Canadá y Paraguay buscan hacer historia en el Mundial
El 4 de julio se enciende el Mundial: Canadá reta a la Marruecos de élite y Paraguay se cruza con la máquina francesa
Canadá – Marruecos: el sueño contra la estructura
Día de fiesta nacional, clima de eliminatoria y un detalle nada menor: Canadá vuelve a encontrarse con Marruecos en una Copa del Mundo, cuatro años después de aquella derrota 2-1 en la fase de grupos de Qatar 2022. El escenario ahora es Houston Stadium, y el contexto es completamente distinto.
Canadá llega a estos octavos de final con algo que antes no tenía: memoria reciente de éxito. Nunca había ganado un partido de eliminación directa en un Mundial. Ya lo hizo. Nunca había pasado de fase con verdadera autoridad competitiva. Ahora lo ha conseguido tras un ciclo que la llevó hasta semifinales de la Copa América 2024 y que ha consolidado la mano de Jesse Marsch.
El camino, eso sí, ha sido todo menos lineal. Empate gris ante Bosnia y Herzegovina, un 6-0 demoledor frente a Qatar para asegurar el boleto y un tropiezo incómodo ante Suiza en el cierre del grupo. Cuando la presión asomaba, Canadá respondió con carácter: 1-0 sufrido a Sudáfrica, decidido por un gol tardío de Stephen Eustáquio, para meterse en esta ronda.
El ataque canadiense tiene nombres que asustan sobre el papel: Jonathan David, Cyle Larin, Tajon Buchanan. Ninguno ha encadenado aún un torneo redondo. Chispazos, sí; continuidad, no. Contra una Marruecos armada para llegar muy lejos, Marsch necesita que los tres se comporten como referentes, no como promesas intermitentes.
Y luego está la gran incógnita: Alphonso Davies. El lateral de Bayern Munich reapareció recién ante Sudáfrica, entrando en el minuto 75 tras su lesión muscular. Volvió a pisar césped mundialista, pero sigue en duda para ser titular por esa persistente molestia en el isquiotibial. Si no está al cien por cien, Canadá pierde velocidad, desequilibrio y una salida limpia desde atrás que cambia partidos.
Al otro lado, Marruecos se presenta como lo que es: candidata seria al título. Lo ha respaldado en el campo. Firmó un 1-1 de enorme autoridad ante Brasil, con largos tramos en los que fue claramente superior. Después manejó con oficio sus dos siguientes citas de grupo: 1-0 a Escocia, 4-2 a Haití. Equipo sólido, maduro, con gol y con memoria de semifinalista en Qatar 2022.
El choque de dieciseisavos ante Países Bajos fue, hasta ahora, uno de los grandes partidos del torneo. La Oranje golpeó primero, contra el desarrollo del juego, pero Marruecos no se descompuso. Dominó, empujó y encontró el empate en el descuento con un tanto del central Issa Diop, que cambió su nacionalidad deportiva de Francia a Marruecos justo antes de la lista definitiva. Después de controlar casi todo el encuentro, resolvió en la tanda de penaltis. Personalidad pura.
Esta versión marroquí no solo mantiene el nivel de 2022; lo ha elevado. Ismael Saibari, tres goles en la fase de grupos, llega lanzado tras cerrar su traspaso de PSV Eindhoven a Bayern Munich en plena competición. Achraf Hakimi, de Paris Saint-Germain, sigue siendo uno de los mejores laterales derechos del planeta, un puñal constante por banda. Brahim Díaz aporta desequilibrio desde el costado en Real Madrid y lo traslada a la selección, mientras que el joven Ayyoub Bouaddi se ha confirmado como uno de los mediocentros más prometedores del torneo.
El favoritismo es claro. Marruecos domina los pronósticos, el ritmo y, hasta ahora, los partidos. Canadá, que perdió el privilegio de jugar en casa al no ganar su grupo, se aferra a otra ventaja: la marea roja que se espera en Texas, una hinchada que ha crecido al mismo ritmo que el equipo.
La clave táctica parece obvia: si Davies no arranca o no está pleno, Hakimi tendrá autopista por el costado derecho. El lateral de PSG, que ha disputado todos los minutos de los cuatro encuentros marroquíes, es el jugador a seguir. Si encuentra espacio para correr, centrar y pisar área, Canadá necesitará algo más que fe para sostenerse.
La pregunta es sencilla y brutal: ¿puede este Canadá, todavía en construcción, derribar a una Marruecos que ya se comporta como selección de élite mundial?
