Everton y el futuro de sus bandas: McNeil se va y Ndiaye en duda
Durante buena parte de la temporada pasada, la pizarra de David Moyes era reconocible de memoria: Dwight McNeil por la derecha, Iliman Ndiaye por la izquierda. Dos nombres fijos, dos certezas en un equipo que se sostuvo muchas veces desde fuera hacia dentro.
Ese escenario está a punto de saltar por los aires.
McNeil tiene un pie fuera rumbo a Selhurst Park y Al Hilal ha puesto los ojos en Ndiaye. De golpe, las bandas de Everton, tan estables hace unos meses, se asoman al primer día de Premier con un aspecto completamente distinto.
Un vacío en las bandas… y pocas garantías
La posible marcha de McNeil no es nueva en Finch Farm. El extremo de 26 años ya estuvo a nada de convertirse en jugador de Crystal Palace a comienzos de febrero. Había acuerdo por un préstamo con opción de compra obligatoria que debía transformarse en un traspaso de 20 millones de libras este verano. Pasó el reconocimiento médico, hizo las maletas… y el fichaje se vino abajo por un problema con la documentación, frenado en los últimos minutos de mercado.
El golpe anímico fue tan evidente que su pareja, Megan Sharpley, lo expuso sin rodeos en redes sociales, criticando el manejo de la operación y el impacto emocional que tuvo en el jugador. Ahora, el movimiento resucita, esta vez con Brennan Johnson incluido en el intercambio, y la sensación es que el desenlace, salvo giro inesperado, acabará alejando a McNeil de Goodison.
Mientras, el futuro de Ndiaye también se enturbia con el interés de Al Hilal. Si el senegalés sigue el mismo camino, Moyes perdería de un plumazo a sus dos titulares por fuera. Y ahí empieza el verdadero rompecabezas.
Jack Grealish, la incógnita de lujo
El nombre que ilumina cualquier conversación sobre las bandas de Everton es Jack Grealish. El futbolista cedido por Manchester City la temporada pasada dejó 22 partidos de nivel notable, con un impacto especialmente fuerte en la primera mitad del curso. Se convirtió en referencia creativa, dio aire al equipo entre líneas y ofreció esa pausa que tanto se paga en la Premier.
Todo se cortó de golpe en enero, con una lesión en el pie que cerró su campaña de manera prematura. Desde entonces, una sola pregunta sobrevuela el vestuario: ¿volverá?
Un regreso es posible, pero hoy no está garantizado. Y esa falta de certeza obliga a Moyes a mirar hacia dentro del club, a rascar fondo de armario en busca de soluciones inmediatas.
Dibling, talento caro en transición
Tyler Dibling es el ejemplo perfecto de lo que ha sido un año de transición en Everton. Fichado el verano pasado desde Southampton por 40 millones de libras, aterrizó con el cartel de apuesta de futuro y potencial titular a medio plazo. La realidad fue más áspera.
Solo cuatro partidos como titular en Premier, muy pocos minutos consistentes y una presencia diluida, especialmente tras la llegada de Grealish, que le cerró aún más el paso. Pasó buena parte del curso en tierra de nadie, sin continuidad ni rol claro.
Ahora, con el panorama de las bandas abierto de par en par, Dibling deja de ser un proyecto lejano y se convierte en opción real. Caro, joven y con algo que demostrar. El contexto le empuja hacia el foco.
Tyrique George, el obrero que convenció a Moyes
Si Dibling simboliza la gran inversión a la espera de explotar, Tyrique George representa el perfil opuesto: el jugador que se ganó su sitio a base de trabajo silencioso.
Llegó desde Chelsea por 24 millones de libras tras un préstamo exitoso en Merseyside la temporada pasada. Disputó 11 encuentros con Everton, solo uno como titular, pero dejó huella donde más le importa a Moyes: en la actitud.
El técnico no escatimó elogios al final de esos primeros cuatro meses, definiéndolo como un “chico excelente con una ética de trabajo excelente”. Palabras que pesan cuando se trata de un entrenador tan exigente con el sacrificio sin balón.
George no parte con el brillo mediático de otros nombres, pero sí con algo igual de valioso: la confianza del entrenador. Si las salidas de McNeil y Ndiaye se confirman, no sería ninguna sorpresa verlo arrancar la temporada con un rol importante por fuera.
Merlin Rohl, la pieza versátil
En esa baraja aparece también Merlin Rohl, que ya ha actuado en banda en varios tramos de partidos. No es un extremo puro, pero su capacidad para ocupar diferentes alturas y perfiles le da a Moyes una carta táctica distinta.
Rohl puede ofrecer apoyo interior, ayudar en la salida y cerrar por dentro, algo clave si el técnico decide reforzar el medio y no apostar por dos extremos abiertos de forma permanente. No es la solución más vistosa, sí una opción funcional cuando el plan de partido exige control antes que desborde.
Un verano decisivo en Goodison
Así queda el paisaje: McNeil con un acuerdo reactivado rumbo a Palace, Ndiaye tentado por Arabia Saudí, Grealish en el aire, y un trío interno —Dibling, George, Rohl— llamado a dar un paso adelante.
Moyes se enfrenta a un dilema que marcará el arranque de la temporada: confiar en la evolución de sus jóvenes y recién llegados, o presionar al club para acudir otra vez al mercado y reconstruir las bandas desde fuera.
Lo que está claro es que Everton no podrá permitirse un vacío creativo en los costados. No en una Premier que castiga cada duda. No en un curso en el que, para este equipo, las alas pueden decidir si mira hacia arriba… o vuelve a mirar de reojo a la zona peligrosa de la tabla.




