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Arteta se prepara para el derbi con buenas noticias y dos bajas importantes

Mikel Arteta encara el derbi londinense del domingo ante West Ham United con una certeza doble: casi todo su bloque está listo para competir de nuevo… pero las bajas de Mikel Merino y Jurrien Timber seguirán marcando la hoja de equipo.

El técnico despejó de entrada la gran duda: todos los futbolistas que participaron en la histórica victoria del martes frente a Atlético de Madrid, en la semifinal de la Champions League, estarán disponibles otra vez en el London Stadium. El grupo que firmó una noche europea para el recuerdo repetirá convocatoria. Sin matices.

Las malas noticias se concentran en dos nombres propios. Mikel Merino y Jurrien Timber continúan fuera de combate y ni siquiera entran en los planes para el fin de semana. Arteta fue tajante al hablar de ellos: no hay opción para que lleguen al derbi. Aún les queda “bastante” trabajo en sus respectivas recuperaciones y el margen para verles esta temporada se estrecha al máximo. Todo tendría que encajar a la perfección, sin un solo tropiezo físico, para que puedan arañar minutos antes de que baje el telón del curso.

En el caso de Merino, ya se asumía desde el primer diagnóstico que el parón sería largo. Lo de Timber, en cambio, ha dolido más por sorpresa. Ni el jugador ni el cuerpo técnico imaginaban una ausencia tan prolongada. Esa gestión emocional ha sido una de las tareas más delicadas para el entrenador: convivir con la frustración de un futbolista que se veía regresando mucho antes y que, a día de hoy, sigue sin estar en condiciones de jugar.

Mientras Merino y Timber miran el césped desde la distancia, Arteta sí puede aferrarse a una sociedad que vuelve a carburar en el momento clave: Bukayo Saka y Ben White. Ambos estarán de nuevo disponibles y su entendimiento por el costado derecho se ha convertido en una de las grandes armas del equipo desde que Saka regresó el mes pasado.

No es solo una cuestión táctica, es una cuestión de memoria compartida. Saka y White han acumulado años juntos, automatismos que se activan casi sin mirar. El técnico destaca precisamente eso: cuando han coincidido este curso, ha sido en contadas ocasiones por distintos contratiempos, pero cada vez que se juntan se nota una conexión limpia, natural, que desborda confianza. La banda derecha vuelve a sonar afinada.

El vestuario recupera piezas importantes y el banquillo, de repente, impone respeto. Arteta lo ve como un síntoma inequívoco de crecimiento. Basta comparar la calidad que ofrecía la segunda unidad hace un año con lo que mostró el otro día frente a Atlético: el salto es evidente. Ahora entra un internacional cuando antes entraba un parche. Ahora se decide partidos desde el banquillo, no solo se resiste el marcador.

En las últimas semanas, el cuerpo técnico también ha manejado los tiempos con más margen. Ha podido dosificar, dar aire a piernas cargadas, llegar a este tramo final con futbolistas más frescos. Y eso, en un calendario que no perdona, se convierte casi en un fichaje silencioso.

Arteta lo tiene claro: con la plantilla cerca de su plenitud física, las opciones de alcanzar el gran objetivo se disparan. El derbi ante West Ham será otra prueba de fuego. Pero, esta vez, la sensación es distinta: el equipo llega con cicatrices… y con casi todas sus armas sobre la mesa.