logo

Zidane regresa como seleccionador de Francia: un nuevo comienzo para Les Bleus

La espera terminó. Zinedine Zidane regresa oficialmente a la selección francesa, esta vez para ocupar el banquillo. La Federación Francesa de Fútbol anunció este martes que el exentrenador de Real Madrid será el nuevo seleccionador de Francia durante los próximos cuatro años.

A sus 54 años, Zizou toma el relevo de Didier Deschamps, que dejó el cargo tras el Mundial de 2026, un torneo que acabó en decepción para un grupo señalado como gran favorito en Norteamérica. Francia cayó en semifinales ante la que acabaría siendo campeona, España, y después fue superada por Inglaterra en el partido por el tercer puesto. Un final gris para una era larguísima.

Ahora llega Zidane para levantar el ánimo de todo un país futbolero.

Del mito del 98 al hombre de la reconstrucción

Para Francia, el nombre de Zidane no es solo nostalgia: es identidad. Es el 10 que cambió la historia del fútbol francés con dos cabezazos inolvidables en la final del Mundial de 1998 ante Brasil. Aquella noche del 3-0 en Saint-Denis dio a Les Bleus su primera estrella sobre el escudo y convirtió a Zizou en héroe nacional.

Dos años más tarde, volvió a ser decisivo en la conquista de la Eurocopa. Francia se convirtió en la primera selección capaz de enlazar Mundial y Eurocopa en un ciclo perfecto. El país vivía instalado en la cima y Zidane era el símbolo de esa hegemonía.

Pero su última imagen con la camiseta azul fue muy distinta. Berlín, final del Mundial 2006, expulsión por el cabezazo a Marco Materazzi y derrota posterior en los penaltis ante Italia. Una despedida amarga para una carrera gigantesca.

De ahí que su regreso, esta vez como seleccionador, tenga un punto de ajuste de cuentas con la historia. La afición francesa sueña con que el hombre que les llevó a la gloria como jugador corrija, desde la banda, la herida abierta aquella noche en Alemania.

“Nada es más grande que la selección”

En su presentación, Zidane no rebajó ni un ápice la dimensión del reto.

“Siempre he dicho que no hay nada más grande que la selección francesa. Es una alegría y, obviamente, un gran honor convertirme en el seleccionador de Francia. Es también una responsabilidad”, afirmó, agradeciendo la confianza del presidente Philippe Diallo, del Comité Ejecutivo y de la Federación, y dedicando un reconocimiento a los catorce años de trabajo de Deschamps y su cuerpo técnico.

Zidane también recordó a quienes lo formaron: “Tengo un pensamiento especial para todos mis profesores. Inútil decir que tengo mucha ambición para la selección francesa”. No hizo falta añadir mucho más. El mensaje quedó claro: viene a ganar.

El reto es monumental: unirse al selecto grupo de personas que han levantado el Mundial como jugador y como entrenador, exactamente el camino que ya recorrió su excompañero Deschamps.

Primer salto a los banquillos de selecciones

Pese a su peso histórico, esta será la primera aventura de Zidane al frente de una selección. Desde que dejó por segunda vez el banquillo de Real Madrid en 2021, su nombre sonaba de forma recurrente para Francia. Parecía cuestión de tiempo. Deschamps aguantó hasta 2026; Zidane esperó.

No tiene experiencia en fútbol de selecciones, pero llega con un currículum de club que habla por sí solo. Con Real Madrid firmó una era irrepetible: tres Champions League consecutivas, dos títulos de Liga, dos Mundiales de Clubes. Gestionó vestuarios repletos de estrellas, egos enormes y presiones extremas, y lo hizo con una calma que se volvió marca registrada.

Ese manejo de grandes nombres será clave ahora. La selección francesa vive una de las generaciones ofensivas más potentes del planeta: Kylian Mbappé como faro indiscutible, Ousmane Dembélé, Michael Olise, Désiré Doué, Bradley Barcola… Talento por todas partes, pero no siempre bien encajado.

Desde el Mundial de 2018, Francia ha luchado por encontrar el equilibrio entre su arsenal ofensivo y la solidez defensiva. Ha tenido picos brillantes, pero también partidos en los que la estructura se ha descompuesto. Ahí entra Zidane: ordenar sin encorsetar, proteger sin apagar el talento.

El peso de la Champions en el ADN de Les Bleus

Zidane llega con algo que no se compra: una relación natural con las noches de eliminación directa. Sus campañas en Champions League con Real Madrid fueron una sucesión de gestiones perfectas del detalle, del momento y del vestuario. Supo leer los partidos grandes, tocar las teclas justas y mantener a sus futbolistas conectados a la causa.

En un contexto de selecciones, donde el margen de trabajo es menor y los torneos se deciden en un puñado de partidos, esa experiencia vale oro. La exigencia será inmediata: pelear por todo desde ya y apuntar sin complejos al Mundial de 2030.

La misión no admite medias tintas. Francia quiere volver a dominar y Zidane lo sabe. El país le recibe como a un héroe que regresa a casa, pero ahora el relato cambia: no se trata de asistir y marcar, sino de dirigir, elegir, recortar egos y construir un equipo que pueda ganar otra vez a los mejores.

El balón vuelve a rodar alrededor de su figura. El 10 eterno se sienta en el banquillo. La pregunta ya no es qué fue Zidane para Francia, sino qué está dispuesto a ser ahora.