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Rodri, el mediocentro clave en la transición del City

El desgarro del ligamento cruzado anterior en septiembre de 2024 partió en dos la carrera de Rodri. Un mes después levantaba el Balón de Oro en París; su rodilla, sin embargo, ya había encendido todas las alarmas. Desde entonces, una cadena de molestias le fue robando ritmo, continuidad y, sobre todo, presencia en un Manchester City que dejó de mandar en la Premier en cuanto su brújula se apagó.

Hasta esa lesión, el mediocentro apenas se había perdido siete partidos con el club. Siete. Después, ausencias intermitentes, regresos medidos al milímetro, minutos racionados. En el Etihad señalan sin rodeos a ese vacío como una de las grandes razones por las que el equipo no ha vuelto a conquistar la liga desde la campaña 2023-24.

Y, sin embargo, cuando el escenario se hizo más grande, Rodri volvió a ser Rodri.

El mejor Rodri, tal y como avisó Guardiola

Pep Guardiola lo había dejado caer en octubre del año pasado: «En el Mundial, será el mejor Rodri, y la próxima temporada será el mejor Rodri». No era una predicción al aire. Era una advertencia.

En Norteamérica, el centrocampista de 30 años dominó el Mundial con la camiseta de España. Mandó desde la base del centro del campo, marcó el ritmo de cada ataque del equipo de Luis de la Fuente y desbarató una y otra vez las transiciones rivales. España levantó el título y Rodri se confirmó, otra vez, como un mediocentro sencillamente irreemplazable.

Ese torneo dejó algo más que una medalla de campeón del mundo. Dejó la sensación, muy real, de que el City podría quedarse sin «el mejor Rodri» justo cuando más lo necesita. Con la era brillante de Guardiola ya cerrada y solo un año restante en su contrato, el propio jugador podría interpretar que el momento de cambiar de aires se acerca.

Maresca hereda un pilar… y un problema mayúsculo

Enzo Maresca, ex asistente de Guardiola y ex técnico del Chelsea, aterriza en el banquillo con un mensaje de calma. Entiende el interés que despierta su mediocentro, pero no se inquieta en público.

«Alrededor de los grandes jugadores siempre hay especulaciones, así que no me preocupa», explicó en su primera rueda de prensa en la City Football Academy. Para él, es «normal» que, tras ganar el Mundial y siendo «uno de los mejores jugadores», todos los entrenadores quieran tener a Rodri. Ahora, el jugador pasará por el quirófano el lunes para operarse de la espalda, luego vacaciones, descanso, recuperación… y, si nada se tuerce, vuelta al trabajo.

Ahí está el matiz: si nada se tuerce.

Maresca sabe que Rodri es esencial para la forma de jugar del City. Su fútbol, tan fluido, necesita un mediocentro que pueda saltar de rol en rol sin perder el control del partido: ancla, lanzador desde atrás, corrector de espacios, líder silencioso. Además, ahora llega con galones de capitán campeón del mundo. No es solo un jugador. Es una estructura.

Y la plantilla que recibe el italiano, en esa zona del campo, dista mucho de estar preparada para vivir sin él.

Un vacío en el centro del campo

Más allá de Rodri y del fichaje de 116 millones de libras, Elliot Anderson, el City no está precisamente rebosante de centrocampistas listos para asumir su legado.

Nico González, traído en parte para cubrir el hueco durante la baja por el cruzado, se ha convertido en uno de los borrones del gasto de enero de 2025. Apenas ha dejado huella en Guardiola, ha vivido la segunda mitad del curso casi entera desde el banquillo y ya se habla abiertamente de una posible venta.

Tijjani Reijnders arrancó bien tras su llegada desde el AC Milan por 46 millones de libras, pero se fue desinflando. Acabó relegado a un papel secundario tras el cambio de año. En el club confían en que, ya adaptado a las exigencias del fútbol inglés, pueda dar un paso adelante la próxima temporada. Es un deseo, no una certeza.

Detrás aparecen Mateo Kovacic, Rico Lewis y Kalvin Phillips, todos ellos señalados como prescindibles en el Etihad. Si a esa lista se suma la marcha de Rodri, el panorama es claro: el City tendría que reconstruir casi desde cero su centro del campo en una sola ventana de fichajes.

