Crisis en el Real Madrid tras la eliminación en Champions
El silencio tras el 4-3 en Múnich duró poco. Ni el eco de los goles encajados se había apagado cuando Florentino Pérez bajó al vestuario de Real Madrid para poner palabras a lo que en el club ya se considera una temporada al borde del desastre.
El presidente entró serio, según desvela Diario Sport. Primero reconoció el esfuerzo en el Allianz Arena, donde el equipo cayó en la vuelta de cuartos de final de la Champions League y se despidió con un 6-4 global. Pero el tono cambió de inmediato. Del agradecimiento a la sentencia.
“Valoro vuestro esfuerzo de hoy, pero la temporada ha sido una verdadera decepción para todos”, lanzó, mirando a jugadores y cuerpo técnico. Y remató con una idea que resonó como un martillazo en el vestuario: una temporada sin títulos es un fracaso; dos, directamente, “intolerable”.
La factura de 180 millones
El enfado no nace solo de la eliminación en Europa. En los despachos arde otro tema: la inversión y su pobre retorno sobre el césped.
El club destinó cerca de 180 millones de euros en cuatro fichajes señalados como claves: Trent Alexander-Arnold, France Mastantuono, Álvaro Carreras y Dean Huijsen. En el partido más importante del curso, solo el lateral inglés fue titular. Mastantuono apenas apareció en el tiempo añadido. Carreras y Huijsen ni siquiera se levantaron del banquillo.
Demasiado dinero, muy poca influencia. Esa es la lectura que, según el entorno del club, empieza a incomodar seriamente a la cúpula. Las dudas ya no se centran solo en el rendimiento de los jugadores, sino en la propia estrategia de fichajes de los últimos meses.
El caso Endrick, otra herida abierta
A esa sensación de desajuste se suma la gestión de uno de los grandes proyectos del club: Endrick. Real Madrid pagó 60 millones de euros por la joya brasileña, llamada a marcar una época. En enero, sin embargo, el delantero hizo las maletas rumbo a Olympique Lyon, cedido tras la decisión del entonces técnico Xabi Alonso.
Ese movimiento, pensado para darle minutos y rodaje, hoy se mira con recelo. El equipo se quedó sin pólvora en los momentos clave, mientras uno de los grandes activos del futuro intenta crecer lejos del Bernabéu. Otra decisión que pesa en la evaluación interna de la temporada.
Arbeloa, solución puente
En el banquillo, la sensación es de interinidad permanente. La temporada se ha partido en dos entre Xabi Alonso y Álvaro Arbeloa, pero ninguno ha logrado reconducir al equipo hacia los títulos.
Arbeloa seguirá, de momento. Florentino Pérez quiere mantener al exdefensa hasta final de curso, pero en el club se interpreta como lo que es: una solución puente mientras se busca un entrenador de largo recorrido. El futuro del técnico, más allá del 24 de mayo, se da prácticamente por descartado.
La falta de identidad sobre el campo preocupa tanto como la ausencia de trofeos. Pérez lo subrayó con un detalle que escuece en la historia del club: en Múnich, Real Madrid presentó por primera vez en la Champions League un once inicial sin un solo jugador español. Un síntoma, para muchos dentro de la entidad, de un rumbo que se ha ido desviando del ADN tradicional.
Un ultimátum y seis partidos
Antes de abandonar el vestuario, el presidente dejó un último mensaje, más cercano a un ultimátum que a una arenga. Quedan seis jornadas de La Liga y, aunque el título parece escaparse, la exigencia no se negocia.
Pidió al grupo que “al menos terminen con dignidad esta temporada”. No es una frase menor. En el horizonte asoma un Clásico de alto voltaje ante Barcelona en el Camp Nou, el 10 de mayo, con el equipo a nueve puntos del liderato blaugrana. Antes, espera Alavés en el Bernabéu, un partido que ya se percibe como examen de carácter.
El recordatorio final de Pérez fue directo, sin envoltorios: ser jugador de Real Madrid es un privilegio, pero también una carga. “Todos quieren vestir la camiseta de nuestro club. Además de un privilegio, conlleva una responsabilidad y muchos de vosotros no la habéis cumplido. No habéis estado a la altura de las exigencias del club”, afirmó.
La frase quedó flotando en el aire mientras los jugadores se cambiaban en silencio. No hay títulos a la vista. No hay certezas en el banquillo. Queda solo una consigna desde el palco: salvar el orgullo en seis partidos… y evitar que esta temporada marque un antes y un después en la tolerancia del club al fracaso.



