Arne Slot: De la gloria en De Kuip a la incertidumbre en Anfield
El último domingo de la temporada en Anfield no tendrá nada que ver con la fiesta de hace un año. Entonces, Arne Slot levantaba el título de la Premier League en su primera campaña al frente de Liverpool, empapado en champán, coreando la canción de Jürgen Klopp con el micrófono en la mano y un estadio entregado. Esta vez, el telón cae sobre algo muy distinto: un curso duro, áspero, que deja al técnico neerlandés quinto en la tabla y sin un solo trofeo.
De la ovación en De Kuip al examen en Anfield
Slot aterrizó en Inglaterra con viento de cola. Venía de ser campeón de la Eredivisie con Feyenoord y de firmar un segundo puesto en la temporada de su despedida, la 2023/24. Aun así, el día de su adiós en De Kuip, la grada no miró la clasificación. Se puso en pie.
El técnico dio la vuelta al campo, brazo en alto, devolviendo saludos, y la afición respondió con lo que mejor sabe hacer: cantar. Y no eligió cualquier canción. Retumbó un “You’ll Never Walk Alone” cargado de emoción, himno compartido por Feyenoord y Liverpool, cuando ya se sabía que Slot sería el heredero de Klopp en Anfield. Era un guiño, casi un puente sonoro hacia su futuro.
Cuando llegó a Liverpool, la transición pareció natural. Conocía la letra, conocía el peso simbólico del tema. Y su equipo arrancó como un campeón. El neerlandés hizo que el cambio en el banquillo pareciera indoloro y terminó coronándose con la Premier League en su primera campaña en el fútbol inglés.
La segunda temporada que muerde
La segunda, sin embargo, ha sido otra historia. La llamada “segunda temporada” le ha pasado factura. Liverpool se ha caído de la pelea por los títulos y ha terminado fuera del top cuatro. No hay copa que levantar, no hay vuelta de honor con medallas. Solo una clasificación que duele y un otoño para el olvido, con seis derrotas en siete partidos que encendieron todas las alarmas.
Durante ese tramo oscuro, hubo quien dudó incluso de que Slot llegara vivo al final del curso. La presión se hizo pesada, casi constante, en un club que ha vuelto a acostumbrarse a vivir cerca de la cima. Pero la directiva no se movió. Apostó por aguantar el golpe y sostener al técnico, convencida de que el proyecto no se podía medir solo por una mala racha.
Ahora, con Brentford como último rival de la temporada en Anfield, el ambiente se presenta muy distinto al de aquella tarde gloriosa de celebración. No habrá baño de champán ni cánticos improvisados del entrenador. Sí puede haber, en cambio, algo igual de importante para un club que quiere reconstruirse: respaldo.
El papel del Kop y el adiós del faraón
El Kop tiene memoria. Sabe que ha sido una temporada agotadora, que el equipo se ha quedado corto, pero también que un proyecto no se levanta ni se derrumba en nueve meses. La grada puede volver a hacer lo que hizo Feyenoord con Slot: separar la decepción del año de la figura del entrenador y ofrecerle una base emocional sobre la que reconstruir.
Hay otro foco inevitable en este final de curso: Mohamed Salah. Todo apunta a que el egipcio disputará su último partido con la camiseta de Liverpool. Un futbolista que ha marcado una era en Anfield, que ha sostenido al equipo en noches grandes y pequeñas, y cuya opinión sobre Slot ha sido clara: respeto, apoyo, sintonía. Cuando una leyenda del club se posiciona, su voz pesa.
Salah merece una despedida a la altura de su legado. Un estadio en pie, un último aplauso largo, de esos que se quedan grabados en la memoria colectiva. Y en ese mismo escenario, casi en paralelo, Slot necesita algo parecido: no un adiós, sino un voto de confianza. Un segundo intento.
Entre la decepción y la oportunidad
La escena está servida para un domingo extraño: mezcla de despedida y de inicio, de frustración por lo perdido y de expectativa por lo que puede venir. No habrá título que pase de mano en mano, pero sí decisiones emocionales que marcarán el tono del próximo curso.
Slot llegó a Liverpool con la vitola de ganador y el cariño de una afición, la de Feyenoord, que le despidió con un “You’ll Never Walk Alone” que sonó a agradecimiento y bendición. En Anfield, su segunda temporada ha sido un golpe de realidad. Sin embargo, el fútbol rara vez es lineal. A menudo, los técnicos que acaban calando hondo son los que sobreviven a su primer gran tropiezo.
El neerlandés ya sabe lo que es ser reverenciado en un estadio que canta ese himno como una declaración de identidad. La cuestión, ahora, es si Anfield está dispuesto a regalarle el mismo tipo de fe que recibió en De Kuip y si este domingo puede ser, para Salah y para Slot, algo más que un final de temporada: el punto de partida de dos historias muy distintas, pero igual de decisivas para el futuro de Liverpool.




