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FIFA exonera al árbitro de VAR Evans tras polémico gesto

La imagen duró apenas unos segundos en la retransmisión mundial, pero bastó para encender las alarmas. Antes del demoledor 7-1 de Alemania sobre Curazao en el Mundial, las cámaras enfocaron al equipo arbitral en el centro de vídeo de Dallas. Allí, el australiano Evans, oficial de VAR, apareció haciendo con la mano derecha un gesto que muchos identificaron de inmediato: un “OK” invertido, asociado en los últimos años a grupos supremacistas blancos.

Lo que pudo ser una simple mueca se convirtió en cuestión de horas en un asunto disciplinario. Organizaciones antidiscriminación señalaron la imagen, las redes sociales amplificaron la polémica y el nombre de Evans quedó bajo lupa en pleno torneo.

La investigación de FIFA

Con el ruido ya instalado, FIFA reaccionó. El organismo revisó las imágenes del centro arbitral en Dallas y abrió un análisis específico sobre la conducta del australiano, con un objetivo claro: determinar si el gesto vulneraba el Código Disciplinario de FIFA.

Tras el estudio del vídeo y del contexto, el veredicto fue contundente: no hay pruebas de que Evans haya infringido la normativa. Con esa conclusión, el árbitro queda libre de sanción y seguirá formando parte del grupo de colegiados del Mundial.

La decisión no se tomó en el vacío. Desde 2019, el gesto del “OK” ha sido incluido por la Anti-Defamation League en su base de datos de símbolos de odio, después de que grupos extremistas lo utilizaran como táctica de troleo y como guiño interno. Ese trasfondo explica por qué una imagen de segundos desató tanta preocupación.

La defensa de Evans

Evans no esperó a que hablasen solo las imágenes. El australiano, de 38 años, negó con firmeza cualquier intención de lanzar un mensaje, político o de otro tipo, con el gesto captado por las cámaras.

En un comunicado, explicó que se trata de un movimiento físico inconsciente, un hábito, no una señal premeditada. Subrayó que las imágenes posteriores del partido muestran cómo repite el mismo gesto en numerosas ocasiones mientras sostiene un bolígrafo entre los dedos, un detalle que para él refuerza la idea de rutina mecánica y no de símbolo codificado.

“El tratamiento que se ha hecho de este incidente no refleja quién soy”, lamentó en su mensaje. Añadió que comprende cómo se ha interpretado el gesto y expresó su pesar por ello, pero insistió en que no lo realizó “de forma consciente ni deliberada” con el significado que se le atribuye.

Para Evans, el contexto deportivo pesa tanto como el mediático: arbitrar en un Mundial es, dice, el mayor honor de su carrera, y su mirada sigue puesta en apoyar al resto de la plantilla arbitral hasta el final del torneo.

La presión de los organismos antidiscriminación

Mientras FIFA analizaba el caso, las organizaciones especializadas en la lucha contra la discriminación no se quedaron al margen. Fare, entidad que trabaja junto a FIFA y UEFA en cuestiones de racismo y odio en el fútbol, mostró su preocupación incluso antes del fallo oficial.

Según Fare, el gesto utilizado se asemeja claramente al símbolo de “white power” empleado en círculos de extrema derecha a nivel global. Esa lectura, respaldada por sus expertos, llevó a la organización a advertir del potencial impacto de una imagen así en la retransmisión de un Mundial, el escaparate más visible del deporte.

La inclusión del gesto en la base de datos de símbolos de odio de la Anti-Defamation League hace cinco años refuerza esa interpretación para los colectivos antidiscriminación, que ven en cada aparición pública del símbolo un riesgo de normalización.

Un aviso para el arbitraje en la era de la lupa global

La resolución de FIFA cierra el expediente sobre Evans, pero no la conversación de fondo. La escena en Dallas deja una lección evidente para el estamento arbitral: cada movimiento, incluso un tic nervioso con un bolígrafo, puede ser capturado, ampliado y reinterpretado en cuestión de segundos ante una audiencia planetaria.

En un Mundial donde cada gesto se analiza al detalle, los árbitros viven bajo el mismo foco que las estrellas del torneo. Evans seguirá en la cabina de VAR. La pregunta es cuánto tardará el fútbol en acostumbrarse a que, en esta era, no solo se revisan los penaltis y los fueras de juego, también las manos… aunque no toquen el balón.