La imagen del último parón de selecciones no llegó desde el césped, sino desde la grada. El amistoso entre España y Egipto terminó 0-0, pero el marcador quedó en un segundo plano en cuanto el himno egipcio empezó a sonar y una parte del público respondió con abucheos. Después llegaron los insultos contra el Islam. Y el eco de esos cánticos ha acabado en la mesa de la FIFA.
El máximo organismo del fútbol mundial ha abierto un procedimiento disciplinario contra la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) por los incidentes registrados durante el encuentro, según adelantó el diario ‘AS’. El caso ya está en manos de la Comisión Disciplinaria después de que el árbitro incluyera lo sucedido en el acta del partido, un detalle clave que ha activado la maquinaria sancionadora.
“Musulmanes no saltan”. El cántico, lanzado desde la grada, se hizo viral en cuestión de horas. Las imágenes dieron la vuelta al mundo y desataron una ola de indignación en Egipto, en España y en buena parte del entorno futbolístico internacional. No se trató de un episodio aislado ni de un simple murmullo de fondo: fue lo suficientemente grave y evidente como para encender todas las alarmas.
La respuesta institucional en España fue inmediata. El Gobierno, la RFEF y varias figuras públicas alzaron la voz para condenar lo ocurrido. Luis de la Fuente, seleccionador de La Roja, se posicionó con firmeza. También lo hizo Lamine Yamal, una de las grandes estrellas del equipo, que no dudó en reprobar los insultos. El mensaje desde el vestuario fue nítido: esos comportamientos no representan a la selección ni a su afición.
En paralelo, los Mossos d’Esquadra abrieron una investigación para tratar de identificar a los responsables de los cánticos y esclarecer con detalle lo sucedido en las gradas. El caso ha trascendido el ámbito deportivo y se ha convertido en un asunto de sensibilidad social y política, con especial atención en Egipto, donde las escenas han causado un profundo malestar.
La FIFA, según la información de ‘AS’, ha expresado su “disgusto” por los hechos y ha decidido actuar. El expediente disciplinario contra la RFEF puede desembocar en diferentes tipos de castigo: desde una multa económica hasta la obligación de desplegar mensajes antirracistas en los próximos partidos de la selección española. No se contempla, al menos por ahora, el cierre del estadio al público en futuros encuentros.
El movimiento encaja con la línea dura que el organismo presidido por Gianni Infantino ha adoptado en los últimos años frente al racismo en el fútbol. La FIFA ha insistido en que no dejará pasar ningún caso, por mediático o discreto que parezca. Cada episodio cuenta, cada acta arbitral importa.
El ejemplo más visible de esta postura reciente fue el respaldo explícito a Vinícius Júnior en su batalla contra los insultos racistas recibidos en distintos estadios. El brasileño de Real Madrid denunció haber sido llamado “mono” por un rival durante un partido de Champions League en Lisboa ante Benfica, un caso que volvió a colocar el foco sobre el racismo en la élite del fútbol europeo. La FIFA se alineó entonces con el jugador y reclamó medidas ejemplares.
Ahora el foco se sitúa sobre la Federación Española y sobre la respuesta que el fútbol del país será capaz de articular. Porque ya no se trata solo de un expediente ni de una posible multa. Se trata de qué tipo de atmósfera quiere tolerar el fútbol alrededor de su selección nacional. Y de si está dispuesto a aceptar que un himno y una religión se conviertan en objetivo desde la grada.





