logo

Colombia avanza a octavos con victoria mínima sobre Ghana

Colombia ya está en los octavos de final del Mundial. El dato dice 1-0 ante Ghana en el Arrowhead Stadium. El partido cuenta otra cosa: fue un monólogo cafetero que terminó con un marcador corto, casi mezquino, para lo que se vio en Kansas City.

Un susto inicial y un golpe temprano

Ghana amagó con despertar el partido en el primer minuto. Thomas Partey encontró espacio, armó la pierna y su disparo salió rozando el palo. Fue un aviso… y también un espejismo. A partir de ahí, la selección africana se apagó.

Colombia tomó el balón, el territorio y el ritmo. Pagó un precio temprano: Jhon Córdoba se lesionó de la ingle y dejó el campo, visiblemente frustrado. Entró Luis Suárez, y el encuentro cambió de tono por esa banda derecha.

Ghana también perdió pronto a Marvin Senaya, sustituido por Alidu Seidu. Dos cambios forzados antes de que el reloj marcara el cuarto de hora, dos equipos reajustándose sobre la marcha.

La primera estocada llegó en el minuto 14. Suárez insistió, ganó línea de fondo por la derecha y sacó un centro tenso. Jhon Arias apareció completamente solo y guió el balón a la red con calma de veterano. Un gol sencillo en la ejecución, enorme en sus consecuencias.

El tanto dejó al descubierto las carencias de los Black Stars de Carlos Queiroz, que ya venían arrastrando un problema evidente: apenas dos goles en toda la fase de grupos. Con el marcador en contra, la falta de colmillo se hizo todavía más evidente.

Dominio cafetero, puntería ausente

Con el 1-0, Colombia se soltó. La grada, mayoritariamente amarilla, rugía en cada recuperación, en cada pared, en cada cambio de orientación. El equipo respondió con fútbol fluido, combinaciones rápidas y una presión alta que ahogó a Ghana.

Luis Díaz, referencia ofensiva y rostro reconocible del equipo, tuvo en sus botas el 2-0 en el minuto 39. Se encontró con una ocasión magnífica, perfil ideal, pero el remate salió mordido, desviado, como si el guion se negara a darle tranquilidad a Colombia.

El asedio no se detuvo. Ya en el tiempo añadido de la primera parte, Johan Mojica se elevó y conectó un cabezazo picado que llevaba destino de gol. Lawrence Ati Zigi voló y firmó una parada soberbia, la intervención que mantuvo con vida a Ghana cuando los números ya la condenaban.

Las estadísticas del descanso fueron un golpe de realidad para los africanos: ni un solo tiro a puerta y menos de la mitad de los 319 pases completados por Colombia. Y, sin embargo, el marcador seguía abierto. Demasiado margen para un partido tan inclinado.

Un segundo tiempo de ocasiones desperdiciadas

El guion no cambió tras el descanso. Colombia siguió mandando, pero empezó a complicarse la vida sola. Las ocasiones aparecían, el segundo gol no.

Díaz logró batir a Ati Zigi, pero el asistente levantó el banderín: fuera de juego. En otra acción clara, el delantero de Bayern Munich se plantó con ángulo para definir y terminó rematando directo al cuerpo del guardameta. Cada oportunidad fallada añadía una capa de tensión al ambiente.

Ghana, por su parte, nunca encontró la manera de responder. Ni una sola vez logró poner a prueba al portero colombiano. La etiqueta de equipo “falto de gol” dejó de ser estadística para convertirse en sentencia. Queiroz movió piezas, pero no cambió la naturaleza del partido: su equipo defendía como podía y atacaba casi por inercia.

Colombia, ya instalada en campo rival, empezó a jugar contra el reloj y contra sí misma. Faltó claridad en el último pase, serenidad en la definición, algo de malicia para cerrar la historia.

Juan Quintero, siempre peligroso de media distancia, rozó el 2-0 con un disparo potente que se marchó por poco. Otra ocasión que se fue, otro suspiro en la grada.

Clasificación merecida, aviso claro

El pitido final confirmó lo que el desarrollo del encuentro había anunciado desde muy temprano: Colombia avanza a los octavos de final del Mundial como última selección en sellar su billete. Lo hace con autoridad en el juego, pero con un resultado que deja una advertencia nítida.

Un solo gol bastó frente a una Ghana incapaz de generar un solo disparo a puerta. Bastó hoy. La pregunta es si alcanzará ante un rival de más colmillo.

El próximo examen será en Vancouver, el martes, frente a Suiza. Allí, el dominio tendrá que ir acompañado de algo más que buenas sensaciones y ocasiones desperdiciadas. En eliminatorias, el fútbol bonito se recuerda; la pegada, en cambio, decide quién sigue vivo.