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Raphinha se prepara para el Mundial de 2026 tras un año difícil

Raphinha se sacude un año duro y mira de frente al Mundial de 2026

La temporada le pasó factura al cuerpo, pero no a la ambición. Entre lesiones y parones, Raphinha nunca terminó de encadenar continuidad en el Barcelona. Aun así, cada vez que estuvo disponible, dejó claro por qué sigue siendo uno de los atacantes más influyentes del equipo azulgrana.

Ahora el escenario cambia. Se apaga el ruido de club y se enciende el de selección. Brasil ya afina detalles para el Mundial de 2026 y el extremo de 29 años se ha colocado en modo selección total, con una idea fija: ir a por la ansiada sexta estrella.

Vinicius, bandera de una generación… y Raphinha se suma

En la concentración de Brasil, el discurso es ambicioso. Raphinha no esconde la confianza en el potencial del vestuario ni en la capacidad de varios de sus compañeros para decidir partidos en el escenario más grande del fútbol.

Entre esos nombres, uno sobresale: Vinicius Jr. La estrella del Real Madrid llega al Mundial como uno de los grandes referentes del torneo, y Raphinha no duda al señalarlo como hombre decisivo pese a su juventud.

“Vini es joven, pero por su experiencia y sus logros puede decidir un partido de Mundial y traer el sexto título”, sostiene el jugador del Barcelona, convencido de que el delantero está preparado para cargar con ese peso.

Y no se queda al margen. “Me incluyo en ese grupo”, añade, reclamando también su cuota de responsabilidad en los momentos grandes. No es una frase al aire: pese a los problemas físicos del último curso, cada vez que se ha vestido de amarillo, Raphinha ha respondido. Es uno de los recursos más fiables del ataque brasileño, un futbolista capaz de aparecer en noches grandes y cambiar partidos con una acción.

Liderazgo, defensa y un torneo “corto y traicionero”

En su análisis del camino hacia el título, el extremo va más allá del brillo ofensivo. Insiste en la necesidad de que los jugadores con más recorrido asuman el papel de guía para los más jóvenes. En un Mundial, recuerda, cada error se paga.

“Llegamos muy bien preparados. Tenemos que trabajar mucho nuestra defensa. Si defendemos bien, nuestras posibilidades de ganar son muy altas”, remarca. El mensaje es claro: el talento arriba no basta si atrás no se sostiene el bloque.

Raphinha no romantiza el torneo. Lo define como lo que es para los futbolistas que lo viven desde dentro: una carrera a toda velocidad, sin margen para el despiste. “Este torneo es corto y traicionero. Hay poco tiempo para organizarse. Estamos intentando adaptarnos y estar lo más preparados posible para no cometer errores”, explica.

No hay espacio para las excusas. Ni para empezar despacio. Cada partido cuenta como si fuera una final.

Un lugar clave con Ancelotti

En lo personal, Raphinha aterriza en el Mundial con una sensación doble. Por un lado, la seguridad de que, cuando está sano, sigue siendo una pieza importante en la selección. Por otro, la autocrítica de quien sabe que aún no ha tocado techo.

Las palabras sobre Carlo Ancelotti lo reflejan. El brasileño solo tiene elogios para el seleccionador, al que ve como un técnico que le ha dado confianza desde el primer día.

“Ancelotti está muy contento con lo que he venido aportando en los entrenamientos y en los partidos, pero sé que puedo hacer mucho más y sigo buscando mi mejor forma”, admite. Un mensaje que mezcla gratitud y desafío personal: el puesto se lo ha ganado, pero no piensa conformarse.

La relación con el técnico italiano viene de atrás, de los tiempos en los que se cruzaban como rivales en España. Aun así, el respeto siempre estuvo ahí. “Aunque fuimos rivales (en España), teníamos una buena relación”, recuerda Raphinha.

Hoy ya no se miran desde banquillos opuestos. Comparten objetivo, camiseta y presión. Brasil sueña con su sexto título mundial. Y Raphinha, tras un año de golpes y regresos, quiere que esta vez su nombre esté en el centro de la historia.