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Charlton vence en el derbi y presiona a Nuno

Charlton salió de Londres este fin de semana con algo más que tres puntos. Se llevó un 2-1 en casa de West Ham, mantuvo su inicio perfecto en la Championship y dejó al técnico local, Nuno Espírito Santo, bajo un foco cada vez más intenso.

En un London Stadium lleno, el equipo del sureste de la capital firmó un partido maduro, agresivo y, por momentos, implacable. West Ham, señalado como gran candidato al ascenso antes de empezar la temporada, volvió a arrancar mal. Y esta vez lo pagó.

Un capitán acrobático y un inicio demoledor

El encuentro apenas había tomado temperatura cuando Charlton golpeó. Minuto 7. Saque de banda largo de Sonny Carey, balón bombeado al área y control en el pecho de Lloyd Jones. El capitán, de espaldas a portería, se inventó una chilena precisa que superó a Mads Hermansen. Un gol de líder, un gol que retrató la falta de contundencia defensiva de los locales.

West Ham tardó en reaccionar. Manor Solomon probó desde la frontal y obligó a Billy Koumetio a intervenir con un buen despeje de cabeza a córner. Fue un aviso aislado más que una declaración de intenciones.

Charlton, en cambio, olía sangre. En el minuto 19, Miles Leaburn rozó el 0-2 con un disparo que se estrelló en el larguero, culminando una contra nacida del robo de Tyreece Campbell a Kyle Walker-Peters. Cada pérdida de West Ham en campo propio parecía una invitación a la tragedia.

Carey volvió a aparecer poco después, esta vez con una internada por la derecha que terminó en disparo al primer palo. Hermansen tapó bien, pero la sensación era clara: Charlton transitaba con peligro cada vez que robaba, y West Ham no encontraba freno.

Solo en el descuento del primer tiempo se asomó de verdad el conjunto de Nuno. Centro medido de Ollie Scarles desde la izquierda y cabezazo de Taty Castellanos, directo a las manos de Arthur Okonkwo. Demasiado poco para un aspirante al ascenso.

Campbell castiga, Piroe responde

Si West Ham necesitaba un impulso tras el descanso, recibió justo lo contrario. En el 56’, Konstantinos Mavropanos perdió el balón acosado por Leaburn en la salida. El error fue mortal. Campbell recogió el regalo, encaró y cruzó el disparo raso al palo derecho de Hermansen. 0-2 y un silencio denso en la grada.

El tanto liberó a Charlton y, paradójicamente, despertó al West Ham. La figura de Okonkwo, titular recién llegado cedido desde Wrexham, empezó a agrandarse. En la hora de partido voló para sacar con una mano un disparo de Joel Piroe desde la frontal. Poco después, Castellanos cabeceó de nuevo un centro de Scarles, esta vez rozando el poste.

La insistencia local ya era constante. Piroe, debutante cedido desde Leeds, empezó a encontrar espacios entre líneas. Primero falló un remate de cabeza a bocajarro que pudo cambiar el guion. Pero en el minuto 74 se desquitó: Castellanos armó el disparo dentro del área, Okonkwo rechazó como pudo y Piroe apareció con fuerza para mandar el balón a la red. 1-2 y un cuarto de hora de asedio por delante.

Okonkwo no se encogió. Al contrario. Poco después firmó una estirada espectacular para desviar por encima del larguero un disparo de Divine Mukasa, otro debutante, cedido esta semana por Manchester City. Cada intervención reforzaba la sensación de que Charlton había acertado de pleno con su nuevo guardameta.

Y aún así, los visitantes pudieron sentenciar. Joe Rankin-Costello se plantó con opción clara para el tercero, pero Hermansen aguantó y rechazó con las piernas. El partido se jugaba ya a golpes, sin red.

Un penalti al palo y un estadio en shock

El drama final llegó en el descuento. Centro al área, mano de Conor Coventry y Andrew Kitchen no dudó: penalti para West Ham. Oportunidad de oro para rescatar un punto y aliviar, aunque fuera mínimamente, la presión sobre Nuno.

Castellanos tomó el balón. Confianza total del técnico en su delantero. Carrera, golpeo… y el esférico se estrelló en la base del poste derecho. Okonkwo ya estaba batido, pero la madera dictó sentencia. El murmullo del estadio se convirtió en incredulidad.

Charlton aguantó los últimos segundos con oficio, cerró líneas y celebró un triunfo que vale mucho más que tres puntos: un inicio perfecto de temporada y una declaración de intenciones en campo de uno de los grandes favoritos.

Nuno, bajo presión; Nathan Jones, firme

Nuno Espírito Santo no escondió el peso del momento tras el encuentro. Admitió que el equipo “empezó mal otra vez” y que West Ham fue castigado en una acción que conocían bien del rival. Subrayó la falta de acierto “en las áreas” pese a la posesión y las ocasiones generadas, y fue claro sobre el contexto: dirigir a West Ham es “presión cada día”, más aún cuando 62.000 aficionados salen decepcionados.

El técnico defendió a Castellanos como lanzador de penaltis y dejó abierta la puerta a revisar esa jerarquía. Insistió en que el equipo repetirá y repetirá en los entrenamientos las situaciones en el último tercio para mejorar la definición. El mensaje es de resistencia, pero la tabla y el ambiente ya exigen respuestas inmediatas.

En el otro banquillo, Nathan Jones se movió en un registro muy distinto. El entrenador de Charlton pidió calma, recordó que este tipo de actuaciones deben ser “la norma” en liga, no una excepción de copa, y destacó la organización y el rigor táctico de los suyos, sobre todo en una primera parte en la que pudieron hacer aún más daño con mejores decisiones en el último pase.

Elogió a Lloyd Jones por su impacto en ambas áreas y dejó claro que le exige más goles porque domina los primeros contactos como pocos en la Championship. Sobre Campbell, subrayó que el gol refleja exactamente lo que trabajan con él en esos desmarques y definiciones. Y reservó palabras especiales para Okonkwo, al que calificó de “sobresaliente” y al que ve con una enorme ambición por triunfar en el club.

Charlton se marcha del London Stadium con pleno de victorias y un vestuario en plena confianza. West Ham, en cambio, se queda con la imagen del balón de Castellanos besando el poste y una pregunta incómoda flotando en el aire: cuánto tiempo más aguantará este proyecto sin que las victorias empiecen, por fin, a llegar.