Aurelio De Laurentiis defiende a Antonio Conte en Napoli
Aurelio De Laurentiis no se mueve un milímetro. Mientras los rumores sobre un posible adiós de Antonio Conte al banquillo de Napoli se multiplican, el presidente levanta la voz y marca territorio: el proyecto es de los dos, y no piensa ver cómo se deshace de la noche a la mañana.
Conte aterrizó en el Stadio Diego Armando Maradona en 2024 con una misión clara: reconstruir un equipo que había perdido chispa y hambre tras tocar el cielo. Lo hizo a su manera, con trabajo obsesivo, exigencia máxima y una idea fija de cómo debía competir su equipo. El resultado, inmediato: título de Serie A la temporada pasada y la sensación de que el campeón no fue un accidente, sino el inicio de un ciclo.
Para De Laurentiis, esa fuerza actual de Napoli lleva la firma del técnico de Lecce. Y precisamente por eso, el dirigente no contempla un escenario en el que Conte se levante un día y cierre la puerta por dentro.
“Antonio Conte es un hombre muy serio. Tiene un contrato conmigo. Nunca me abandonará en el último minuto”, afirmó el presidente, citado por *The Athletic*. “Porque eso crearía para Napoli un gran problema. Si se sacrifica después de dos años creando un Napoli muy fuerte… también es su creación. Así que ‘mataría a su bebé’, abandonándolo justo en el último minuto”.
La imagen es cruda, pero resume bien el pulso interno del club: Napoli se ve como una obra en construcción avanzada, no como un producto terminado listo para ser entregado a otro. Conte no solo dirige; moldea, corrige, rompe y vuelve a armar. Dejarlo marchar ahora significaría desandar un camino que ha costado demasiado construir.
Sin embargo, incluso un presidente tan firme reconoce el peso específico de la azzurra. El banquillo de la selección italiana no es cualquier tentación. Es prestigio, poder simbólico, escaparate mundial.
De Laurentiis no lo oculta: “O… decide inmediatamente y dice ‘me gustaría irme’”, añadió. “Entonces tengo tiempo durante abril y mayo para encontrar a alguien más que haga la sustitución. De lo contrario, no creo que el señor Conte abandone nunca Napoli. Es un hombre serio, profesional. Si yo fuera entrenador, antes de aceptar, lo pensaría 100 veces”.
Ahí aparece el verdadero mensaje: si Conte quiere irse, que lo diga ya. Nada de medias tintas ni decisiones de última hora. El presidente exige claridad para proteger la planificación deportiva, el mercado, el vestuario. El proyecto no puede vivir pendiente de un teléfono.
No es la primera vez este mes que De Laurentiis juega con esa delgada línea entre control y concesión. Durante la presentación en Los Ángeles del documental del club, “AG4IN”, el dirigente sorprendió con una frase que dio la vuelta a Italia: estaría dispuesto incluso a “prestar” a Conte a la selección.
“¿Conte a la selección? Sí, creo que se lo prestaría si me lo pidiera”, dijo entonces. Una declaración que sonó a provocación, pero también a maniobra política: mostrarse flexible sin perder el mando, abrir una puerta sin soltar la llave.
Mientras los debates se encienden fuera, dentro del vestuario el foco es otro. Conte sigue volcado en la temporada de Napoli, que se mantiene en la pelea alta de la Serie A. El equipo es segundo con 66 puntos en 32 jornadas, a nueve de un Inter Milan que no afloja. Seis partidos por delante. Seis finales para apretar al máximo al líder y evitar que el campeonato se convierta en un paseo nerazzurro.
El margen es escaso, el reto enorme. Pero Conte vive para este tipo de escenarios: persecuciones largas, vestuarios en tensión, detalles que deciden una liga. En el club lo saben y por eso el discurso oficial insiste en la estabilidad. No se habla de despedidas, se habla de remontadas.
El siguiente examen llega el sábado, ante Lazio. Un rival incómodo, un estadio caliente, un contexto perfecto para medir si Napoli mantiene la fe en la caza del líder o si empieza a mirar de reojo al verano y a las decisiones que se avecinan.
De Laurentiis ya ha marcado su postura. Ahora falta la respuesta que de verdad cuenta: la de Conte, en el banquillo y, más pronto que tarde, fuera de él.




