Australia cae 0-1 ante Egypt en un primer tiempo frustrante
Australia se marcha al descanso con una sensación amarga. El marcador dice 0-1 ante Egypt, pero el guion del partido cuenta algo distinto: los Socceroos han hecho más méritos, han generado más peligro y, aun así, se han castigado a sí mismos con una concesión barata a balón parado.
En la banda, el cuerpo técnico australiano no esconde la frustración con el arbitraje. “Por lo que entendemos, el árbitro da la ley de la ventaja, pero luego no vuelve atrás para amonestar al jugador. Decepcionante, pero tenemos que seguir y ser mejores en la segunda parte”, se escucha desde el banquillo. La sensación de agravio se mezcla con la autocrítica.
Porque el gol encajado duele. Y duele por la forma. “Estamos decepcionados por regalar un gol tan barato en una acción a balón parado; normalmente eso es un orgullo para nosotros. Salimos un poco tarde, quizá lo mantenemos en juego”, admiten. Un desajuste en la salida, una línea mal tirada, y Egypt encuentra el resquicio que buscaba. Demasiado premio para un equipo que, tras el 0-1, se ha dedicado a proteger el botín.
La reacción australiana, sin embargo, ha sido la de un equipo que se sabe superior con la pelota. “Para nosotros, se trata de mantener el balón. Cuando encadenamos cinco, seis, siete pases, empezamos a encontrar espacios. Si lo hacemos mejor en la segunda parte, no tengo dudas de que crearemos más ocasiones”, apuntan desde el vestuario. Y el césped les da la razón: cada vez que Australia combina con paciencia, aparecen los huecos entre líneas, los desmarques, las segundas jugadas.
El problema es que el reloj corre contra ellos. Y el añadido también. Que solo se hayan concedido cinco minutos extra en una primera parte con una pausa de hidratación de tres minutos, un gol y constantes pérdidas de tiempo de Egypt roza el escándalo. La gestión del cronómetro ha favorecido claramente a los Pharaohs, expertos en enfriar el ritmo, en estirar cada caída, en arañar segundos. Un elogio envenenado a la intensidad de los Socceroos: si el rival pierde tiempo, es porque se siente amenazado.
En lo futbolístico, el partido se ha inclinado hacia la portería egipcia. Antes y después del gol, la sensación es que el conjunto más cercano al empate –y al dominio territorial– es Australia. Las llegadas se suceden, las bandas producen, las segundas jugadas caen más cerca del área de Egypt que de la propia. Las ocasiones, tarde o temprano, vuelven a aparecer. La cuestión es si esta vez se transformarán.
El primer gran mazazo para Australia no llegó en el marcador, sino en la enfermería. Jordan Bos, uno de los futbolistas más dinámicos del equipo, se marchó lesionado. Se levantó con dificultad, intentó apoyar, pero acabó siendo cargado por dos asistentes, sin poder poner peso sobre su pierna izquierda. Una imagen preocupante, casi definitiva: todo indica que no reaparecerá tras el descanso. Y con él se va una de las principales armas ofensivas de los Socceroos.
En medio de ese contexto, el área de Egypt se convierte en un campo de batalla. En una acción dentro de la zona de castigo, un cabezazo forzado entre dos defensores termina con Rabia tocando el balón con el brazo. Es más el balón que busca el brazo que lo contrario, pero la escena enciende las protestas. El árbitro, Nestor, se señala su propio brazo, invitando a “echarle un vistazo”. Nada. Instantes después, Volpato cae derribado por Havez en el segundo palo. De nuevo, el colegiado deja seguir. Dos acciones polémicas en pocos segundos, cero intervenciones.
Mientras tanto, Salah se mantiene contenido, quizá condicionado por las molestias en el isquiotibial. No ha mostrado su versión más devastadora, pero su lectura del juego sigue intacta. Un desmarque al espacio, una carrera a la espalda de Souttar, un pase filtrado que parece medio gol. Ahí aparece Herrington, contundente en la cobertura, para apagar el incendio. Egypt vive de esos chispazos, de aprovechar el mínimo error.
Cuando el cronómetro marca el minuto 42, Australia vuelve a golpear la puerta. Behich encara a Hany en el último tercio, gana línea y provoca una jugada larga que desemboca en un saque de banda profundo. Circati se acerca, toma el balón con las manos y lanza uno de esos saques largos que son casi un córner. Irvine salta, Souttar también. Ninguno conecta, pero Herrington prolonga de cabeza hacia Irankunda. El joven talento no se precipita, devuelve a Behich y este arma el disparo. El portero egipcio se estira abajo, a su palo derecho, para evitar el empate. Ocasión clara. Aviso serio.
Casi sin tiempo para digerirla, Irankunda roza el gol en la siguiente jugada. Otra aparición en zona caliente, otra muestra de que Australia tiene recursos, piernas y valentía para darle la vuelta a la historia.
El descanso llega con el 0-1 y la sensación de que el partido sigue abierto, pero no eterno. Egypt ha demostrado que sabe sufrir, que sabe correr sin balón y que sabe exprimir cada interrupción. Australia, en cambio, tiene la pelota, la iniciativa y la obligación. Si los Socceroos convierten su circulación en precisión en el área, el duelo cambiará de dueño. Si no, este “gol barato” puede convertirse en una losa que pese mucho más de 45 minutos.



