Arsenal prepara desfile de campeones el 31 de mayo
Arsenal ya prepara la fiesta. El club ha fijado el domingo 31 de mayo como fecha para un desfile de campeones por Islington si el equipo conquista esta temporada la Premier League, la Champions League… o las dos. El plan está trazado: la celebración llegaría justo un día después de la final europea en Budapest, donde los de Mikel Arteta sueñan con tumbar a gigantes como PSG o Bayern Munich y levantar por primera vez la gran copa continental.
Un autobús descubierto y una ciudad en vilo
El desfile, con el clásico autobús descubierto, llevaría a la plantilla hasta el Islington Town Hall para compartir el título con una afición que lleva años esperando un momento así. La ruta definitiva aún no está cerrada, pero el modelo está claro: en anteriores celebraciones, el recorrido partió del Emirates Stadium y atravesó Drayton Park, Aubert Park, Highbury Grove, St Paul’s Road y Upper Street antes de regresar al estadio.
Hay un matiz clave: el club maneja un horario de mañana o mediodía, no de tarde-noche. Es un detalle logístico, sí, pero también una declaración de intenciones: el día entero, reservado para Arsenal.
El desafío de volver de Budapest a tiempo
Ese horario convierte el viaje de regreso desde Budapest en una contrarreloj para miles de aficionados. La final de la Champions League está fijada para el sábado 30 de mayo. El club, aunque pudiera llegar a la cita ya como campeón de la Premier League, ha decidido concentrar todo en una única celebración tras la final europea. Nada de dos fiestas separadas. Un solo día, un solo grito.
La consecuencia es evidente: quien viaje a Hungría tendrá apenas unas horas para volver al norte de Londres. Vuelos nocturnos, conexiones ajustadas, aeropuertos saturados. Un peregrinaje exprés para estar de vuelta en Islington a tiempo de ver pasar el autobús.
La plantilla tampoco se libra del desgaste. El equipo no aterrizaría en Inglaterra hasta la madrugada del domingo, con pocas horas de sueño y el cuerpo aún sacudido por la adrenalina —sea de la gloria o del golpe— de una final de Champions.
Hay un pequeño alivio para todos: la final en Budapest arrancará a las 17:00, y no en el tradicional horario de las 20:00. Tres horas de margen que, en un fin de semana así, pueden marcar la diferencia entre ver el autobús desde la acera o seguirlo por el móvil.
Declan Rice enciende a la afición
En el vestuario, el mensaje es claro. Declan Rice no quiere una marea roja: quiere un océano. Arsenal dispone de una asignación de 16.824 entradas de admisión general para la final, pero el centrocampista inglés sueña con una invasión masiva de seguidores en la capital húngara, muy por encima de la cifra oficial.
Su llamamiento no deja lugar a la duda: pide que vayan “cientos de miles” de aficionados, que llenen Budapest de camisetas rojas, que conviertan una ciudad neutral en un feudo gunner. Rice insiste en que el equipo necesitará toda la energía posible para intentar escribir una noche histórica para el club.
Última ventana antes del fútbol de selecciones
La fecha del 31 de mayo no es casual. Es, en realidad, la última rendija del calendario para que el equipo celebre con su gente antes de que el fútbol de clubes se apague y entren en escena las selecciones. Nada más terminar el posible desfile, una buena parte de la plantilla deberá concentrarse con sus combinados nacionales para iniciar la preparación del Mundial.
Ese parón internacional cierra cualquier otra opción. Si Arsenal quiere celebrar con su afición, tiene que hacerlo ahí. O no hacerlo.
La Premier, más cerca, pero no sentenciada
Mientras tanto, la liga aprieta. El reciente 3-3 de Manchester City ante Everton ha dado a Arsenal un empujón decisivo en la carrera por la Premier League. El equipo de Arteta manda ahora con cinco puntos de ventaja en la cima, aunque City conserva un partido menos disputado. Quedan tres jornadas. Nada está cerrado.
El calendario final de los londinenses parece amable sobre el papel, pero esconde trampas. Primero, un duelo ante un West Ham United inmerso en la lucha por no descender. Después, un Burnley ya condenado, pero peligroso por la falta de presión. Y para cerrar, Crystal Palace en la última jornada, ese tipo de rival que disfruta arruinando planes ajenos.
Si Arsenal sobrevive a esa recta final y llega a Budapest con la Premier en el bolsillo y la Champions en juego, el 31 de mayo puede convertirse en una de esas fechas que se recitan de memoria durante generaciones en el norte de Londres.
La pregunta ya no es solo si el autobús recorrerá Islington. La verdadera incógnita es cuántos trofeos viajarán en la parte alta cuando lo haga.




