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La travesía de Simons: del golpe en Molineux a 2027

La lesión le arrancó de cuajo el final de la temporada en el momento más crítico. Tottenham peleaba por no caer al abismo de la Championship y él, Simons, se quedó mirando desde la grada. También le borró de un plumazo del Mundial de este verano, donde estaba llamado a tener un papel importante con Países Bajos.

Roberto De Zerbi consiguió, a duras penas, mantener a los londinenses en la élite. La permanencia llegó en la última jornada, con el equipo al límite físico y emocional. Mientras tanto, al otro lado del océano, la selección neerlandesa se despedía pronto del gran torneo en Norteamérica, eliminada en la tanda de penaltis ante Marruecos en la primera ronda de eliminatorias. Sin Simons sobre el césped. Sin su plan B.

Ahora, con la pretemporada en marcha y los focos girando de nuevo hacia los entrenamientos, el jugador ha ofrecido un retrato crudo y honesto de su situación en el podcast The Sports Agents. No habló de plazos milagrosos ni de atajos. Habló de sobrevivir al primer impacto.

“Cuando te dicen cuánto tiempo va a durar esta lesión, para mí los dos primeros días fueron realmente duros”, reconoció.

El diagnóstico fue demoledor: rotura de ligamentos, la pesadilla más temida por cualquier deportista de élite. Un tipo de lesión que no solo destroza la rodilla, también la cabeza.

Simons, sin embargo, decidió cambiar el enfoque casi desde el inicio. “Después de eso, me dije a mí mismo: no te pongas una presión muy, muy alta. Estoy viendo mejoría cada día, y eso es algo que me hace muy feliz”. No suena a consigna de vestuario. Suena a alguien que ha tenido que aprender a medir la vida en pequeños avances, no en grandes noches.

El golpe fue especialmente doloroso porque este Mundial no era uno más para él. Cuatro años atrás, en Qatar, había vivido el torneo desde un papel secundario, casi testimonial. Esta vez se veía preparado para algo distinto. “Este Mundial fue un poco diferente porque sentía que realmente podía ayudar al equipo a lograr el objetivo”, explicó. Esa convicción se convirtió en vacío cuando la rodilla dijo basta en Molineux.

La escena en ese estadio marcó un antes y un después. De un día para otro, el jugador que vive de los giros, los sprints y los cambios de ritmo tuvo que aprender a valorar lo que cualquiera da por hecho. “Tengo que estar feliz solo por volver a caminar, ir al baño e incluso tomar algo con mi familia. Eso fue algo que realmente se me metió en la cabeza”, confesó.

Ahí está el contraste: mientras Tottenham se jugaba la vida en la Premier League y Países Bajos soñaba con llegar lejos en Norteamérica, Simons celebraba poder levantarse de la cama sin ayuda. El fútbol de élite reducido a lo esencial: caminar, sentarse, sostener un vaso.

Las previsiones médicas siguen siendo duras. Todo apunta a que no volverá a vestir la camiseta de Spurs en lo que queda de año natural. El club trabaja con un horizonte mucho más lejano: su regreso se espera para 2027. Es una fecha que suena casi exagerada, interminable para un futbolista en plena carrera, pero es el precio de reconstruir una rodilla y, con ella, una carrera.

Hasta entonces, su partido se juega lejos de los focos. Sin gradas llenas, sin himnos, sin estadísticas. Solo un calendario, una rodilla y la determinación diaria de volver a sentirse futbolista cuando el reloj, por fin, le dé otra oportunidad.