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Cierre de mercado decepcionante para el Everton de Moyes

David Moyes salió del cierre de mercado con una verdad incómoda bajo el brazo: tendrá que “vivir con decepciones”. El técnico del Everton reconoció abiertamente que quería hacer mucho más en el último día de traspasos. El plan era ambicioso. El resultado, bastante más discreto.

El gran golpe que se le escapó de las manos fue Folarin Balogun. El delantero de Monaco llegó a pasar reconocimiento médico en la ciudad deportiva de Finch Farm, el acuerdo inicial con el club francés rondaba los 40 millones de libras y ambos clubes llegaron incluso a firmar la famosa deal sheet antes de las 23:00 BST para ganar tiempo y rematar la operación. Parecía hecho. Pero el delantero de 25 años, internacional con Estados Unidos, cambió de opinión a última hora y se marchó.

La operación ya venía torcida. Problemas detectados en el reconocimiento médico obligaron a Everton y Monaco a renegociar el acuerdo. Cuando todo apuntaba a un desenlace favorable, el jugador dio marcha atrás. “No fue culpa de nadie y, en última instancia, son cosas que pasan en el fútbol, el jugador tuvo un problema en el reconocimiento médico y eso fue simplemente todo”, explicó Moyes. “No hay otras historias detrás. Eso es exactamente lo que pasó”.

Balogun no era el único nombre sobre la mesa. El Everton tanteó a Joshua Zirkzee, de Manchester United, y a Tammy Abraham, de Aston Villa. Dos perfiles potentes, dos intentos serios… y dos negativas. Ninguno de los dos se dejó convencer para mudarse a Goodison Park.

El club sí cerró la llegada de Jack Grealish, cedido por una temporada desde Manchester City, un fichaje de alto impacto mediático que, sin embargo, llegó acompañado de una pérdida dolorosa: Iliman Ndiaye hizo el camino inverso rumbo al City en una operación valorada en 65 millones de libras. Una estrella menos en el frente de ataque de los Toffees.

Moyes admitió que la venta de Ndiaye, autor de 15 goles y 4 asistencias en 67 partidos de Premier League con el Everton, formaba parte del plan para generar recursos y reforzar la plantilla. “Buscábamos ingresar algo de dinero”, reconoció. “Perdimos a Iliman Ndiaye, alguien a quien definitivamente no queríamos perder, pero a veces es difícil cuando aparece un club como el Man City”.

El mercado tampoco fue sencillo en defensa. El Everton quiso incorporar a Kenny Tete, pero Fulham bloqueó la salida al no encontrar un sustituto adecuado. Otro objetivo que se escapó. Al menos, en el lateral derecho sí hubo una cara nueva: Ainsley Maitland-Niles llegó desde Lyon por 3 millones de libras, un refuerzo modesto pero necesario para la rotación.

Moyes no escondió su frustración: “Estoy decepcionado porque no hicimos más negocios y las cosas no salieron como queríamos al final. A veces en el fútbol tienes que vivir con decepciones y seguir adelante, y eso haremos”. El técnico también dejó caer cierta autocrítica: “Algunas cosas se pusieron en nuestra contra y otras podríamos haberlas hecho mejor. En última instancia, no queríamos perder a muchos de los distintos jugadores, pero por diferentes razones tuvo que suceder”.

El Everton cierra así un mercado extraño, con una estrella menos, varios objetivos frustrados y alguna incorporación de peso. El balón ya está en el césped. La pregunta es si esta plantilla, tal y como ha quedado, alcanzará para sostener las ambiciones de Moyes en una Premier cada vez más despiadada.