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Chelsea cae 0-3 en casa ante Nottingham Forest

Chelsea apenas había tocado el balón cuando ya estaba por detrás en el marcador. Nottingham Forest salió directo al cuello y, en su primera llegada clara, silenció Stamford Bridge: un centro perfecto desde la derecha, Taiwo Awoniyi ganando el segundo palo y un cabezazo implacable. Sin reacción posible. Gol en contra y un estadio atónito.

El golpe dejó aturdidos a los de azul. Intentaron asentarse, juntar pases, mover a un Forest replegado con disciplina, pero cada ataque chocaba contra una muralla roja. El bloque visitante se hundía cerca de su área y Chelsea no encontraba grietas. La única vez que lo consiguió, el destino se encargó de recordarle que no era su tarde: Enzo Fernández colocó el disparo, superó al guardameta, pero el balón se estrelló en la base del poste y salió despedido.

Y entonces llegó el castigo doble.

De ese disparo al poste nació una contra letal de Forest. Chelsea defendió con una pasividad alarmante, permitió correr metros y acabó concediendo un penalti infantil. Awoniyi sintió el tirón de camiseta de Malo Gusto y se dejó caer. El contacto existió, el delantero no perdonó la oportunidad de forzar la decisión arbitral. Desde los once metros, Igor Jesus no dudó: disparo potente, 0-2 y apenas habían pasado 15 minutos.

A partir de ahí, el guion quedó claro. Forest se abrochó el resultado, se hundió aún más atrás y convirtió cada metro en una batalla. Chelsea, pese a monopolizar la posesión, seguía sin generar verdadero peligro. Para colmo, cuando Gusto cayó derribado dentro del área rival en una acción muy similar a la del penalti anterior, el árbitro decidió mirar hacia otro lado. La sensación de agravio crecía en la grada.

En medio de ese panorama, un rayo de luz: Jesse Derry. En su primera titularidad con el primer equipo, el joven se convirtió en una de las pocas fuentes de creatividad de Chelsea. Pedía el balón, encaraba, se ofrecía entre líneas. Parecía su día. Hasta que el fútbol mostró su cara más cruel.

Poco antes del descanso, Derry sufrió un duro golpe en una acción dividida y quedó tendido en el césped. El gesto de sus compañeros lo decía todo. Entraron las asistencias, se detuvo el juego y el chico abandonó el campo en camilla, con una preocupante lesión en la zona de cabeza/cuello. El ambiente se heló.

De esa misma jugada, Chelsea rescató un penalti que ofrecía una puerta a la esperanza. Cole Palmer, casi infalible desde el punto de penalti a lo largo de su carrera, tomó la responsabilidad. Corrió, golpeó… y falló. Solo la segunda vez que no convierte desde los once metros. La maldición del poste se transformaba ahora en maldición desde el punto fatídico.

El descanso no cambió nada. El partido volvió con la misma inercia adversa. Y el marcador se ensanchó demasiado pronto. Awoniyi, de nuevo protagonista, recibió en posición muy ajustada y definió para el 0-3. Desde la grada y desde el banquillo de Chelsea se reclamó fuera de juego, la jugada parecía milimétrica, pero la decisión fue clara: gol válido. Otra losa más.

Con tres goles de desventaja y una montaña emocional encima, el encuentro se convirtió en un ejercicio de resistencia psicológica para Chelsea. Para colmo, pasada la hora de juego, Robert Sánchez tuvo que abandonar también el terreno de juego tras un golpe en la cabeza. Otro cambio obligado, otra preocupación médica en una tarde que empezaba a rozar lo grotesco.

El resultado ya estaba sentenciado, pero el equipo londinense siguió empujando por orgullo. João Pedro encontró por fin el camino del gol y celebró lo que parecía el 1-3. El alivio duró segundos: el tanto se anuló por un fuera de juego milimétrico. La palabra que flotaba en el ambiente era una sola: malditos.

El propio João Pedro se negó a irse sin dejar su huella. En el tiempo añadido, cuando el partido ya era una cuenta atrás hacia el pitido final, el brasileño conectó una espectacular chilena para firmar un tanto de puro talento. Un golazo, sí. Pero solo un consuelo estético en una noche marcada por los golpes, los errores y las lesiones.

El dato duele: casi diez horas sin marcar en liga, 566 minutos exactos, hasta esa chilena de João Pedro. Demasiado tiempo para un equipo que aspira a estar arriba. Demasiado castigo para una afición que ya mira el calendario con alivio: solo quedan cuatro partidos para cerrar una temporada que se ha hecho eterna.

Entre las pocas noticias positivas, el regreso de Levi Colwill, una pieza importante que el equipo necesita recuperar cuanto antes. En el lado opuesto, las ausencias por molestias de Pedro Neto y Alejandro Garnacho (mencionados en la previa) volvieron a dejar al conjunto corto de desequilibrio por fuera.

La situación de Jesse Derry se convierte ahora en una de las grandes preocupaciones del club. Sin novedades oficiales, solo queda esperar que el susto no se traduzca en algo grave para un futbolista que, en apenas unos minutos como titular, había demostrado personalidad y calidad.

En el horizonte aparece ya el siguiente examen, y no es menor: visita a Liverpool el sábado. Con la racha goleadora rota pero con la confianza en mínimos, Chelsea llega al tramo final del curso entre la necesidad de reaccionar y el deseo de que todo esto termine cuanto antes. La pregunta ya no es solo cómo acabará la temporada, sino qué quedará de este equipo cuando por fin baje el telón.