Crisis en Rangers: entre la paciencia y el hartazgo
La afición de Rangers hierve. El empate del jueves por la noche ante Jagiellonia Bialystok y la caída al play-off de la Conference League han abierto una brecha evidente entre la paciencia y la frustración.
Entre la paciencia y el hartazgo
Jim, con seis décadas siguiendo a Rangers, pide calma. “Denle una oportunidad al técnico, Derek McInnes no está jugando deliberadamente a empatar o perder, un equipo necesita tiempo para acoplarse”, reclama. No espera milagros a estas alturas y recuerda haber visto equipos peores que el actual. Su voz suena casi a contracorriente en el clima actual de Ibrox.
Porque el tono dominante es otro.
Ronnie no se guarda nada: han sido eliminados por “un club del que nadie había oído hablar y que nunca se había clasificado para la Europa League”. Para él, eso retrata a la perfección el momento del equipo. Siente que el Rangers actual “parece peor que la temporada pasada” y carga contra las decisiones de McInnes: sus planteamientos y cambios solo aumentan la ansiedad en la grada. Los números le sirven de munición: cuatro partidos oficiales, ningún gol en jugada. “Eso ya lo dice todo”, remata, antes de lanzar una advertencia directa: si pierden ante St Mirren el domingo, muchos aficionados dejarán de ir.
Un equipo que no genera ni intimida
John habla de “otra actuación disfuncional”. Lo que más le inquieta no es solo el resultado, sino la forma: casi nula generación de ocasiones claras en lo que va de curso. “Es totalmente extraño”, resume. A esa anemia ofensiva se le suma una defensa que describe como “endeble”. El cuadro global le recuerda a un escenario que muchos en el club preferirían olvidar: “Todo tiene un inquietante aire a Russell Martin 2.0”.
Derek, otro aficionado, apunta al proyecto en su conjunto. Nuevo entrenador, fichajes, millones invertidos… y, a su juicio, el mismo nivel que el año pasado. “Los nuevos no son lo suficientemente buenos”, sentencia. Señala también la decisión de rechazar una gran oferta por Youssef Chermiti, ahora lesionado para toda la temporada, como símbolo de una planificación torcida. Para él, Rangers es en este momento “un cáliz envenenado”: sin once tipo, con constantes cambios y sin continuidad. Solo ve un consuelo: “La única gracia es que no estamos en la Champions League”.
Señalados el carácter y la calidad
Steven va al hueso. Habla de “desastre atrás” y de un equipo “inofensivo arriba”. No cree que falte solo acierto, sino algo más profundo: carácter. Cada pase le parece “seguro y previsible”, una descripción que encaja con el gol encajado ante Jagiellonia: tres defensores alrededor del atacante y aun así el rival marca. Para él no es cuestión de lesiones, sino de nivel: “simplemente, malos jugadores”.
Los datos que cita son demoledores: cuatro goles en lo que va de temporada, dos en propia puerta y uno de penalti. Nada desde el juego abierto. “Ni de lejos suficiente”, concluye.
Entre la llamada a la calma de los veteranos y la impaciencia de una grada que siente que el equipo retrocede, Rangers se asoma a un cruce decisivo: o reacciona de inmediato, o el ambiente en Ibrox puede volverse aún más áspero de lo que ya es en pleno mes de agosto.




