Bojan Miovski salva a Rangers en el último minuto
Cuatro minutos pueden parecer una eternidad en fútbol. En Ibrox lo comprobaron todos.
Rangers se asomaba al abismo cuando el reloj se acercaba al 90 ante St Mirren. Los abucheos ya bajaban en cascada desde las gradas, cientos de aficionados habían emprendido la retirada, hartos de una segunda parte deshilachada, sin control ni colmillo. El ambiente olía a tropiezo, a crisis ruidosa a las puertas de un doble duelo con Celtic.
Entonces apareció Bojan Miovski.
Un control, un remate limpio y, de golpe, el estadio cambió de piel. El gol en el tiempo añadido no solo salvó tres puntos; desató escenas de celebración desmedida, más propias de una final de copa que de un partido de liga en septiembre. Jugadores, cuerpo técnico, suplentes: todos en una piña, todos conscientes de lo que acababan de evitar.
Un grito de alivio… y una advertencia
La importancia del tanto de Miovski es enorme. En Perth, Celtic había cumplido con lo suyo, derrotando a St Johnstone por el mismo marcador para mantener su pleno de victorias en liga. Rangers estaba a segundos de quedarse a siete puntos del vigente campeón tras apenas seis jornadas. Un mundo.
Ese gol no solo mantiene la distancia en un margen razonable. Evita que el equipo de Derek McInnes llegue desfondado anímicamente al cruce de cuartos de final de la Premier Sports Cup del domingo ante el Celtic de Martin O'Neill y a la visita a Celtic Park en liga una semana después. Dos partidos que pueden marcar el tono de la temporada.
Los números fríos ofrecen cierto respaldo al técnico. Rangers encadena cinco partidos invicto en casa, con cuatro victorias seguidas desde aquella derrota ante Hibernian que disparó las dudas tras la eliminación europea. McInnes puede sacar pecho: seis triunfos en los últimos siete encuentros y solo un gol encajado, además en propia puerta.
Pero el contexto matiza el discurso. Desde el 5-1 a St Mirren en la League Cup hace un mes, todas las victorias han sido por la mínima. Señal de competitividad, sí. También síntoma de un equipo todavía en construcción, sin la autoridad que exige el escudo.
El propio McInnes lo admite. Ante BBC Scotland, el entrenador defendió el trabajo de los suyos, pero sin esconder las lagunas. A su juicio, Rangers dominó con claridad durante la primera hora, especialmente en una primera parte en la que “bateron” a St Mirren, generando ocasiones de sobra para sentenciar. El problema llegó después.
St Mirren se soltó durante un tramo largo del segundo tiempo, jugó con más fe, dio un paso adelante y obligó a Rangers a retroceder. En ese periodo, el conjunto local se vio atrapado en una cadena de malas decisiones con balón que alimentó la sensación de fragilidad. A 0-0, recordó McInnes, el rival siempre siente que puede sacar algo, sobre todo cuando ha sobrevivido a un asedio inicial sin castigo.
Celebraciones desatadas y una cuestión de carácter
Las imágenes del final no gustarán a todos, pero McInnes las defendió sin titubeos. Para él, un gol en el último minuto justifica esa explosión de emociones de jugadores, banquillo y grada. Preferiría no depender de ese tipo de desenlaces, claro, pero quiso subrayar el mérito de su equipo por insistir hasta el final.
El mensaje es claro: hay muchas cosas por pulir, pero mientras tanto hay que seguir ganando. Solo así, insiste, podrán aspirar a algo serio esta temporada.
Andy Halliday, excentrocampista de Rangers y ahora analista en BBC Radio Scotland, ve señales positivas en medio de la montaña rusa. Destacó el nivel del equipo en la primera mitad: agresivo, intenso, con una mejora evidente en el trabajo sin balón en los últimos partidos y con un volumen alto de ocasiones creadas.
El problema, según él, está en la falta de instinto asesino en los metros finales. Rangers llega, somete, pero no remata. Y cuando no rematas, te expones.
Halliday discrepa con McInnes en la lectura del segundo tiempo. A su juicio, St Mirren tuvo bastante más que esos 20 minutos de superioridad que señaló el técnico. Vio a Rangers perder el control del partido, precipitarse, volverse demasiado directo demasiado pronto. Esa “fuerza” algo desesperada, sin embargo, acabó siendo paradójicamente la vía del triunfo con ese balón largo que terminó en el gol de Miovski.
Miovski, de descartado a héroe inesperado
La búsqueda del gol se ha complicado por las bajas. Youssef Chermiti y Lawrence Shankland, los dos delanteros que arrancaron el curso como primeras opciones, siguen fuera por lesiones de larga duración. A eso se suma el golpe reciente: Daisuke Yokota, extremo japonés recién llegado, tendrá que pasar por el quirófano por un problema en la ingle.
En medio de ese panorama, Miovski ha pasado de quinto delantero en la rotación a salvador de la noche. Hace apenas unas semanas, su salida en el mercado parecía una posibilidad real. Hoy, su nombre vuelve a estar en la conversación.
“Es el fútbol”, resumió Halliday. Un jugador que parecía sentenciado firma un gol que puede cambiar su lugar en el vestuario y el rumbo inmediato del equipo. El exjugador no cree que Miovski vaya a ser titular ante Celtic, pero sí reconoce que, tras un tanto así, ha ganado peso en la mente de McInnes.
Hasta ahora, el entrenador ha apostado de inicio por Ryan Naderi y Kevin Kelsy, el fichaje de verano procedente de Portland Timbers. El plan giraba alrededor de ellos. Sin embargo, los números sostienen a Miovski: su ratio de goles por minuto en la Premiership se acerca al de Shankland, referencia ofensiva del equipo.
McInnes lo sabe y lo valora. Cuando llegó al club, celebró encontrarse con un delantero que conoce el campeonato, el entorno y el oficio del gol. Está convencido de que, con el acompañante adecuado y el contexto correcto, Miovski puede ser una pieza muy productiva.
Ahora, tras ese gol que levantó a Ibrox de la silla y alejó a Rangers del precipicio clasificatorio, la cuestión es otra: ¿será este el punto de inflexión que convierta a un recurso de fondo de armario en protagonista en los dos clásicos que pueden marcar la temporada?




