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Bayern domina a Stuttgart con un contundente 5-1

Bayern volvió a hacer de Bayern. Intensidad desde el primer minuto, cero concesiones y un ritmo que muy pocos en la Bundesliga pueden seguir durante 90 minutos. Stuttgart lo comprobó de primera mano en un 5-1 que dejó claro quién manda.

“Lo dimos todo desde el principio. Contra Stuttgart suele pasar que se caen un poco a mitad de la segunda parte y ya no tienen tanta energía. Hoy volvió a ser así. Y nosotros simplemente seguimos, no paramos nunca y siempre marcamos nuestros goles”, explicó Pavlovic en Sky nada más sonar el pitido final.

Del atrevimiento al castigo

VfB Stuttgart arrancó sin complejos. Valiente, bien plantado, con personalidad. Durante los primeros 15 minutos miró de tú a tú al campeón, discutió cada balón y se permitió incluso alguna incursión peligrosa.

Pero el pulso no duró demasiado.

A partir del cuarto de hora, Bayern apretó de verdad. Subió líneas, ajustó la presión y comenzó a encerrar a los suabos. El gol era cuestión de tiempo, y llegó en el minuto 21: Dayot Upamecano abrió el marcador y cambió el guion. A partir de ahí, el campeón jugó en su ecosistema favorito: por delante, con espacios por castigar y el rival obligado a correr detrás del balón.

Stuttgart aguantó el tipo hasta el descanso, pero el desgaste se notaba. Y aun así, al regresar de vestuarios, el partido se encendió de golpe.

Golpe, respuesta y derrumbe

Nada más empezar la segunda parte, Stuttgart encontró aire. Josha Vagnoman firmó el 1-1 en el minuto 52 y, por un instante, el choque pareció reabrirse. Un gol que premiaba el orgullo del equipo y que silenció por unos segundos la inercia bávara.

Duró muy poco.

La reacción del campeón fue inmediata, casi instintiva. Tres minutos después, en el 55, Michael Olise devolvió la ventaja a Bayern. Y el impulso de Stuttgart se convirtió en vértigo. En el 58, un infortunio: Vagnoman, héroe momentáneo, se marcó en propia puerta y el marcador se disparó al 3-1. En apenas seis minutos, el partido pasó de abierto a casi sentenciado.

Stuttgart ya no encontró fuerzas para volver a levantarse. Bayern, sí. Siempre.

En el tramo final, con el rival roto físicamente y mentalmente, el conjunto muniqués remató la faena. Pavlovic hizo el 4-1 en el 82 y Luis Díaz, en el 90+2, puso el 5-1 definitivo. Resultado abultado, pero coherente con lo que se vio en el césped: un equipo que no baja el ritmo contra otro que se quedó sin gasolina.

Undav, sin excusas: “Podrían haber sido ocho o nueve”

Mientras en Bayern se hablaba de intensidad y ambición, en Stuttgart tocaba autocrítica. El nuevo capitán, Deniz Undav, no se escondió ni un segundo.

“Si Fabi (Bredlow, portero del VfB) no hubiera tenido un día tan extraordinario hoy, aquí te caen ocho o nueve”, admitió con crudeza. “Ellos exprimen sus ocasiones hasta el final, mientras que nosotros tuvimos cuatro o cinco situaciones de las que podían haber salido ocasiones, pero en las que tomamos malas decisiones”.

Undav fue más allá al analizar el contexto de estos duelos: los dos partidos ante Bayern son “partidos bonus” en la temporada. Puntos que, en teoría, no entran en la cuenta obligatoria de un equipo como Stuttgart. Pero esta vez, ni siquiera ese consuelo le sirvió: “Por desgracia, se nos fue de las manos de forma tan clara”, lamentó el internacional alemán.

El apagón en el descanso y la claridad en el mensaje

El encuentro dejó incluso una escena curiosa al descanso. Stuttgart tuvo que lidiar con un problema inesperado: “se fueron las luces”, probablemente por un corte de corriente, tal y como confirmó el técnico Sebastian Hoeneß en Sky tras el partido.

“Ya no había luz, pero aún estaba lo bastante claro, podíamos vernos, no tropezamos. Así que todo estaba bien”, relató con calma. El problema no estuvo en la visibilidad, sino en el rendimiento.

Hoeneß no maquilló nada: “Tenemos que mejorar, sin duda. Bayern seguirá ganando a muchos otros equipos aquí, probablemente por un margen aún mayor que contra nosotros, pero aun así tenemos que tener la ambición de jugar mejor”.

Mientras en Stuttgart se habla de ambición y ajustes, en Múnich el mensaje es otro: no bajar la marcha, no conceder respiro y castigar cada mínima fisura. Si este 5-1 es un aviso temprano, la pregunta es quién será capaz de aguantarles el ritmo cuando la temporada entre en ebullición.