Dean Huijsen brilla en la caída del Madrid
Dean Huijsen, la nota alta en la primera caída del Madrid
En una noche espesa, de esas en las que el Real Madrid se estrella una y otra vez contra el mismo muro, apareció un central de 19 años para salir reforzado de la derrota. En La Cartuja, mientras el equipo se dejaba el primer partido de la temporada, Dean Huijsen aprobó con matrícula.
El conjunto blanco chocó sin descanso contra Vieites y contra su propia falta de colmillo. No encontró soluciones arriba, perdió colmado de frustración… pero atrás, en el corazón de la defensa, el joven central llegado desde Málaga se adueñó de la zaga con una autoridad impropia de su edad. Su actuación con el dorsal 4 fue uno de los pocos motivos para salir del estadio con algo de optimismo.
El peso del ‘4’ y un cambio de mentalidad
Según desvela el diario “Marca”, Huijsen ha dado un giro evidente en su carácter competitivo desde el inicio del curso. Se le ve más duro, más agresivo en el buen sentido, más hecho. Nada casual para un futbolista que se puso como reto estar a la altura del dorsal que heredó de David Alaba, un número que para él arrastra nombres pesados: Sergio Ramos, Fernando Hierro.
Antes de empezar el año, el defensa lo dejó claro: “Lo que tengo claro es que voy a darlo todo cada día, ya sea en los entrenamientos o en los partidos”. En Sevilla honró esa promesa al pie de la letra. El resultado fue decepcionante, su actitud no.
Candado a ‘Cucho’ y pulso con Antony
Su misión principal era clara: secar a Juan “Cucho” Hernández. Y lo hizo. Lo tuvo vigilado de cerca, casi a la sombra, negándole recepciones limpias en el área y cortando los balones que buscaban al colombiano entre líneas.
Betis insistió una y otra vez en encontrar a su goleador a la espalda del medio campo. Huijsen se anticipó con entradas precisas, leyó los pases, ganó metros al espacio y velocidad cuando tocó correr hacia su propia portería. Cada vez que “Cucho” trataba de girarse, se encontraba una bota blanca delante.
El partido también le dejó un duelo cargado de tensión con Antony. El brasileño, uno de los jugadores más desequilibrantes del cuadro andaluz, buscó el uno contra uno, el choque, el desborde. Huijsen no se arrugó. Ni un paso atrás, ni un gesto de duda. Firmeza, contacto, y un mensaje claro: por ahí no.
Mucho más que despejar balones
Su influencia no se limitó a los choques y a las coberturas. Lo que terminó de colocarle, junto a Arda Güler, en la cima del rendimiento madridista fue su atrevimiento con la pelota. Control limpio, cabeza fría para elegir el pase, criterio para romper líneas sin precipitarse.
No se escondió. Pidió el balón, asumió riesgos medidos y dio salida cuando el equipo se ahogaba en la circulación. En un Madrid plano, su toma de decisiones destacó.
Y todavía tuvo tiempo para rozar el papel de héroe inesperado. En el minuto 11, tras subir a rematar un córner, obligó a Vieites a intervenir con un disparo peligroso a bocajarro. En esa misma acción, su cabezazo se estrelló en el larguero. Centímetros. Nada más.
En la segunda mitad volvió a aparecer arriba: robo alto, conducción agresiva y un pase que estuvo muy cerca de convertirse en asistencia decisiva para Kylian Mbappé. Si esas dos acciones acaban dentro, el relato del partido cambia por completo.
Una sociedad en construcción con Konaté
A su lado, Ibrahima Konaté cumplió sin llegar a su nivel. El francés sacó adelante el trabajo defensivo, pero dejó la sensación de estar todavía lejos de su mejor versión, tanto con balón como sin él.
La pareja, por ahora, muestra una diferencia clara de ritmo y asentamiento. Huijsen parece instalado, creciendo partido a partido, cómodo en el contexto y en el rol. Konaté necesita minutos, continuidad, automatismos en el nuevo ecosistema blanco.
En un Madrid que en los últimos años ha tenido en la defensa uno de sus grandes talones de Aquiles, noches como esta dibujan un pequeño giro: Dean Huijsen se ha convertido en la gran ganancia atrás. Da seguridad, ordena, corrige. Y, sobre todo, transmite jerarquía.
Persiguiendo un sitio en la España de Luis de la Fuente
Cada partido empieza a sonar a reivindicación personal. Huijsen quiere recuperar su lugar en los planes de Luis de la Fuente tras quedarse fuera de la lista que levantó el último Mundial. No lo esconde con palabras, lo grita con actuaciones.
Actuaciones que evocan a sus referentes, que le consolidan como líder defensivo pese a su edad, que le ponen en el escaparate grande. Si mantiene este nivel, la pregunta ya no es si está preparado para el Madrid. La verdadera incógnita es cuánto tardará en convertirse en fijo también con la selección.




