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Antoine Semenyo y el racismo en el fútbol: una noche de triunfo manchada

La tarde en Stamford Bridge debía hablar solo de fútbol. De un 0-3 contundente, de un Manchester City que olió la sangre tras el tropiezo del Arsenal y se metió de lleno en la pelea por la Premier League. De un fichaje de enero de 64 millones de libras que ya parece llevar años a las órdenes de Pep Guardiola.

Pero el partido terminó, el equipo se marchó con tres puntos en el bolsillo y el foco se desplazó a otro escenario: la pantalla de un móvil. Allí, en Instagram, Antoine Semenyo encontró algo que ningún futbolista debería seguir encontrando en 2024.

Un protagonista dentro y fuera del césped

Semenyo, 26 años, internacional con Ghana, fue uno de los grandes nombres del 0-3 del City en Londres. Pep lo alineó en ataque y el delantero respondió como viene haciendo desde que llegó procedente de Bournemouth en enero: trabajo, movilidad, desborde y una presencia constante que ha cambiado la cara del frente ofensivo.

El City, que durante buena parte de la primera vuelta vivió demasiado pendiente de los goles de Erling Haaland, ha encontrado en Semenyo y en otro fichaje invernal, Marc Guehi, un nuevo equilibrio. Guehi se apuntó al marcador en Stamford Bridge. Semenyo, de nuevo, se apuntó al juego. Guardiola ya lo trata como uno de esos nombres que salen de memoria cuando se recita un once titular.

La victoria recortó la distancia con el Arsenal a seis puntos, con un partido menos, y dejó el ambiente cargado de electricidad antes del duelo directo del domingo en el Etihad Stadium. Jeremy Doku ya lo ha definido como un posible partido por el título. La sensación es esa: el City llega lanzado.

Y justo ahí, en medio de ese impulso deportivo, apareció el recordatorio más crudo de que el fútbol no vive aislado de la sociedad.

Un “post” de celebración y un mensaje repugnante

Tras el encuentro, Semenyo hizo lo que hacen casi todos los jugadores: una publicación de celebración en Instagram, una imagen más de un fin de semana perfecto para el campeón inglés. Pero entre los comentarios habituales —aplausos, emojis, mensajes de apoyo— se coló un ataque racista directo, asqueroso.

El delantero decidió no esconderlo. Compartió el comentario en su historia el lunes por la noche, exponiendo no solo al agresor, sino también la realidad: incluso en uno de los mejores momentos de su carrera, el color de su piel sigue siendo objetivo para los cobardes de siempre, parapetados tras un perfil.

No es un caso aislado. No lo ha sido nunca.

Stamford Bridge, un escenario con memoria

El episodio resuena con fuerza por el lugar en el que se produce. Stamford Bridge ya forma parte de la hemeroteca más oscura del racismo en el fútbol inglés. En la temporada 2018-19, Raheem Sterling, entonces jugador del Manchester City, sufrió insultos racistas desde la grada. Los aficionados implicados fueron identificados y sancionados, pero la herida nunca terminó de cerrarse.

Ahora el racismo no viene desde el graderío, sino desde la comodidad anónima de una red social. La pregunta se repite, casi calcada a la que se formuló entonces, solo que con un nuevo matiz: ¿están haciendo lo suficiente las plataformas para cortar de raíz este tipo de ataques? ¿Cuántas denuncias, capturas de pantalla y comunicados más hacen falta?

Lo más inquietante es la normalización. La sospecha de que esta no es la primera vez que Semenyo recibe insultos de este tipo. Ni será la última, si nada cambia. Que un profesional de élite, en plena madurez, tenga que convivir con ello como si fuera parte del paisaje del juego es, quizá, el dato más demoledor.

Un vestuario diverso y una respuesta interna clara

Dentro del club, Semenyo no está solo. El vestuario del Manchester City es un mosaico de culturas, idiomas y procedencias, y hace tiempo que se posiciona sin matices a favor de la diversidad. Compañeros, cuerpo técnico y entorno le han cerrado filas. El mensaje es sencillo: el racismo no entra en ese vestuario.

Guardiola, que ha convertido el City en un equipo que se reconoce tanto por su estilo de juego como por la mezcla de perfiles y orígenes, sabe que la respuesta más inmediata está en el campo. Semenyo mantendrá su puesto en el once para el choque ante el Arsenal. No como gesto simbólico, sino porque se lo ha ganado a base de actuaciones.

El delantero ghanés ha sido una revelación desde enero. Ha encajado de inmediato en los automatismos del equipo, ha liberado a Haaland de parte de la carga y ha aportado una energía nueva a un campeón que necesitaba refrescarse. El racismo intenta reducirle a un insulto. El fútbol le devuelve su verdadera dimensión: la de un jugador clave en la lucha por el título.

El domingo, el Etihad estará pendiente de cada control, cada carrera y cada decisión de Semenyo. El City se juega media Premier League. Él, como tantos otros antes, seguirá jugando con algo más a la espalda: la responsabilidad de responder con talento y carácter a un odio que se niega a desaparecer.

La cuestión ya no es si los jugadores seguirán plantando cara. Lo harán. La cuestión es cuánto tiempo más va a tolerar el fútbol que la batalla se libre casi siempre desde el mismo lado.

Antoine Semenyo y el racismo en el fútbol: una noche de triunfo manchada