Elliot Anderson, el heredero inesperado

En ese contexto, Elliot Anderson se asoma como una oportunidad y no solo como un fichaje caro. Habría disfrutado compartiendo eje con Rodri, pero también puede ver el escenario como la ocasión de su vida: convertirse en el nuevo ‘6’ del campeón de Europa.

Su irrupción en el Nottingham Forest fue meteórica. Se convirtió en pieza clave para el Inglaterra de Thomas Tuchel y se consolidó como uno de los centrocampistas más completos del momento: agresivo en la recuperación, clarividente en la salida, con pies de organizador y alma de destructor.

Los números lo respaldan. En la última Premier League ganó más posesiones que nadie (306) y se impuso en más duelos que cualquier otro jugador (297). Pese a la presencia de Morgan Gibbs-White, fue también el mayor generador de ocasiones del Forest: 54 oportunidades creadas, nueve de ellas catalogadas como grandes ocasiones. En el Mundial 2026, terminó como el jugador con más entradas realizadas (18), un registro que compartió con… Rodri.

Puedes hacer de todo. Y parece listo para asumir la responsabilidad de ser el nuevo eje del City si el español decide volver a casa.

Bouaddi, el siguiente eslabón

El club no quiere dejarlo todo en manos de un solo jugador. Se ha informado de que el City podría acelerar la llegada de Ayyoub Bouaddi, la gran revelación de Marruecos en el Mundial, si el futuro de Rodri se complica. El plan inicial pasaba por ficharlo con 18 años y cederlo de inmediato al Lille para que siguiera creciendo.

Ese plan podría saltar por los aires. Si el mediocentro titular se va, el margen de maniobra se reduce. Bouaddi pasaría de apuesta de futuro a refuerzo inmediato. Otro joven llamado a aprender a toda velocidad en un equipo que ya no tendrá la red de seguridad de Guardiola.

Un vestuario sin tótems

El City se asoma a una transición dura. La salida de Guardiola deja un vacío imposible de rellenar en el día a día del club. Y no se marcha solo. Bernardo Silva, capitán el curso pasado, ya ha puesto rumbo al Real Madrid. John Stones ha hecho las maletas hacia el Inter. Dos líderes, dos campeones en serie, fuera del vestuario.

Sumado a la despedida del técnico, el cambio es sísmico. Retener a Rodri sería, como mínimo, un ancla emocional y futbolística para Maresca. La sola posibilidad de verle marchar a Madrid subraya el tamaño del reto que se avecina.

En los despachos del Etihad miran de reojo los precedentes. Manchester United y Arsenal tardaron años en recomponerse tras las salidas de Sir Alex Ferguson y Arsène Wenger. Nadie en el City quiere repetir ese patrón. Y el historial irregular de Maresca en el Chelsea no ayuda a disipar dudas.

La continuidad alrededor del italiano será clave. Cada pieza que se mueva fuera de sitio aumenta el riesgo. Y un traspaso de Rodri al Real Madrid no sería un simple movimiento de mercado: sería una sacudida estructural.

Maresca, ante el desafío de su vida

Maresca, al menos de puertas afuera, mantiene la serenidad. Habla de privilegio, no de peso. «Es un privilegio que el club haya decidido apostar por mí», afirmó al ser preguntado por la sombra de Guardiola. Insiste en que considera a Pep «el mejor entrenador del mundo en los últimos 20-25 años» y asume el reto sin esconderse.

Recuerda que los clubes que han tenido técnicos muy longevos suelen sufrir cuando cambian de ciclo. Cita a Sir Alex, cita a Wenger. Sabe dónde se mete. Y se aferra a una idea: el tiempo.

Para él, la organización del City es la gran garantía. Tres entrenadores en 17 años, desde Roberto Mancini hasta hoy. Una estructura que, según el italiano, entiende que los proyectos necesitan paciencia. Él confía en que el club mantenga el nivel de trabajo de los últimos 14-15 años.

Paciencia, estructura, organización. Todo eso suena bien en la sala de prensa. Pero la realidad del césped será otra cosa. El City se prepara para una temporada llena de baches, con un nuevo entrenador, un vestuario sin varias de sus voces más fuertes y un mercado de fichajes que puede redefinir por completo el centro del campo.

En ese escenario turbulento, una pregunta lo condiciona todo: ¿podrá Maresca construir su City sin el hombre que, durante años, lo sostuvo desde el círculo central?