Brutal agresión en partido de Tercera División en Auckland: 18 meses de cárcel
Un partido de Tercera División que acabó en los tribunales: 18 meses de cárcel por brutal agresión en Auckland
Lo que debía ser una tarde más de fútbol amateur en Sunnynook Park terminó convertido en un caso penal grave. Un encuentro de Tercera División entre Waitematā FC y Albany United, en la Costa Norte de Auckland, derivó en una pelea generalizada y en una agresión tan violenta que hoy tiene a un jugador, Kumar, camino de prisión.
De un silbato final a una batalla campal
Eran alrededor de las 3.30 de la tarde cuando sonó el silbato. El partido ya estaba caliente. Según el resumen de hechos acordado y presentado ante el tribunal, justo después del pitido Kumar corrió por detrás hacia su víctima y le pateó el pie derecho, provocando que tropezara hacia adelante. Hubo cruce de palabras. Nada fuera de lo habitual en un duelo tenso. Hasta que pasó la línea.
Kumar empujó al rival con fuerza en el pecho y lo hizo retroceder. Ese gesto fue la chispa. De inmediato estalló una trifulca entre jugadores de ambos equipos.
Otro futbolista de Albany derribó a Kumar al suelo, pero el jugador de Waitematā se levantó y fue directo de nuevo hacia el mismo rival, que en ese momento estaba apartado, al margen de la pelea principal. Lo golpeó con un puñetazo en la mandíbula. El jugador cayó al césped. Entonces llegó el gesto más brutal: Kumar le propinó una patada en la cara, con las botas puestas.
Testigos tuvieron que sujetarlo y apartarlo, según recogen los documentos judiciales.
Un integrante de Albany United, que habló el año pasado con el Herald bajo anonimato, explicó que su equipo ya había sido advertido sobre el rival antes del choque. Definió al conjunto de Waitematā como “bastante desordenado” durante todo el encuentro, que el árbitro decidió terminar antes de tiempo, justo antes de que estallara la batalla.
Sobre la víctima, el testigo fue claro: era “el jugador más pequeño del campo”. El agresor, relató, desapareció en segundos.
“Hacer eso y luego salir corriendo es una forma jodidamente cobarde de hacerlo”, sentenció entonces.
Expulsado del club y bajo investigación
La reacción en Waitematā FC fue inmediata. Su presidente, Conan McKinstry, explicó al Herald que Kumar fue “inmediatamente apartado del club” y que la entidad colaboró con la policía en todo momento.
“No es bienvenido de vuelta en el club”, afirmó.
La investigación policial se prolongó diez semanas. Kumar fue arrestado justo hace un año. En un inicio se le acusó de causar heridas con intención de provocar daños corporales graves, un delito que conlleva hasta 14 años de cárcel. La víctima terminó sangrando, con la mandíbula rota y tuvo que ser operada. También se vio obligado a ausentarse de su trabajo durante la recuperación.
Más tarde, Kumar se declaró culpable de un cargo reducido: causar lesiones con intención de lesionar, con una pena máxima de cinco años de prisión.
El jugador agredido no acudió esta semana al tribunal para la sentencia. No se leyó en sala ningún informe de impacto de la víctima. El juez fue informado de que el futbolista no tenía interés en participar en una conferencia de justicia restaurativa, el mecanismo que permite a un acusado disculparse cara a cara.
Un paso adelante, dos atrás: nuevo estallido de violencia
El juez Retzlaff señaló que Kumar parecía avanzar en su proceso de rehabilitación. Había comenzado un programa para controlar la violencia y había solicitado una absolución sin condena. Pero todo se vino abajo el mes pasado.
De madrugada, alrededor de las 4, tras salir de un bar en Kingsland, Kumar viajaba en coche con familiares. Según los documentos judiciales, en el asiento trasero golpeó a un pariente varón. El conductor detuvo el vehículo. Entonces Kumar se giró hacia una familiar, la golpeó dos veces en la cara y la sacó del coche tirándola del pelo.
Cuando el primer agredido le preguntó por qué lo había hecho, Kumar respondió con otro puñetazo y siguió atacándolo incluso cuando ya estaba en el suelo. Después huyó, pero fue detenido a poca distancia.
Al principio negó haber agredido a sus familiares. Cuando la policía le preguntó por el incidente en el partido de fútbol, aseguró que había actuado en defensa propia.
Su abogado explicó ante el juez que ahora se sentía avergonzado por su “comportamiento impulsivo y violento” en ambos episodios. Afirmó que no recordaba por qué atacó a sus parientes.
“Está muy arrepentido por el daño que ha causado”, sostuvo el letrado Osborne, quien también admitió que una breve pena de prisión era inevitable, ya que Kumar no disponía de un domicilio apto para una detención domiciliaria.
El abogado subrayó que las consecuencias para su cliente serían duras. Se le ha notificado una orden de deportación y, aunque Kumar quiere recurrirla, el proceso se presenta complicado.
La sentencia y el aviso del juez
El juez impuso 18 meses de cárcel. Le pidió a Kumar que, una vez en libertad, redoble esfuerzos para reconducir su vida, pese a que la posible deportación y la separación de su familia harán el camino más difícil.
“El daño físico que causaste es evidente”, le dijo en sala. Añadió que no tenía dudas de que la primera víctima también sufrió un daño psicológico por la agresión. “Tenía derecho a disfrutar de un partido de fútbol sin que esto le ocurriera”.
El juez rechazó la petición del Herald para tomar fotografías durante la vista, al tener en cuenta que Kumar no contaba con antecedentes penales, su relativa juventud y “las experiencias pasadas de trauma y violencia que él mismo sufrió” por parte de su padre.
“No has tenido una infancia feliz en ciertas etapas de tu vida”, reconoció el magistrado.
Pero el mensaje final fue directo, sin rodeos: “Necesitas desarrollar un mecanismo para alejarte de esta violencia, o vas a seguir acabando en prisión”.
La pregunta, ahora, es si el jugador que convirtió un partido de barrio en una escena de terror será capaz de encontrar ese mecanismo antes de que el fútbol y la libertad se le escapen para siempre.



