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La Copa Mundial de 2026: Entre emociones intensas y una crisis de legitimidad para la FIFA

Mientras Lionel Messi era elevado en el aire por sus compañeros tras la victoria contra Egipto, los jugadores egipcios caían al suelo derrotados. La escena parecía sacada de una película, con la pasión de los seguidores argentinos como banda sonora única. Esta Copa Mundial ha ofrecido tantos momentos así, donde las emociones han llegado a un punto extremo.

“No puedo mirarte”, dijo Lionel Scaloni, entrenador de Argentina, entre lágrimas. “Lo siento, estoy muy emocionado, qué grupo de jugadores, hermano, eso es todo... No puedo”.

Si bien el llanto de Messi resulta más comprensible por tratarse posiblemente de su último partido en un Mundial, Scaloni defendía su título como entrenador campeón del mundo. Y esto apenas era un encuentro de octavos de final.

Una intensidad que se contagia

Argentina no es novedad en cuanto a intensidad emocional en Mundiales, pero ahora ese sentimiento parece haberse contagiado a otros equipos, como Inglaterra. Ningún equipo ha pasado sin turbulencias, en contraste con la tranquilidad que mostraban selecciones como Alemania en 1990 o Brasil en 2002.

El partido Colombia-Suiza destacó por su calma, casi como si fuera de otra época, mientras que en este Mundial se han marcado 23 goles en octavos, un número alto comparado con los 15 de Alemania 2006.

Los jugadores parecen liberados de las rigideces tácticas de sus clubes y motivados por la gloria única del torneo. Cada partido se siente como un evento nacional, lleno de emoción y con un estilo de juego abierto que refleja ese espíritu.

Momentos inolvidables en el terreno de juego

Este Mundial ha sido brillante en muchos sentidos. Partidos épicos, como el México vs. Inglaterra con un marcador de 2-3, se suman a la leyenda, junto con las hazañas de Argentina y Messi.

Las sombras detrás del espectáculo

No todo ha sido fútbol puro y alegría. El caso de Folarin Balogun ha generado repulsa y puso en evidencia interferencias políticas ajenas al jugador. El entrenador egipcio Hossam Hassan expresó su frustración tras la derrota con Argentina, acusando injusticias y alegando que su equipo merecía avanzar.

“Todo es por dinero. Quieren que Messi siga en el torneo. En el fútbol, muchas cosas suceden fuera del campo por intereses. Lo que pasó fue injusto. Egipto merecía clasificarse. Hemos sufrido una injusticia.”

La anulación del gol de Mostafa Ziko fue especialmente polémica, ya que la falta previa parecía menor y lejos del área. Esto contrasta con la línea generalmente permisiva que ha tenido el arbitraje durante el torneo.

Probablemente, estas decisiones reflejan las inevitables inconsistencias arbitrales, exacerbadas por la interpretación variable según la cultura de cada país y la errática toma de decisiones.

La sombra de Donald Trump y la percepción de la FIFA

La crisis alrededor de Donald Trump ha hecho que mucha gente cuestione la integridad del torneo. Aunque la idea de que el Mundial sea un guion es absurda para muchos, crece la desconfianza y los memes lo reflejan, comparándolo con eventos como Wrestlemania.

Esto genera un problema real para la FIFA y su presidente Gianni Infantino, que ha recibido incluso pedidos de renuncia. La sospecha de corrupción afecta la legitimidad de la organización justo cuando el fútbol y la emoción del torneo dan una autenticidad palpable.

Un torneo condicionado por el poder económico

Curiosamente, la composición de los cuartos de final revela otro tipo de influencia. Seis de los ocho equipos son selecciones europeas ricas: Francia, España, Inglaterra, Suiza, Bélgica y Noruega.

El debate en Estados Unidos sobre su modelo «pay to play» (pago para jugar) resulta irónico cuando esas potencias europeas han industrializado la formación de talentos mediante inversiones masivas en entrenamiento, algo que EE.UU. no ha logrado replicar.

Por otro lado, Marruecos aparece como una fuerza emergente gracias a un proyecto estatal ambicioso, similar a lo que ha hecho Viktor Orbán en Hungría.

La FIFA redistribuye recursos para mejorar el nivel global, bajo la influencia de figuras como Arsène Wenger, aunque esto también tiene tintes políticos que pueden complicar las cosas. Todo parece sacado de una sátira política, lo que, honestamente, encaja con el carácter casi cinematográfico de esta Copa Mundial.