logo

Federico Gatti y su incierto futuro en la Juventus

Federico Gatti sigue atrapado en una especie de limbo. El verano se le escurre entre rumores y llamadas que no terminan de concretarse, mientras su rol en la Juventus se encoge día a día. Porto apretó al final del mercado para llevárselo, pero el club turinés resistió. No por una fe inquebrantable en el central, sino por algo mucho más prosaico: la fórmula y las cifras de la operación.

El plazo para inscribir las listas de la UEFA Champions League ya ha expirado. Ese tren se fue. Sin embargo, en algunos mercados la ventana de fichajes sigue abierta, y ahí es donde el nombre de Gatti continúa circulando. Según Alfredo Pedullà, en la Juventus no veían imposible su salida. El problema no era tanto dejar marchar al jugador, sino encontrar un acuerdo que realmente les compensara.

Mientras tanto, la jerarquía interna se ha movido en su contra. La llegada de Jhon Lucumi lo ha empujado aún más abajo en el orden de preferencias. Gatti lo sabe. Y está dispuesto a irse. Necesita minutos, continuidad, un lugar donde no viva pendiente de la pizarra del entrenador para saber si existe o no en los planes del fin de semana.

Una posibilidad pasa por cambiar de continente. El defensa podría aceptar un traspaso a Emiratos Árabes Unidos para volver a sentirse importante, para jugar con regularidad, aunque eso suponga alejarse del escaparate europeo. Es un salto que muchos han dado en los últimos meses, seducidos por los contratos y por la promesa de ser piezas centrales de proyectos emergentes.

Lo que sí parece haberse caído es una vía concreta: Al-Sadd. El club catarí llevaba un año intentando cerrar la llegada de Alessio Romagnoli y, por fin, ha alcanzado un acuerdo con Lazio y con el propio jugador. El central italiano ya ha volado para pasar los exámenes médicos. Con Romagnoli en camino, el hueco que podía haber para Gatti en ese destino prácticamente desaparece.

Lazio, por su parte, ya se había adelantado a este escenario. El conjunto biancoceleste había cubierto la marcha de Romagnoli y de Mario Gila con las incorporaciones de Danilho Doekhi y Josip Sutalo, moviendo fichas en defensa con cierta antelación. Ese juego de dominó en las zagas europeas deja a Gatti en una posición incómoda: muchos movimientos, pocas certezas para él.

Queda la sensación de que, sin estar al nivel de los intocables de la Juventus, Gatti merecería algo más de peso en la rotación. Sobre todo si se tiene en cuenta el historial físico de Gleison Bremer, al que el club debería administrar con más cuidado. El margen de maniobra en la plantilla no es infinito: perder a un central sin poder reemplazarlo exigiría una apuesta muy fuerte por parte de la directiva.

La Juventus cuenta con un lateral más fiable que en etapas recientes, Zeki Celik, y eso abre la puerta a utilizar a Pierre Kalulu como central con mayor frecuencia si el cuerpo técnico lo considera oportuno. Esa flexibilidad táctica ofrece una red de seguridad. Pero no resuelve el dilema de fondo: ¿vale la pena desprenderse de Gatti ahora, cuando ya no hay tiempo para encontrarle sustituto?

Para que la operación tenga sentido, la oferta tendría que ser realmente convincente. En lo económico y en lo deportivo. Hasta que aparezca, si es que aparece, Gatti seguirá en el mismo lugar incómodo en el que ha pasado todo el verano: en la plantilla, pero sin un sitio claro; en el mercado, pero sin destino definitivo. Y el reloj, aunque algunos mercados sigan abiertos, ya suena mucho más fuerte.