Francia – Paraguay: el muro ante la tormenta
Horas después, en Philadelphia Stadium, la atmósfera cambia de tono pero no de intensidad. Calor extremo, noche pesada y un duelo que enfrenta dos mundos: la Francia diseñada para ganar el título y una Paraguay que llega a base de resistencia, orden y golpes inesperados.
La Albirroja se ha especializado en desafiar la lógica. Empezó el torneo con un 4-1 durísimo ante Estados Unidos. Parecía el inicio de un adiós prematuro. No lo fue. Bajo la conducción de Gustavo Alfaro, Paraguay se rearmó desde lo que mejor conoce: disciplina defensiva, bloque compacto, solidaridad sin balón.
La primera gran sacudida llegó en fase de grupos: 1-0 a Türkiye, jugando con diez hombres toda la segunda parte. Un ejercicio de supervivencia. La segunda fue aún mayor. En los dieciseisavos, Paraguay firmó la sorpresa más grande del Mundial al eliminar a Alemania en los penaltis tras un 1-1 agónico en 120 minutos. Alemania tuvo la pelota, pero casi nunca el filo. Paraguay tuvo el plan, y lo ejecutó.
El corazón del equipo está en su mediocampo y en su zaga. Matías Galarza se ha convertido en uno de los nombres propios del torneo. Terminó su cesión en Atlanta United justo antes del Mundial y ha respondido con jerarquía: asistencia en el gol de Julio Enciso ante Alemania, penalti convertido en la tanda y tanto decisivo ante Türkiye. Impacto total en los momentos clave.
La línea de atrás también ha estado a la altura del desafío. José Canale, Gustavo Gómez, Juan Cáceres, Júnior Alonso y el guardameta Orlando Gil han sostenido el plan con una solidez que explica por qué Paraguay está en octavos. Pocas concesiones, mucha concentración, cero concesiones al espectáculo gratuito.
Ahora, sin embargo, se asoma un rival de otra dimensión. Francia no tiene fisuras en el papel. Ni una. Kylian Mbappé suma seis goles en este Mundial, producto de tres dobletes. El único encuentro en el que no marcó, ante Noruega, repartió dos asistencias. Está en modo depredador, con la vista puesta en el récord de goles mundialistas de Lionel Messi.
Pero el verdadero salto de calidad de esta Francia no pasa solo por Mbappé. La transformación llegó cuando Ousmane Dembélé encendió motores. Nunca había marcado en un Mundial antes de este torneo. Rompió la barrera ante Iraq, con un gol y una asistencia. Después firmó un hat-trick contra Noruega y volvió a asistir en el 3-0 frente a Suecia en los dieciseisavos. Con espacio, es devastador; sin él, su regate y su cambio de ritmo abren grietas donde parece no haberlas.
Detrás de ellos, el talento se desborda. Michael Olise se ha ganado, con argumentos, la etiqueta de uno de los mejores organizadores del campeonato. Cinco asistencias, una influencia constante en el juego entre líneas y la sensación de que cada balón que pasa por sus pies puede convertirse en ocasión. Desde la banda, Bradley Barcola aporta desborde y amplitud, estira defensas y genera los huecos que aprovechan las estrellas.
Paraguay sabe lo que le espera. Para volver a sorprender, deberá firmar su mejor partido defensivo del torneo. Mejor que ante Türkiye. Mejor que ante Alemania. Mantener la concentración ante Mbappé, Dembélé, Olise y compañía durante 90 o 120 minutos roza lo imposible. Pero la historia de este Mundial ya demostró que lo imposible, a veces, solo es una palabra.
El factor climático añade una capa extra de incertidumbre. La ola de calor que castiga la Costa Este puede castigar también las piernas y la cabeza. Un bloque que corre siempre detrás del balón sufre más en esas condiciones. Un equipo que maneja la posesión puede bajar el ritmo, elegir sus momentos, dosificar esfuerzos. Ahí, Francia parte con ventaja.
En este escenario, el jugador a seguir vuelve a ser Olise. Con Paraguay replegada en un bloque bajo, bien ordenado y compacto, hará falta una visión de juego de élite para encontrar el pase que nadie ve. El mediapunta de Bayern Munich ha sido el hilo conductor de casi todo lo bueno que ha hecho Francia en ataque. Si encuentra su zona de confort, la muralla paraguaya corre serio riesgo de resquebrajarse.
El 4 de julio, en medio de banderas, aniversarios y calor sofocante, el Mundial ofrece dos historias opuestas: la de una Canadá que quiere acelerar su crecimiento a base de golpes gigantes, y la de una Paraguay que pretende seguir desafiando al poder establecido. Marruecos y Francia, mientras tanto, juegan con otra presión: la de confirmar que este torneo, para ellos, no admite pasos atrás.



