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Bristol City y el futuro de Alex Scott: un traspaso millonario

En Bristol siguen de cerca cada movimiento de Alex Scott, aunque ya no vista de rojo. No es nostalgia. Es negocio.

El propietario de Bristol City, Steve Lansdown, ha dejado claro que el club de Championship saldrá ganando si AFC Bournemouth acaba vendiendo al centrocampista, convertido ya en uno de los activos jóvenes más cotizados de la Premier League.

Scott llegó a Bristol City en diciembre de 2019 desde el modesto Guernsey FC, del fútbol no profesional. Una apuesta de formación que el club convirtió en un traspaso de alrededor de 25 millones de libras cuando lo vendió a Bournemouth tres años y medio después. Ahora, esa operación puede tener una segunda vida.

El internacional sub-21 con Inglaterra ha brillado en la élite y ha llamado la atención de gigantes como Chelsea y Arsenal. El mes pasado, Bournemouth rechazó una oferta de 64 millones de libras de Chelsea. El mensaje oficial es contundente: Scott no está en venta y tiene contrato hasta 2028. El jugador, sin embargo, ya ha rechazado una nueva propuesta de renovación.

En Bristol, mientras tanto, saben lo que hay firmado.

"Nunca dejaríamos salir a un jugador sin una cláusula de plusvalía", explicó Lansdown a BBC Guernsey.

La referencia no es solo Scott. El propietario recordó el caso de Antoine Semenyo, traspasado también a Bournemouth y posteriormente vendido a Manchester City, otra operación de la que Bristol City se ha beneficiado gracias a un acuerdo similar.

Lansdown no quiso desvelar el porcentaje exacto de la cláusula de venta futura acordada con Bournemouth por Scott. Pero el mecanismo es conocido: suele ser un porcentaje del beneficio que obtiene el club vendedor. Si, por ejemplo, City tuviera un 20% de plusvalía y Bournemouth lograra los 80 millones de libras que se manejan como precio objetivo, el club de Championship podría ingresar hasta 11 millones.

Una cifra que cambiaría el paisaje financiero en Ashton Gate. Ese dinero empujaría con fuerza el objetivo declarado de Lansdown: ver a Bristol City pelear por los puestos de play-off de ascenso al final de esta temporada.

El magnate, que construyó su fortuna con la firma financiera Hargreaves Lansdown, asumió la presidencia de Bristol City en 2002, cuando ya era el accionista mayoritario. Años después, en 2012, tomó también el control de Bristol Rugby, al que llevaba tiempo financiando, y unificó ambas entidades bajo el paraguas de Bristol Sport. Un proyecto multisede, una misma casa: Ashton Gate.

Ahora busca algo más que estabilidad. Busca socios.

"He dejado perfectamente claro que estoy buscando inversión en Bristol City, ya sea para ir junto a mí o, básicamente, para que en algún momento me releven", admitió.

Las conversaciones existen. Nada cerrado, pero el escenario está abierto.

Lansdown no disimula la tensión permanente en la gestión de un club de fútbol moderno. Por un lado, la grada, que pide fichajes, ambición, resultados. Por otro, las cuentas, que exigen equilibrio, control y capital fresco.

"El fútbol es un gran negocio y, si queremos estar en lo más alto, necesitamos esa inversión", subrayó.

La ecuación es sencilla y brutal: sin inyección de capital, es casi imposible competir con los gigantes. El propio dueño lo resume con crudeza: el nivel de capital que se introduce en el club marca, en buena medida, hasta dónde se puede llegar.

Por eso cada nombre cuenta. Cada cláusula. Cada plusvalía.

Si Bournemouth termina cediendo y vende a Alex Scott a un club todavía más grande, en Bristol no solo aplaudirán su progresión deportiva. Verán en ese traspaso una oportunidad para acercarse un poco más a ese objetivo que lleva años persiguiendo Lansdown: escuchar el himno de la Premier League sonando como local en Ashton Gate.