David Moyes y su relación con el dueño de Everton: Sin conversaciones
David Moyes afronta uno de los capítulos más extraños de su larga relación con Everton. Lleva 20 meses de su segunda etapa en el banquillo de Goodison Park y, según él mismo admite, aún no ha tenido ni una sola conversación con el propietario del club, Dan Friedkin.
“¿Si he hablado alguna vez con él? No”, respondió, seco, ante los periodistas en la previa del duelo del domingo contra Manchester United. Ni en persona ni por teléfono.
Un dueño ausente y un club inquieto
Dan Friedkin, cabeza de The Friedkin Group, dirige el club desde Houston. Desde que completó la compra en diciembre de 2024 no ha estado en ningún partido en casa. Su figura, lejana y silenciosa, se ha convertido en el gran interrogante que sobrevuela a Everton.
El día a día recae en su yerno, Rishi Majithia, que trabaja en tándem con el director ejecutivo Angus Kinnear. Para Moyes, la cadena de mando está clara… aunque sea distante.
“Mi contacto real es Angus”, explicó. “Angus es al que voy a ver. Rishi es el siguiente y luego está el jefe de la familia Friedkin en América. No tengo conversaciones directas con ellos, las tengo a través de Rishi, él es con quien hablo”.
El problema es que la forma en la que se toman las decisiones ha quedado expuesta al límite durante un mercado de fichajes caótico, que ha encendido a una afición ya cansada de sobresaltos.
Armstrong, el punto de ebullición
La tensión estalló el pasado sábado en Bournemouth. En pleno partido, los seguidores de Everton se enteraron de que el club había aceptado una oferta de 40 millones de libras de Nottingham Forest por Harrison Armstrong, una de las grandes joyas de la cantera y pieza clave en la selección sub-19 de Inglaterra.
La reacción fue inmediata: enfado, cánticos contra la directiva, incredulidad en la grada. Horas después, el club se echó atrás y la operación se cayó. El daño, sin embargo, ya estaba hecho. La confianza en el palco, aún más erosionada.
Moyes, lejos de esquivar el tema, se alineó con el sentimiento de la grada. Recordó que el club “está gestionado por un Evertonian” y lanzó un mensaje claro: “Los aficionados no siempre se equivocan”.
Ventana cerrada, plantilla corta
El último día de mercado terminó de encender las alarmas. Beto fue traspasado a Fiorentina el martes, en pleno cierre de la ventana, sin que Everton hubiera asegurado un sustituto. El movimiento que debía llenar ese vacío, el fichaje del delantero estadounidense Folarin Balogun desde Monaco, se vino abajo en el último momento, también el martes, cuando el jugador decidió echarse atrás.
Resultado: Everton cierra el mercado con solo 18 futbolistas del primer equipo. Un solo delantero centro. Un solo lateral derecho. Un solo lateral izquierdo. Un equipo de Premier League con márgenes mínimos para lesiones, sanciones o bajones de forma.
Moyes no disimula que el club necesita orden interno. “Tenemos nuevos dueños que todavía están encontrando su sitio en el club. Creo que cuando nos conozcamos mejor, esto mejorará”, admitió el técnico escocés.
Compromiso total con Everton
Con este panorama, la pregunta era inevitable: ¿se ha planteado marcharse? Moyes fue tajante.
“Everton es diferente”, respondió. “No habría vuelto por nadie más que por Everton”.
El entrenador que llevó al club a varias clasificaciones entre los cinco primeros de la Premier League entre 2002 y 2013 no está dispuesto a abandonar ahora, cuando el club necesita reconstruirse por dentro y por fuera. Siente que su papel va más allá de la pizarra: debe intentar unir a una institución fracturada.
“Creo que este club ya ha tenido suficientes días en los que la gente encuentra la forma de levantarse”, dijo. “La gente vio la cara de los Evertonians la semana pasada y puede ser realmente poderosa. Espero que ahora lo sean”.
La afición, último sostén
Moyes sabe que la plantilla se ha quedado corta. Lo repite sin rodeos: necesitarán ayuda extra desde la grada.
“Poderosa para el equipo, poderosa para los jugadores. Vamos a necesitar algo más de ellos porque estamos justos, los necesitamos. Si no están con nosotros, es terrible. Y están con nosotros, creo que están con nosotros”.
Sin un dueño visible, con un organigrama todavía en construcción y un mercado que ha dejado más preguntas que respuestas, Everton se aferra a lo único que nunca ha fallado en Goodison Park: el ruido de su gente. La cuestión es cuánto tiempo aceptará esa gente seguir empujando mientras, en Houston, el propietario sigue sin cruzar ni una palabra con su entrenador.




