Unai Emery y Aston Villa: Un paso hacia la gloria en Europa
Unai Emery entró en Villa Park en noviembre de 2022 y no se escondió: dijo que venía a ganar títulos. No a “mejorar el proyecto”, no a “ser competitivos”. A ganar. Un poco más de tres años después, Aston Villa está a un partido de convertir esas palabras en metal.
La noche del jueves, con un Villa Park rugiendo como en sus mejores días, el equipo se metió en la final de la Europa League con una victoria aplastante sobre Nottingham Forest. No fue solo un triunfo; fue una declaración.
En Estambul, el 20 de mayo, espera el Freiburg alemán. Y cuesta encontrar a quien apueste en contra de que Emery levante su quinta Europa League.
Villa, ante la historia
Villa está a un encuentro de su primer gran título en casi tres décadas y de su primer trofeo europeo en 44 años. El club mira de frente a sus propios gigantes: aquellos campeones de Europa de 1982.
Sobre la grada Doug Ellis cuelga la narración del gol de Peter Withe ante el Bayern Munich en Rotterdam. Un recuerdo convertido en bandera permanente. Dentro de dos semanas, si Villa gana en Turquía, quizá haga falta otro lienzo para colgar en la historia del estadio. El premio no es solo la copa: también un billete de regreso a la Champions League, independientemente de cómo termine la Premier League.
Ante Forest, el marcador lo maquilló al final John McGinn, pero el partido fue de Villa de principio a fin. El escocés firmó un doblete tardío que puso brillo a una actuación que el rival nunca logró igualar, ni siquiera soportar.
Vitor Pereira pudo incluir en el banquillo a Morgan Gibbs-White, Ibrahim Sangaré y Murillo, pero ninguno estaba realmente en condiciones. Solo Murillo pisó el césped, y apenas un par de minutos con el duelo sentenciado. Y aun con los tres al cien por cien, cuesta imaginar que Forest hubiera frenado a un Villa desatado, que fue subiendo marchas conforme avanzaba la noche.
El golpe inicial lo dio Ollie Watkins, y Emi Buendía, desde el punto de penalti, amplió la ventaja en el partido y en la eliminatoria. A partir de ahí, no hubo dudas. Ni en la grada, ni en el césped. Hasta se permitió el lujo de recibir “aprobación real”: el aficionado más ilustre del club, el príncipe William, bajó al vestuario para felicitar al equipo.
Emery lo explicó sin rodeos: los jugadores estaban “enfocados” y “conscientes del momento”. El técnico había trabajado el partido desde lo emocional tanto como desde lo táctico. No era una noche cualquiera. Era la única ocasión hasta ahora de sellar un billete a una final europea con Villa, y el equipo respondió a la altura de una atmósfera que el propio entrenador daba por segura.
El rey de la Europa League
La cita de Estambul será la sexta final de Europa League para Emery. Cuatro títulos y una sola derrota —con el Arsenal ante el Chelsea en 2019— lo convierten en el gran especialista del torneo. Solo Giovanni Trapattoni, con siete finales mayores en competiciones europeas, supera al técnico vasco en ese registro.
“Europa es muy importante”, recordó Emery, fiel a aquella primera rueda de prensa en la que ya habló de Europa y de trofeos. No lo vende como algo sencillo: insiste en lo difícil que es sostenerse y competir a ese nivel. Habla de trabajo duro, de estándares que los propios jugadores deben asumir, de un grupo que en noches como esta da “lo mejor, colectivamente e individualmente”.
Dentro del vestuario, nadie duda de quién marca el camino. “No hay mejor entrenador que este para prepararnos para el partido y llevarnos a la final. Su historial habla por sí solo”, reconoció Watkins. Y remató con la frase que resume el sentir del equipo: ahora hay que ir y ganarla.
El delantero también admitió que se avecinan cambios en la plantilla este verano. Ese matiz le da a esta carrera europea un aire de última oportunidad para este bloque. Emery ha exprimido al máximo a muchos futbolistas que llegaron desde el Championship: el propio Watkins, Ezri Konsa, Matty Cash, Morgan Rogers. Dentro del club se asume que la plantilla necesita una remodelación profunda. Precisamente por eso, lo que está ocurriendo ahora tiene un sabor irrepetible.
