El estreno de Glasner: Leeds amarga la nueva era del Forest
Oliver Glasner apenas había dado unos pasos fuera del túnel cuando quedó claro el peso de lo que tenía delante. Nuevo curso, nuevo técnico, mismas urgencias. Nottingham Forest presentaba a su quinto entrenador en menos de un año y el austríaco, con gesto serio, se plantó en el área técnica local como si quisiera memorizar cada rincón del estadio antes de que rodara el balón.
La “nueva era” duró hasta el minuto 88.
Entonces apareció Anton Stach, frío, decidido, para clavar un golpe franco ajustado al primer palo de Matz Sels y silenciar al City Ground. El alemán se había ganado la falta en la frontal tras una entrada torpe de Nikola Milenkovic. No dudó. Ejecutó rápido, con rosca y violencia. Sels llegó a tocarla con la manopla derecha, pero terminó enredado en su poste mientras, justo detrás de su portería, la grada visitante de Leeds estallaba en un grito que sonó a reivindicación.
Forest se quedó sin margen de reacción. Y sin estreno feliz.
Leeds marca el paso
El partido nunca fue un festival de ocasiones, pero Leeds mandó en casi todo lo que importaba. Más agresivo, más claro con balón, más amenazante cada vez que cruzaba la mitad del campo.
En la primera parte, Harry Wilson rozó el debut soñado. Controló dentro del área un pase filtrado de Jayden Bogle y definió con calidad, pero el asistente levantó el banderín. Fuera de juego. El tanto anulado no subió al marcador, aunque sí dejó un mensaje: la llegada del galés habla del tamaño de la ambición de este Leeds.
Tras el descanso, el guion no cambió demasiado. Forest se protegía, Leeds avanzaba. Tarik Muharemovic, fichaje de 34 millones de libras procedente de Sassuolo, se elevó en el segundo palo para cabecear con potencia hacia la escuadra. Sels, muy atento, sacó una mano izquierda firme para evitar el gol del bosnio en su debut. Fue una de las pocas veces en que el guardameta local salió realmente victorioso en la noche.
Muharemovic, eso sí, dejó huella en su propio campo. Integrado en una zaga de tres junto a Joe Rodon y Jaka Bijol, firmó una actuación sobria, dominante por arriba y sin estridencias con balón. Leeds construyó desde ahí una superioridad tranquila, sin necesidad de un asedio constante, pero siempre con la sensación de tener el partido donde quería.
Un Forest contenido y sin filo
Glasner, que decidió dejar de inicio en el banquillo a Ousmane Diomande —otro fichaje de 34 millones, esta vez desde Sporting— y a Xaver Schlager, buscó solidez antes que brillo. No la encontró del todo. Y tampoco encontró demasiadas llegadas claras.
La mejor secuencia de Forest llegó cerca del descanso. Ola Aina ganó línea de fondo por la derecha y colgó un centro tenso que Neco Williams atacó con decisión. El técnico austríaco aplaudió con fuerza desde la banda: por fin su equipo pisaba el área con algo de convicción. De esa acción nació una segunda oleada. James McAtee recicló la jugada con otro centro y, tras una serie de cabezazos encadenados entre Milenkovic y Jair Cunha, el balón se estrelló en el poste de James Trafford. Un susto serio, pero aislado. El portero de Leeds, por lo demás, pasó una noche relativamente tranquila.
Ese fue el problema de Forest: chispazos, nada más. Leeds les racionó las oportunidades en un estreno que dejó más dudas que certezas para el nuevo proyecto. Cada vez que el equipo local intentaba adelantar líneas, se encontraba con un muro bien organizado y con la amenaza constante de los visitantes al espacio.
En la banda, Glasner mascaba la frustración. Se le vio hinchar las mejillas cuando todos los jugadores de campo de Leeds corrieron a celebrar el gol de Stach en la esquina. Era la imagen perfecta del momento: un equipo que celebra un plan ejecutado hasta el final frente a otro que todavía busca reconocerse.
El pitido final congeló la escena. El fondo visitante, bañado por el sol del atardecer, celebraba a pleno pulmón. Las gradas del Forest, en cambio, llevaban minutos vaciándose, resignadas a un guion que ya conocen demasiado bien.
El consuelo, si es que lo hay, llega rápido: el martes espera un nuevo duelo ante Leeds en la Carabao Cup. Otra oportunidad inmediata para que Glasner demuestre que este tropiezo agónico fue solo un bache… o la primera señal de que la reconstrucción será más larga y áspera de lo que nadie en Nottingham quiere admitir.




