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Celtic y Martin O’Neill: ¿fin de una leyenda?

En Celtic nadie discute que Martin O’Neill es una leyenda. La cuestión, a estas alturas, es otra: ¿debe marcharse antes de que los problemas se conviertan en una crisis abierta?

El técnico de 74 años ya dejó caer tras el 1-0 ante Rangers en Parkhead que se tomará un tiempo para pensar si ha llegado la hora de “poner punto final”. No fue una derrota cualquiera. Fue la segunda frente al eterno rival en apenas una semana, en un tramo de calendario que también dejó un 3-1 doloroso ante Ferencvaros en la Europa League.

Cada actuación ha inquietado más que la anterior. La grada del Celtic Park, acostumbrada a temporadas casi rutinarias de dominio, mira al resto del curso con una mezcla de miedo y resignación si nada cambia durante este parón internacional.

Un líder que no convence

Los números fríos dicen que Celtic empezó la defensa de su título de la Scottish Premiership con seis victorias consecutivas. El juego, no. Varias de esas actuaciones dejaron dudas, y la sensación de fragilidad terminó por explotar en Europa.

La caída en el play-off de la Champions frente a LASK fue una señal de alarma brutal: de ir 4-0 arriba en la eliminatoria a quedar fuera, 5-4 en el global. Ese derrumbe abrió un interrogante incómodo sobre O’Neill y sobre un vestuario que antes parecía blindado.

El golpe siguiente fue aún más duro para el orgullo del club. Una goleada encajada ante Rangers en la Scottish League Cup, seguida de otra actuación muy pobre frente a Ferencvaros en la Europa League, elevó la presión hasta el techo. Y cuando el equipo necesitaba una respuesta, llegó otra derrota: 1-0 ante Rangers, esta vez en casa, ante 60.000 aficionados.

Celtic encara ahora un parón de tres semanas como líder de la liga, sí, pero con solo dos puntos de ventaja. Podrían haber sido ocho. Esa es la diferencia entre un arranque sólido y un inicio que huele a oportunidad desperdiciada.

Un problema más grande que el banquillo

Señalar al entrenador siempre es lo más fácil. Pero el malestar en Celtic viene de más arriba.

La temporada pasada ya hubo protestas de aficionados contra el consejo de administración. No han desaparecido. Las dudas sobre la planificación deportiva del verano son constantes: calidad de los fichajes, momentos en los que llegaron, sentido del gasto.

El club invirtió fuerte antes de la eliminación en Champions con la llegada del fichaje récord Kasper Hogh y de Camilo Duran. Después, casi 20 millones más en Mika Baur, Haissem Hassan y Joel van den Berg antes del cierre de mercado, además de otras incorporaciones tardías.

O’Neill aún busca cómo encajar a todos. Sigue probando combinaciones en el medio campo sin encontrar una que funcione. Ante Rangers, el domingo, fue un volantazo: renunció a los extremos, alineó cinco defensas y adelantó a Kieran Tierney. El resultado fue el mismo. Equipo plano, sin filo, sin respuesta.

Celtic ha ganado 14 de las últimas 15 ligas sin reemplazar siempre a sus grandes ventas con jugadores del mismo nivel. Parte de la afición ve ahí el germen de una complacencia peligrosa en el consejo. El problema es que ahora el contexto ha cambiado: Rangers y Hearts ya no son meros comparsas.

El club ha gastado mucho este verano, pero muchos hinchas temen que solo una temporada sin títulos haga llegar con fuerza el mensaje que llevan tiempo lanzando: el dinero en la cuenta no marca goles; los jugadores adecuados en el césped, sí.

El peso de un mito

En Escocia todo puede cambiar en cuestión de semanas. O’Neill lo sabe mejor que nadie.

La pasada campaña regresó dos veces como técnico interino y logró estabilizar un barco que hacía aguas para terminar levantando un doblete de liga y copa que pocos veían posible. Ese éxito le empujó a una decisión sentimental: aplazar la jubilación y aceptar el reto de volver a Parkhead de forma permanente, 21 años después de su primera etapa.

Su primera era en Celtic fue demoledora: siete grandes títulos y una final de la UEFA en 2003. Aquel equipo era una roca, durísimo de batir. Justo lo contrario de lo que se puede decir del actual.

La relación con la grada sigue siendo profunda. Los hinchas adoran a Martin O’Neill. Pero incluso los más fieles empiezan a preguntarse si no ha llegado el momento de que sea él mismo quien cierre el círculo.

El irlandés ha tomado decisiones de enorme calado en las últimas semanas. Tras la derrota en Ibrox, reordenó el once para medirse a Ferencvaros. No funcionó. Frente a Rangers, de nuevo, más cambios. Tampoco. Los golpes tácticos no encuentran respuesta en el campo.

Pue de igualar el doblete de la temporada pasada. El calendario y la clasificación no lo impiden. Pero si no logra corregir rápido los desequilibrios de su plantilla, la amenaza es clara: un año en blanco y un legado que, por primera vez, se ve expuesto a la erosión.

Entre la alarma y la esperanza

Con tanto ruido, casi se olvida un dato clave: Celtic sigue arriba en la Scottish Premiership.

Tras el último revés ante Rangers, O’Neill aseguró en Sky Sports que “no hay tanta diferencia entre los equipos” y se agarró a la historia del club, convencido de que “demuestra que luchará para levantarse” tras una semana de turbulencias. Pidió perspectiva. “Es preocupante. ¿Es un desastre? No lo creo. Tenemos que repensar y resetear”, lanzó.

Tiene razón en algo evidente: la temporada no ha hecho más que empezar. Solo se han disputado siete de los 38 partidos de liga. En la Europa League aún restan siete encuentros por jugar. Hay margen para reconstruir el relato.

El calendario que viene no da tregua: visita a Motherwell el 11 de octubre, viaje a Lisboa para medirse a Benfica cuatro días después, choque directo con Hearts en Celtic Park el 18, duelo europeo ante Celta Vigo el 22 y dos citas más ante Hibernian y Dundee Utd antes de que termine el mes.

Ahí, en esas tres semanas frenéticas, se puede decidir mucho más que una racha. Se puede decidir si este Celtic de Martin O’Neill es solo el epílogo gris de una leyenda… o el último gran acto de resistencia de un técnico que siempre se sintió más cómodo bajo presión que en la calma.