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Tottenham busca irrumpir en la élite de la WSL

Tottenham ya no se conforma con sobrevivir en la Women’s Super League. Su verano en el mercado de fichajes lo grita a plena voz: el club quiere entrar en la conversación grande, la de los puestos europeos y los títulos, no solo la de la permanencia.

Hace apenas dos temporadas coqueteaban con el descenso. La pasada, con Martin Ho ya en el banquillo, acabaron quintas. Un salto evidente. Ahora han decidido que no basta con consolidarse: toca incomodar a Arsenal, Chelsea, Manchester City y Manchester United.

Un mercado que marca territorio

El mensaje más contundente llegó con un fichaje récord de club: la llegada de la defensora francesa Alice Sombath desde Lyon. Tottenham ya había invertido una cifra importante en enero por Signe Gaupset —alrededor de 375.000 libras— y este verano ha ido un paso más allá.

No se han quedado ahí. Han incorporado a las delanteras Shekiera Martinez y Kirsty Hanson, a la defensora Caitlin Dijkstra, a la centrocampista Victoria Pelova y a la guardameta Selma Panengstuen. Es una remodelación profunda, pensada, sin improvisaciones de última hora.

La idea es clara: mezclar algunas de las mejores jóvenes de Europa, como Gaupset y Sombath, con goleadoras contrastadas en la WSL como Hanson y Martinez. Ho quiere un bloque moldeable, con techo alto, capaz de competir hoy y crecer mañana.

El club, según fuentes internas, había trazado un plan de 12 meses de reclutamiento desde la llegada de Ho en julio de 2025. Los objetivos estaban definidos para tres ventanas de fichajes consecutivas. En enero cumplieron la hoja de ruta. Este verano, con la ventana aún abierta hasta el 3 de septiembre, también aseguran haber cerrado todas sus prioridades.

La estrategia ha sido agresiva en el calendario: cerrar operaciones pronto para que Ho disponga del grupo completo durante toda la pretemporada. Nada de incorporaciones tardías que se integren sobre la marcha. El trabajo táctico y la química del vestuario empiezan en julio, no en octubre.

En los despachos, el director general Andy Rogers, con 24 años en el club, ha liderado este mercado con una misión doble: dejar al Tottenham femenino en una posición sólida y asegurar una transición ordenada antes de su salida.

Un club que ha crecido a toda velocidad

El contexto explica el momento actual. Es solo la séptima temporada de Spurs en la élite, pero el crecimiento ha sido vertiginoso. Más personal, mejores instalaciones, más estructura. El equipo femenino tiene ya su propia base en el centro de entrenamiento de Hotspur Way, una señal de identidad dentro de un club históricamente volcado en el fútbol masculino.

El plan de un nuevo centro específico para la academia femenina y de chicas se ha topado esta semana con un bloqueo en los tribunales, un frenazo incómodo en plena fase de expansión. Pero el rumbo general no cambia.

Desde el ascenso en 2019, Tottenham ha ido dando golpes simbólicos: casi 40.000 personas en el Tottenham Hotspur Stadium para un derbi del norte de Londres ante Arsenal, la llegada en 2020 de la estrella estadounidense Alex Morgan en una cesión de alto impacto, la clasificación para la final de la Women’s FA Cup en 2024.

No todo ha sido una línea ascendente. La campaña 2024-25, bajo Robert Vilahamn, resultó decepcionante y terminó en destitución. La respuesta del club fue clara: apostar por Ho, redefinir el plan deportivo y volver a mirar hacia arriba. En su primera temporada completa, el equipo regresó a la parte alta de la tabla.

Las incorporaciones de Cathinka Tandberg y Toko Koga, cerradas incluso antes de que se firmara el contrato de Ho, se han convertido en piezas clave de su proyecto. El técnico aprovechó su primer verano para radiografiar la plantilla, decidir quién encajaba en el futuro y quién no, y a partir de ahí impulsar una evolución profunda, más que una simple reforma cosmética.

Europa en el horizonte… y una liga feroz

La gran pregunta se impone sola: ¿hasta dónde puede llegar este Tottenham?

El club ya se ha consolidado como fijo en la WSL. Tiene recursos, estructura y una dirección deportiva que se atreve a invertir fuerte. El siguiente peldaño es claro: Europa. No solo soñar con la Women’s Champions League, sino construir un equipo que pueda sostenerse ahí.

Ho no se ha escondido en su discurso. Ha repetido que la ambición es competir con las mejores de la WSL y armar un plantel preparado para jugar en el continente. Pero el listón está altísimo: solo los tres primeros clasificados acceden a la Champions, y esos puestos llevan años monopolizados por Arsenal, Chelsea, Manchester City y Manchester United.

A esa muralla se suma la irrupción de otros proyectos ambiciosos como London City Lionesses y Brighton, dispuestos también a romper el techo de cristal del top 3. El mercado se ha encarecido, las cifras de traspasos se disparan y nadie quiere quedarse atrás.

En medio de este contexto, el fútbol femenino vive un momento delicado en lo regulatorio: se empieza a hablar de límites salariales y normas financieras, pero las reglas aún están en pañales. Eso permite a los clubes inyectar más dinero con poca resistencia normativa, aunque el escenario podría cambiar a corto plazo.

Tottenham ha decidido no esperar a ver qué pasa. El gasto en la sección femenina este verano va en paralelo a una ventana ambiciosa del equipo masculino, que busca levantarse tras una temporada muy pobre, al borde del descenso en la Premier League. Todo forma parte de un giro estratégico mayor tras la salida del presidente Daniel Levy en septiembre de 2025 y los movimientos posteriores en el consejo.

La llegada de Vinai Venkatesham como director ejecutivo, procedente de Arsenal en abril de 2025, añade otra capa a la historia. Jugó un papel clave en el éxito del equipo femenino gunner y ahora pretende replicar esa fórmula en el norte de Londres… pero con la camiseta de Spurs.

El gran reto que no se compra: la grada

Queda un frente abierto que el dinero no resuelve por sí solo: la afición.

La pasada temporada, Tottenham promedió solo 1.734 espectadores por partido en la WSL. Esa cifra incluye los picos de asistencia en los encuentros disputados en el estadio principal, lo que deja aún más en evidencia la frialdad en los partidos de menor foco.

Para un club que aspira a instalarse en Europa, ese dato es un recordatorio incómodo: el proyecto deportivo avanza más rápido que el arraigo social. Las grandes noches, los fichajes de relumbrón y las finales ayudan, pero construir una base fiel, constante, es un trabajo de años.

El plan está trazado, el dinero ya está sobre la mesa y el talento ha llegado al vestuario. Tottenham ha dejado claro que no quiere ser un invitado ocasional en la parte alta de la WSL.

La cuestión, ahora, es si esta apuesta valiente bastará para derribar la puerta de la Champions o si, en una liga cada vez más salvaje, el club tendrá que volver a reinventarse antes de alcanzar ese objetivo.