McGinn, del barro a la leyenda
John McGinn lo sabe mejor que nadie. El capitán entiende que él y sus compañeros están a un paso de ponerse al lado de nombres que en Birmingham se pronuncian casi en susurros: Dennis Mortimer, capitán de la Copa de Europa del 82, o Paul McGrath, héroe de las Copas de la Liga de 1994 y 1996.
El escocés no esconde las cicatrices. Habla de “momentos bajos”, de la exigencia de un club que no perdona la mediocridad, pero también de lo que ocurre cuando Villa Park se enciende: el estadio se vuelve eléctrico. Lo que ha hecho el equipo en los últimos años, insiste, es excepcional.
McGinn confesó que ya por la mañana sentía que era un día distinto. Ahora, dice, se trata de “abrazar el momento” y tratar de convertirse en leyendas. Ve a los hombres del 82, recuerda a los campeones de los 90, y sabe que Villa es un club histórico que ha pasado demasiado tiempo sin éxito. El descenso, las temporadas grises, el proceso de reconstrucción… todo eso alimenta una sensación de orgullo y de deuda con una afición que, en palabras del capitán, “merece éxito”. El reto es claro: ser el grupo que lo devuelva.
La resurrección de Emi Buendía
Entre las muchas historias que sostienen esta carrera europea, pocas son tan potentes como la de Emi Buendía. Hace no tanto, su etapa en Aston Villa parecía acabada.
Cedido al Bayer Leverkusen en la segunda mitad de la pasada temporada, con solo tres titularidades en la Bundesliga, el fichaje récord de 2021 —procedente del Norwich, en una operación que podía alcanzar los 38 millones de libras— se había quedado muy lejos de las expectativas. Cuatro goles en 38 partidos en su primer curso no justificaban la inversión.
Después, llegó el golpe más duro: una grave lesión de rodilla lo dejó fuera todo el curso 2023-24. Mientras sus compañeros se clasificaban para la Champions, él miraba desde la sombra. Villa estuvo dispuesto a venderlo el verano pasado para cuadrar las cuentas y cumplir con las normas de Beneficios y Sostenibilidad. Al final, decidieron retenerlo. Una decisión que hoy parece clave.
Buendía se ha convertido en uno de los jugadores más fiables de Emery esta temporada. Diez goles, presencia constante, carácter. Su rendimiento es uno de los motivos por los que el préstamo de Harvey Elliott desde el Liverpool nunca llegó a concretarse.
Ante Forest, asumió la responsabilidad desde los once metros. “Tomé la responsabilidad”, explicó después. Sabía que se trataba de uno de los penaltis más decisivos para el club en los últimos años, pero no sintió presión. Se sintió tranquilo, con las ideas claras. Y ejecutó.
Para él, el resultado refleja lo que Villa ha mostrado durante toda la temporada: un fútbol de alto nivel, sostenido. Habla de lo “increíble” del marcador, de una clasificación que considera merecida. Y mira hacia la final con la ambición de quien entiende el peso de la historia: ganar un trofeo en un club con este pasado sería “increíble”. Percibe el deseo de los aficionados, siente que empujan por esa copa, y promete intentarlo.
Dion Dublin, exdelantero del club, lo definió con precisión: Buendía pasa muchas veces “por debajo del radar”. No es el más ruidoso, pero sus pases tienen peso y medida, su definición es sólida y, sobre todo, tiene un punto de agresividad que el equipo necesita. No rehúye el contacto, mete la pierna, compite. Es el tipo de futbolista que ayuda a ganar cosas, aunque no acapare portadas.
Un club al borde de un nuevo capítulo
Emery, con su libreta y su obsesión por los detalles, ha llevado a Aston Villa al umbral de una noche que puede cambiar una era. El equipo ha vuelto a Europa por la puerta grande, ha recuperado la comunión con Villa Park y ha reabierto un libro que llevaba décadas cerrado.
Queda un partido. Un solo partido en Estambul para saber si este grupo se quedará como el que devolvió la ilusión o como el que devolvió también los títulos. En un club que vive de recuerdos gloriosos, la pregunta ya no es si miran al pasado. Es si están preparados para escribir el próximo capítulo.




