero colectivas en el curso.

En la sala de máquinas, el “motor” del encuentro fue el duelo entre Matic y el doble pivote creativo Mandragora-Fagioli. El serbio, con 1.537 pases totales y un 85% de acierto, impuso su ritmo y su físico (218 duelos, 120 ganados), mientras que Mandragora intentó conectar líneas y proteger una defensa sin su mariscal habitual, Pongračić.

Si se proyecta este 0-0 hacia una lectura más fría, el pronóstico estadístico se sostiene: dos equipos con xG teórico similar, promedios goleadores contenidos y defensas que, sin ser murallas, saben sobrevivir. Fiorentina, con 9 partidos en los que no ha marcado, y Sassuolo, con 11 encuentros sin ver puerta, dibujaban ya un escenario propicio para un marcador corto.

Siguiendo esta línea, el empate sin goles no es solo un resultado, sino la expresión de dos identidades: la Fiorentina de Vanoli, que vive en el equilibrio fino entre control y falta de colmillo, y el Sassuolo de Grosso, que sin Berardi pierde una parte crucial de su veneno, pero mantiene una estructura competitiva. En un Franchi expectante, la historia de este partido fue la de dos equipos que, más que romperse, eligieron no perder.

Fiorentina y Sassuolo empatan 0-0 en un duelo táctico