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El PSG enfrenta desafíos en el mercado de fichajes

Sesenta y siete días después de levantar su segunda Champions League, el regreso de Paris Saint-Germain al verde fue un baño de realidad. Derrota por 3-0 ante un Real Mallorca recién descendido a Segunda División. Un resultado duro, amistoso o no, que recordó a todos en París que la temporada pasada ya es historia.

Faltaban muchos internacionales, es cierto. Pero la sensación fue clara: la plantilla aún no está cerrada y el campeón de Europa sigue necesitando retoques. Y rápido.

Refuerzos en la puerta… pero sin firma

En el Parque de los Príncipes miran el calendario y el mercado al mismo tiempo. Lucas Digne y Magnes Akliouche ya llaman a la puerta del club, con acuerdos encaminados, pero sin anuncio oficial. Dos operaciones avanzadas que apuntan a dar fondo de armario y alternativas a Luis Enrique.

No son los únicos nombres sobre la mesa. El PSG también persigue a Zion Suzuki, guardameta del Parma, y a Mika Godts, talento del Ajax. Dos negociaciones complejas, llenas de matices, que siguen abiertas sin desenlace inmediato.

El mensaje es evidente: la dirección deportiva no se conforma con el bloque que acaba de conquistar Europa.

La sorpresa: Malo Gusto entra en escena

En Inglaterra, el diario “The Sun” ha destapado un objetivo inesperado: Malo Gusto. El lateral derecho de Chelsea, de 23 años y formado en la cantera del Olympique Lyonnais, se ha colado en la lista de deseos parisina.

Gusto llegó a Stamford Bridge en 2023 por 35 millones de euros. La última temporada firmó 49 partidos con Chelsea en todas las competiciones, con 3 goles y 5 asistencias, cifras sólidas para un defensor. Su progresión le llevó incluso a la convocatoria de Francia para el Mundial 2026, confirmando su estatus de lateral de élite emergente.

No solo el PSG le sigue. Manchester City, en plena búsqueda de un lateral derecho, también lo tenía en su agenda. Y en Londres no cierran la puerta a su salida.

Un precio que frena a cualquiera

El problema está donde casi siempre: en el coste. El valor de Malo Gusto se sitúa en 87 millones de euros. Una cifra que asusta incluso a clubes con músculo financiero como PSG o City.

Por talento y perfil, encaja. Por precio, el encaje se complica. Cuesta imaginar a Paris desembolsando semejante cantidad por una posición que no figuraba entre las prioridades del verano.

Según “The Sun”, en las oficinas del PSG se analiza con lupa la operación: rendimiento presente, techo futuro, impacto económico y encaje táctico. Luis Enrique, siempre exigente con sus laterales, habría dado su visto bueno a Gusto como alternativa a Achraf Hakimi. Un lateral profundo, agresivo, capaz de ofrecer recorrido y producción ofensiva similar a la del marroquí.

¿Necesidad real o lujo de mercado?

Y ahí aparece el matiz clave. El lateral derecho no estaba marcado en rojo en la lista de necesidades. No después del rendimiento de Warren Zaïre-Emery cuando le tocó cubrir la ausencia de Hakimi. El joven francés respondió con personalidad y nivel, ofreciendo una solución interna que calmó urgencias.

Por eso, la posible llegada de Gusto se mueve más en el terreno de la oportunidad que de la necesidad. Si el precio baja, el escenario cambia. Si se mantiene en torno a los 87 millones, la operación se antoja más un capricho de mercado que un movimiento lógico.

En Francia, nadie se atreve todavía a confirmar que el interés vaya a traducirse en oferta formal. El humo mediático existe, pero el fuego aún no se ve.

Chelsea abre la puerta

Lo que sí parece claro es la postura de Chelsea. El club londinense está dispuesto a escuchar propuestas por el lateral, más aún tras la llegada de Marco Balestra a los Blues, que refuerza la competencia en el costado derecho.

Con esa ventana entreabierta, el balón está ahora en el tejado del PSG. ¿Apostar fuerte por un lateral de presente y futuro, asumiendo un coste altísimo, o mantener la línea continuista con Hakimi y las soluciones internas?

En un verano en el que el campeón de Europa se reconstruye sin perder su estatus, la respuesta a esa pregunta dirá mucho de hasta qué punto París está dispuesto a gastar para seguir mandando en el continente.

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