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Chelsea despide a Liam Rosenior tras racha histórica de derrotas

La paciencia en Stamford Bridge se agotó de golpe. Chelsea despidió este miércoles a Liam Rosenior después de menos de cuatro meses en el cargo, hundido por una serie de cinco derrotas consecutivas en la Premier League y un desplome que ha dejado una marca incómoda en la historia del club.

El 3-0 encajado ante Brighton & Hove Albion el martes, que el propio Rosenior calificó de “inaceptable”, terminó de dinamitar su breve etapa en el banquillo. Esa noche no solo se perdió un partido; se perdió la poca fe que quedaba en el proyecto inmediato.

La caída ha sido abrupta. Chelsea ha perdido siete de sus últimos ocho encuentros en todas las competiciones. Y lo más sangrante: encadena cinco derrotas ligueras sin marcar un solo gol, algo que el club no sufría desde 1912. Más de un siglo sin ver una racha así, rota de la peor manera posible.

Rosenior, de 41 años, había llegado en enero desde Strasbourg, el club francés vinculado a los propietarios estadounidenses de Chelsea, para tomar el relevo de Enzo Maresca y dar forma a otra reconstrucción en Londres. Apenas ha tenido tiempo de asentarse. Ni de imponer una idea reconocible. El marcador, implacable, ha dictado sentencia.

“Chelsea Football Club ha decidido hoy separar sus caminos del entrenador principal Liam Rosenior”.

El comunicado del club fue tan frío como contundente. Sin rodeos, sin adornos. Después, una frase que deja claro el nivel de exigencia: “Esta no ha sido una decisión que el club haya tomado a la ligera, sin embargo, los resultados y el rendimiento recientes han estado por debajo de los estándares necesarios con todavía mucho en juego esta temporada”.

La directiva entiende que aún queda terreno por disputar y objetivos por salvar. Pero la tendencia era insostenible. Cinco partidos de Premier League seguidos sin celebrar un gol, sin un atisbo de reacción real, han colocado al equipo en un escenario que la entidad no está dispuesta a normalizar.

Rosenior se marcha con la sensación de una oportunidad que se esfumó a toda velocidad, arrastrado por una dinámica que nunca logró frenar. Chelsea, otra vez, vuelve al punto de partida: un banquillo vacío, una temporada en marcha y una pregunta incómoda sobre su rumbo inmediato.